Linares no es, por historia, ciudad de serpentina y papelillos. No tiene tanta tradición carnavalera de otros lugares de Andalucía, donde se vive prácticamente durante todo el año. Aquí cuesta que la gente se sume a la fiesta.
Sin embargo, este jueves por la noche en el Auditorio Municipal de El Pósito, algo cambió. El Carnaval de 2026 arrancó con la fuerza de quien reclama su lugar, y lo hizo de la mano de Manuel Jesús Maldonado, un pregonero que decidió que la mejor forma de hablar del futuro era, precisamente, viajar al pasado.
Bajo la máxima de que «no puedes cambiar el pasado, pero puedes aprender de él», Maldonado se presentó ante los linarenses envuelto en una estética steampunk, cargado de engranajes y relojes, como un guardián del tiempo que viene a recordarnos que la alegría es, también, una forma de memoria. En su atril, un ejemplar de «El Pregonero» y una saca de correos sugerían que las coplas no son más que cartas enviadas al corazón de un pueblo que, aunque tímido en estas lides, anoche llenó el patio de butacas.


Una noche de voces y compromiso
La velada no fue solo palabra. El escenario cobró vida con el color rojo vibrante de las agrupaciones locales. ‘Los 13’ y ‘Los Gorriones’ pusieron la nota de la tierra, demostrando que en Linares hay gargantas dispuestas a cantar las verdades que solo se permiten bajo el antifaz.
La presencia de la alcaldesa, Auxi del Olmo, y la concejal de Festejos, Susana Ferrer, subrayó el respaldo institucional a una fiesta que este año busca expandirse más allá de sus límites habituales.
El broche de oro lo puso la chirigota sevillana ‘To pa mí’, que trajo ese aroma de la capital hispalense para hermanar las provincias en una risa común. Fue el preludio perfecto para una programación que este año no se conforma con los escenarios cerrados.




Un Carnaval que busca la calle
A partir de ahora, la agenda es frenética. Tras el concurso en el Teatro Cervantes este viernes —cuya recaudación tiene el noble fin de la solidaridad—, la fiesta se trasladará al Mercado de Abastos y a los barrios. Linares quiere que el Carnaval se respire en el Pasaje del Comercio y en las sedes sociales, culminando con esa gran novedad: la carpa de la Plaza del Ayuntamiento.
Será allí donde, entre el 20 y el 22 de febrero, se libre la batalla final por consolidar esta tradición. Desde desfiles de barrios hasta el curioso «Velatorio de la Sardina», Linares se dispone a demostrar que, aunque no tenga una tradición centenaria de murgas, le sobran ganas de disfrazar su rutina de libertad. El tiempo, ese que anoche Maldonado manejaba entre sus dedos, dirá si este 2026 es el año en que la máscara terminó de conquistar la ciudad de las minas.
Fotos: Ayuntamiento de Linares