Linares, aquel 11 de septiembre

Veinticinco años después, personalidades de la vida pública linarense recuerdan cómo vivieron las horas que cambiaron el mundo

Por:Javier Esturillo
Atentados del 11S de 2001 en las Torres Gemelas. Foto: New York City Police

El primer impacto contra una de las Torres Gemelas tuvo lugar a las 8.46 (hora de Nueva York) de aquel 11 de septiembre de 2001. Diecisiete minutos después, otro avión se estrelló contra la segunda torre.

Las imágenes llegaron rápidamente a Europa y, a las 14.46 (hora peninsular española), millones de españoles contemplaron una escena que parecía imposible. Fuego, humo, carreras, personas atrapadas y una ciudad convertida en escenario de uno de los atentados que marcarían para siempre el comienzo del siglo XXI.

A más de 5.000 kilómetros de distancia, Linares seguía con su vida cotidiana. La Real Feria de San Agustín había terminado apenas diez días antes y septiembre había devuelto a la ciudad a su rutina. Nadie podía imaginar que aquella tarde también quedaría grabada en la memoria colectiva.

El recuerdo de Juan Fernández

Juan Fernández era entonces el alcalde de Linares. Llevaba poco más de dos años al frente del Ayuntamiento, después de arrebatarle la Alcaldía al popular Juan Bautista Lillo Gallego en las elecciones municipales de 1999.

Aquel 11 de septiembre tenía previsto viajar a Granada para participar en una reunión de la Caja General de Ahorros de Granada, conocida entonces como La General. Antes de salir de casa, puso la televisión mientras almorzaba. Fue entonces cuando comenzaron a aparecer las primeras imágenes desde Nueva York. «No me lo podía creer, parecía una película. Fue tremendo», recuerda el entonces regidor socialista.

Fernández siguió la información durante el viaje a Granada a través de la radio. La dimensión de lo que estaba ocurriendo todavía resultaba difícil de asimilar. Por la magnitud de aquello, 25 años después el exalcalde hace hincapié en que «su dimensión es para que no se olvide nunca».

«Parecía imposible»

Otro de los linarenses que recuerda con nitidez aquellas primeras horas es Raúl Caro-Accino, actual primer teniente de alcalde por el Partido Popular. En septiembre de 2001 llevaba un año como gerente de la Cámara de Comercio e Industria de Linares.

Aquel día llegó a casa apenas cinco minutos antes de que Matías Prats conectara con el corresponsal de Antena 3 en Nueva York. Se sentó delante del televisor y permaneció allí durante horas. Vio cómo los aviones impactaban contra las Torres Gemelas y cómo, poco después, ambas construcciones terminaban desplomándose.

No salió de casa hasta pasadas las cinco de la tarde. Cogió la bicicleta con un amigo y, como era inevitable, los atentados ocuparon buena parte de la conversación. «Estaba en shock. No me lo podía creer. Fue escalofriante. Atacaron al país más poderoso del mundo y lo estábamos viendo en directo», recuerda Caro-Accino.

Más de dos décadas después, considera que aquella jornada marcó un antes y un después. «A partir de ese día, el mundo cambió. La seguridad se incrementó en los aeropuertos y todavía vivimos las consecuencias de aquellos atentados. Se nota, por ejemplo, en el aumento de la ciberseguridad y en las restricciones a la hora de viajar», señala.

Un Linares en proceso de cambio

La ciudad que recibió aquellas imágenes poco tenía que ver con la actual. En 2001, Linares conservaba todavía buena parte de su identidad industrial, aunque las señales de agotamiento del modelo ya eran evidentes.

Santana Motor seguía siendo uno de los grandes referentes económicos de la ciudad. La fábrica, que durante décadas había dado empleo a miles de linarenses, atravesaba una etapa complicada. El sector industrial había perdido buena parte del peso que tuvo durante la época de mayor actividad minera y la automoción tampoco vivía sus mejores años.

Linares tenía entonces 57.578 habitantes -más o menos la misma de ahora-, según el censo de 2001, y ya había comenzado a perder población. El paro también era uno de los grandes problemas de la ciudad. Los servicios, especialmente el comercio, habían ganado terreno como principal fuente de empleo mientras la industria dejaba de ocupar el lugar que había tenido durante generaciones.

Y había otra diferencia que hoy cuesta imaginar: todavía se pagaba en pesetas. El euro no llegaría físicamente hasta unos meses después, en enero de 2002. Internet empezaba a entrar en los hogares y el teléfono móvil todavía no formaba parte de la vida cotidiana como ahora.

Las redes sociales, los teléfonos inteligentes y las aplicaciones de mensajería quedaban todavía muy lejos. La información viajaba a otro ritmo y aquella tarde la televisión y la radio fueron las ventanas desde las que Linares siguió lo que estaba sucediendo al otro lado del Atlántico.

Ese era el Linares de aquel 11 de septiembre. Una ciudad que afrontaba sus propios problemas, con Santana todavía como referencia industrial y Juan Fernández al frente del Ayuntamiento, sin saber que aquel martes de septiembre iba a quedar para siempre en la memoria de toda una generación.

El 11 de septiembre terminó siendo mucho más que una fecha en el calendario. Para quienes lo vivieron delante de un televisor o escuchando la radio camino de Granada, también fue el día en que el mundo conocido empezó a cambiar.

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