A unas células del sistema inmunitario cuyo oficio natural es calmar al propio organismo cuando se pasa de revoluciones, la investigadora linarense Inmaculada Carrasco Brocal les ha instalado «una especie de doble GPS». Es su manera de explicar, sin tecnicismos, el trabajo que acaba de valerle el premio a la mejor comunicación oral del LXVIII Congreso Anual de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), celebrado en Bilbao.
El estudio, titulado «Desarrollo de CAR-T reguladores de 4.ª generación para el tratamiento de la enfermedad injerto contra receptor», fue reconocido como el mejor del congreso. Forma parte de la destacada participación de la Unidad de Hematología del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, que presentó en la capital vizcaína un total de trece comunicaciones orales.
«Me hizo mucha ilusión y fue muy gratificante», resume Carrasco, que enseguida reparte el mérito. «Es una investigación en la que hay mucho trabajo detrás, no solo mío, sino de todo el equipo», subraya. Para ella, el premio es sobre todo una motivación para seguir avanzando.
La enfermedad injerto contra receptor es, explica, la complicación más frecuente y grave que puede aparecer tras un trasplante de médula ósea. Los tratamientos actuales no funcionan en todos los pacientes y, en un porcentaje importante, la enfermedad no responde o acaba dejando de responder. De ahí la necesidad de nuevas alternativas.
Su propuesta parte de los linfocitos T reguladores, un tipo de célula inmunitaria cuya función natural es frenar las respuestas excesivas del sistema inmunitario. El grupo los modifica genéticamente con dos componentes, ese «doble GPS», para que se dirijan específicamente al intestino, uno de los principales órganos afectados por la enfermedad y donde se produce una inflamación importante. La idea es que, una vez allí, ayuden a controlarla y eviten el daño que provoca.
Conviene precisar en qué punto está el trabajo. Es investigación de laboratorio. Carrasco indica que su prioridad ahora es completar los experimentos, en concreto los modelos de la enfermedad en ratones, para obtener resultados, publicar el artículo científico y cerrar la tesis. A medio y largo plazo, el objetivo del grupo sería plantear un ensayo clínico para evaluar la posible aplicación de esta estrategia no solo en la enfermedad injerto contra receptor, sino también en otras patologías con afectación del tubo digestivo, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa.

La investigadora es de Linares y sitúa sus raíces en la calle Pintor el Greco, cerca del Hospital Universitario San Agustín. Estudió en el colegio Jaén y en el IES Cástulo, y su único reconocimiento anterior, recuerda, fue una Matrícula de Honor en Bachillerato.
En segundo de Bachillerato tuvo que decidir entre Medicina y Biomedicina, y lo tuvo bastante claro. Siempre le había llamado la atención entender por qué se producen las enfermedades y qué ocurre en ellas a nivel celular y molecular. «No quería limitarme a conocer cómo se diagnostican o cómo se tratan las patologías, sino entender qué hay detrás de ellas», cuenta a El Nuevo Observador.
Cursó Biomedicina Básica y Experimental en la Universidad de Sevilla, entre 2018 y 2022, y el máster en Investigación Biomédica en el curso 2023-2024. Ahora termina su tercer año en el doctorado en Biología Molecular, Biomedicina e Investigación Clínica, en la misma universidad. Trabaja en el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), en el grupo «Terapia celular y nuevas dianas terapéuticas en onco-hematología», que dirige el doctor José Antonio Pérez Simón, también jefe del Servicio de Hematología del Virgen del Rocío. Esa vinculación permite combinar la investigación preclínica con la práctica clínica.
Llegó a ese laboratorio en noviembre de 2021 como estudiante de prácticas, gracias a una beca de la Asociación Española Contra el Cáncer. Allí hizo su trabajo de fin de grado experimental y descubrió que quería seguir. Eligió la hematología por la investigación traslacional, la que permite ver cómo algo que nace en el laboratorio puede acabar convertido en tratamiento, y las terapias CAR-T, que modifican genéticamente las células del sistema inmunitario para dirigirlas contra el tumor, la fascinaron.
Precisamente en un ensayo clínico del Virgen del Rocío ha vivido lo que considera lo más bonito de su profesión. Participó en un estudio con una terapia celular desarrollada y fabricada en su propio laboratorio, distinta de la que investiga en su tesis, y vio, según relata, cómo ese medicamento curaba a pacientes con neoplasias hematológicas. «En esos momentos te das cuenta de que todo el esfuerzo merece la pena», afirma.
También habla de lo más duro. Describe una profesión muy necesaria para el avance de la medicina y del conocimiento, pero que, a su juicio, aún necesita más reconocimiento, estabilidad e inversión en España. Señala la competitividad, la exigencia de ser evaluada una y otra vez para acceder a contratos de duración limitada y la dificultad para conseguir financiación. Por eso quiso añadir algo que nadie le había preguntado. «Invertir en ciencia es invertir en salud y en el futuro de todos», defiende.
A los jóvenes de Linares que sueñen con la medicina o con la ciencia les recomienda que persigan lo que de verdad les guste y que no se pongan límites. Les advierte de que la investigación exige esfuerzo, paciencia y vocación, y de que los resultados tardan en llegar. «Que aproveche las oportunidades, que no tenga miedo a salir y conocer otros lugares», dice, «pero que nunca olvide de dónde viene».
Ella misma mantiene ese vínculo con Linares a través de su familia y procura visitar la ciudad siempre que puede. Asimismo, intenta coincidir en las fiestas con sus amigos de la infancia y del instituto, aunque la mayoría ya vive fuera.