José Antonio González Beltrán, Aouita, quiso que el homenaje por sus cuarenta años en el atletismo tuviera un sentido especial. Este sábado, en el salón de actos de El Pósito, no fue a hablar de sus marcas ni a repasar la lista de sus títulos. Reunió a las personas que le han acompañado desde que empezó a correr y les entregó una placa para agradecerles su apoyo. Porque en su historia, como recordó durante el acto, la familia, la amistad y la ayuda de los demás siempre han ocupado un lugar importante.
Organizado por sus familiares, el encuentro reunió a representantes municipales, deportistas, asociaciones, colectivos y medios de comunicación. Entre los reconocidos estuvieron las asociaciones Amigos del Sáhara Libre de Linares, Corazones Rosas y 28 de Febrero, el Ayuntamiento, la Policía Local, su actual club y distintos medios de comunicación. En total, 25 reconocimientos.
Su sobrina Raquel González condujo un acto que contó con la proyección de un vídeo y la participación de varios familiares. Aouita repasó su vida desde la infancia y habló de valores que han acompañado su trayectoria dentro y fuera de las pistas: la humildad, la amistad, la solidaridad y la importancia de no caminar solo.

Nacido en Linares en 1972, sufrió una poliomielitis que le dejó una hemiparesia en todo el lado izquierdo del cuerpo. El deporte fue abriéndole un camino propio. Con esfuerzo, años de entrenamiento y una voluntad que no ha perdido con el tiempo, llegó a competir en unos Juegos Paralímpicos, a conquistar títulos nacionales y a firmar resultados que lo han situado entre los referentes del atletismo adaptado.
En Sídney 2000 obtuvo un diploma paralímpico en los 1.500 metros. También ha conseguido el récord del mundo paralímpico de media maratón. A sus 54 años continúa compitiendo frente a atletas mucho más jóvenes y compagina los entrenamientos con su actividad como conferenciante. Cuatro décadas después de sus primeros pasos, sigue encontrando motivos para ponerse un dorsal.
Pero el sábado, al repasar su existencia, hubo un momento en el que las medallas quedaron en un segundo plano. Fue cuando habló de su madre.
La carrera que no quería correr sin ella
Su madre falleció este año, diez días antes del Campeonato de España de atletismo para personas con discapacidad celebrado en Fuenlabrada, entre el 26 y el 28 de junio. Había sido uno de sus grandes apoyos desde que comenzó a correr. Estuvo en los primeros pasos de una trayectoria que acabaría llevándolo a competir en escenarios que entonces quedaban muy lejos.
Su muerte llegó cuando tenía por delante una nueva cita deportiva. Aouita no encontraba fuerzas para afrontar el campeonato. El dolor le había quitado las ganas de competir y llegó a plantearse no acudir. Después de tantos años de esfuerzo, de tantas carreras y de tantos retos superados, aquella vez no tenía claro que pudiera ponerse de nuevo en la línea de salida. Al final decidió viajar a Fuenlabrada. Pensó que su madre habría querido que compitiera.
No debió de ser fácil ponerse de nuevo las zapatillas, concentrarse y prepararse para correr cuando el dolor todavía estaba tan cerca. Aouita estuvo a punto de renunciar. Le faltaban las fuerzas y el ánimo, pero encontró un motivo para seguir adelante. Participó en el campeonato y terminó proclamándose campeón de España con su equipo, el Club Atletismo Paralímpico Javi Conde.
El resultado fue una victoria deportiva. Lo que tuvo que hacer para llegar hasta ella fue algo mucho más personal. Había perdido a su madre apenas diez días antes y tuvo que afrontar una competición en la que el recuerdo de tantos años de apoyo seguía presente. No podía compartir con ella aquel triunfo como habría deseado. Pero siguió adelante. «Ha sido una de las carreras más duras de mi vida», reconoció después.
En esa frase cabe mucho más que el esfuerzo de un atleta. Está el dolor de un hijo que acaba de perder a su madre y que, aun así, encuentra fuerzas para hacer aquello que ha marcado su vida. Ella ya no estaba para verlo competir, pero el recuerdo de lo que había significado para él le acompañó hasta la pista.
Juani y quienes nunca dejaron de acompañarlo
Aouita también tuvo palabras para su mujer, Juani Campos, a quien conoce desde la adolescencia y a la que definió como un soporte vital. Su presencia a lo largo de tantos años forma parte de esa historia que no se cuenta con tiempos ni con medallas. La de compartir los días buenos y los malos, las alegrías de las victorias y las dificultades que llegan cuando el cuerpo o la vida ponen las cosas cuesta arriba.
La familia quiso que el homenaje sirviera para agradecer todo ese acompañamiento. También el de las personas y entidades que han estado cerca del atleta durante su trayectoria.
Entre los asistentes se encontraban dos nombres destacados del deporte paralímpico español. Ángel Marín ganó cinco medallas en los Juegos de Seúl 1988 (Seúl) y 1992 (Barcelona), mientras que el vizcaíno Javier Conde, una de las grandes figuras del atletismo adaptado español y amigo personal del linarense, logró cuatro oros en Barcelona 92 y estableció récords del mundo en distintas pruebas.
El club atletismo paralímpico que lleva el nombre de atleta vasco, al que pertenece Aouita, estuvo presente en el acto. Una representación que recordaba hasta qué punto el atletismo es también una cuestión de compañerismo, de apoyo mutuo y de personas que comparten mucho más que una competición.
Una trayectoria que también mira a los demás
El compromiso de Aouita no termina en las pistas. Su vinculación con las causas solidarias forma parte de su vida, especialmente a través de la Asociación Amigos del Sáhara Libre de Linares, con la que colabora en la organización de su carrera solidaria. También participa en otras iniciativas benéficas.
Esa faceta estuvo presente en el homenaje celebrado en su ciudad natal. Las placas que entregó reconocían la ayuda recibida, pero también el valor de las relaciones que se mantienen con el paso de los años. Aouita quiso dedicar una parte de la celebración a quienes han contribuido a que su trayectoria sea mucho más que una sucesión de resultados deportivos.
A sus 54 años sigue entrenando, compitiendo y compartiendo su experiencia con otras personas. Su historia está hecha de obstáculos que ha tenido que aprender a superar, de objetivos alcanzados y de pérdidas que ninguna victoria puede compensar. También de quienes han estado a su lado desde el principio.
Este sábado, en El Pósito, quiso detenerse un momento para reconocer a quienes han recorrido buena parte del camino con él. Después de cuarenta años de atletismo, fue su manera de devolver una parte del cariño recibido y de mostrar su gratitud. Aouita ha pasado de mito al leyenda del deporte linarense.