En pleno casco antiguo de Linares se alza el Palacio de los Zambrana, una de las construcciones renacentistas más valiosas de la provincia de Jaén que, sin embargo, arrastra décadas de abandono y debate sobre su futuro.
Lo que debería ser un orgullo arquitectónico para la ciudad se ha convertido, por la falta de mantenimiento, en un preocupante catálogo de patologías constructivas que desfiguran su fachada de sillería de arenisca y ponen en serio riesgo su valiosa herencia heráldica.
Humedades
A simple vista el inmueble revela un avance alarmante de humedades capilares y filtraciones que ya dibujan extensas manchas oscuras sobre los sillares. Esta acumulación de agua ha facilitado una colonización biológica agresiva: verdín y líquenes se han adueñado del dintel de la puerta principal y de las cornisas, penetrando en las juntas de la piedra y acelerando su disgregación. La arenisca, material noble pero poroso, sufre un proceso de descamación que borra literalmente la historia de la ciudad grabada en sus muros.
Especialmente preocupante es el estado de los dos escudos nobiliarios que custodian el acceso. La erosión ha redondeado sus aristas y difuminado sus relieves en los últimos años, borrando la nitidez que permitía leer con claridad el linaje de los Zambrana. A esta degradación se suma el abandono de los elementos complementarios: carpinterías con vidrios fracturados y una forja, devorada por la oxidación, que ha perdido la prestancia de antaño.

Levantado en la primera mitad del siglo XVI, este edificio manierista se distingue por su fachada de sillería dividida en dos cuerpos, rematada con un torreón de reminiscencias castellanas y embellecida con los escudos heráldicos de las familias Zambrana, Olid, Dávalos y Rivera.
A lo largo de los siglos, el palacio ha tenido múltiples destinos: además de su función original como residencia nobiliaria, ha servido como casa rural, cuartel de infantería, asilo de ancianos y primera Escuela Industrial de la ciudad.
Catalogado como inmueble protegido en la década de 1990, su historia reciente está marcada por la falta de uso y un deterioro progresivo que ha sido objeto de atención pública y política local. Aunque administraciones municipales y autonómicas lo han incluido en agendas de conservación y rehabilitación, el edificio permanece cerrado, sin una utilidad asignada y en un estado que preocupa a historiadores y vecinos.

Degradación evitable
No se trata de un envejecimiento natural, sino de una degradación evitable que revela un desinterés manifiesto por el patrimonio local. Mientras las administraciones miran hacia otro lado, el Palacio de Zambrana se desvanece en silencio, transformando su robustez renacentista en una ruina técnica que podría alcanzar pronto un punto de no retorno.
Proyectos y propuestas de futuro han ido y venido: desde convertirlo en un espacio cultural con salas de exposiciones y servicios sociales hasta albergar organismos municipales, pero ninguno ha cristalizado en una intervención definitiva.
El Palacio de los Zambrana sigue siendo, a la vez, un símbolo del esplendor histórico de Linares y un recordatorio del desafío que plantea preservar el patrimonio frente al olvido en el siglo XXI.