Durante unas horas, las rejas quedaron atrás. Ocho internos del centro penitenciario Jaén II recorrieron las calles de Linares, compartieron mesa, visitaron algunos de los espacios más emblemáticos de la ciudad y volvieron a conectar con una realidad cotidiana que para muchos permanece suspendida durante años.
La experiencia tuvo lugar hace un par de semanas y fue impulsada por la Real Hermandad y Cofradía Trinitaria de Nuestro Padre Jesús del Rescate y María Santísima de los Dolores, en colaboración con la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Jaén. Más allá de una simple salida autorizada, la iniciativa buscó favorecer la integración social de los participantes a través del conocimiento del patrimonio local, la convivencia y el fortalecimiento de los vínculos con su entorno.
Jornada muy especial
La jornada arrancó en la Casa de Hermandad del Rescate con un desayuno compartido entre los internos, voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y miembros de la junta de gobierno de la corporación. Desde allí comenzó un itinerario diseñado para acercar a los participantes a la historia y la identidad de Linares.
La primera parada fue la casa museo de Andrés Segovia. Los asistentes conocieron la trayectoria del guitarrista universal nacido en la ciudad y visitaron la cripta donde reposan sus restos. El recorrido continuó después hacia el Centro de Interpretación de la Minería, uno de los espacios que mejor explican el pasado de una localidad marcada durante décadas por la actividad extractiva.
Con la colaboración de técnicos municipales y de un representante del Proyecto Arrayanes, los participantes profundizaron en la evolución de la minería linarense, su impacto económico y social, así como en la estrecha relación histórica que mantiene con el yacimiento arqueológico de Cástulo.
La dimensión más simbólica y espiritual del encuentro llegó en el Santuario de la Virgen de Linarejos. Allí fueron recibidos por responsables de la cofradía de la patrona, que les explicaron la tradición del voto de la ciudad y el arraigo que la devoción mantiene entre generaciones de linarenses.
Tras compartir el almuerzo en la sede de la hermandad organizadora, el grupo realizó una última visita a la Basílica de Santa María para contemplar las imágenes titulares del Rescate antes de emprender el regreso al centro penitenciario.


Una historia ligada a la redención de cautivos
La actividad no es un gesto aislado. Forma parte de una larga relación entre la hermandad linarense y el ámbito penitenciario, una vinculación que hunde sus raíces en el carisma de la Orden Trinitaria, históricamente dedicada a la redención de cautivos.
La cofradía del Rescate comparte con la de Nuestro Padre Jesús El Rico, de Málaga, por ejemplo, una de las tradiciones más antiguas de España relacionadas con la concesión de indultos a reclusos. No en vano, la liberación de un preso ya aparecía recogida en los estatutos fundacionales de la hermandad linarense en 1897, apenas dos décadas después de que quedara incorporada a las normas de la corporación malagueña.
Esta cofradía forma parte de la Confraternidad de Hermandades Trinitarias, vinculadas a una orden que entre sus principios tiene la redención de cautivos, origen de una tradición que se mantuvo durante décadas y que fue recuperada en 2012 tras permanecer interrumpida durante 45 años.
El procedimiento para la concesión de estos indultos no depende directamente de la hermandad. Cada año, la corporación eleva una solicitud al Ministerio de Justicia, que estudia el expediente y lo traslada al Consejo de Ministros. Si el Gobierno aprueba la medida de gracia, el beneficiario —habitualmente un penado primario— obtiene la libertad coincidiendo con la procesión de Semana Santa.
Mirando más allá del permiso penitenciario
La experiencia del pasado mes de mayo también ha abierto una reflexión sobre la situación de los reclusos procedentes de Linares. Durante la valoración posterior de la actividad, los organizadores estimaron que alrededor del 20 % de los internos de Jaén II tienen origen en la ciudad minera.
Ante esa realidad, la hermandad estudia ahora la puesta en marcha de un proyecto social de largo recorrido que permita acompañar a las familias de los reclusos y facilitar su reinserción una vez cumplidas las condenas.
La iniciativa pretende ir más allá de los gestos simbólicos y ofrecer herramientas reales para favorecer una segunda oportunidad laboral y social. Un objetivo que conecta con la esencia histórica de la corporación: tender puentes entre quienes buscan volver a empezar y una sociedad dispuesta a abrirles la puerta.
Fotos: Diócesis de Jaén