Linares convierte el entierro de la sardina en una celebración masiva de tradición y barrio

La ciudad vive una clausura multitudinaria del Carnaval 2026 donde la sátira y la convivencia marcan el ritmo de la fiesta

Por:Javier Esturillo
Pasacalles del entierro de la sardina. Foto: Ayuntamiento de Linares

Linares volvió a demostrar que su corazón late con más fuerza cuando la creatividad nace de sus calles. El cierre del Carnaval de 2026 no fue una simple despedida, sino una explosión de identidad local donde los barrios tomaron el testigo para elevar la fiesta a una categoría superior.

Desde los rincones de La Vega de Santa María hasta la histórica Estación de Almería, la ciudad se convirtió en un gran escenario de convivencia y sátira, dejando claro que esta fiesta tiene cuerda para rato gracias a su base vecinal.

La implicación de barriadas como La Andaluza, Las Américas, Arrayanes, Santa Ana o Los Sauces sostuvo un programa que devolvió el pulso del carnaval a su raíz popular. Las calles de Linares y la carpa municipal, instalada en la Plaza del Ayuntamiento, se llenaron de ingenio con disfraces colectivos que demostraron que la imaginación no tiene techo: guiños a clásicos infantiles y trajes elaborados con mimo que arrancaron sonrisas y aplausos.

Las agrupaciones volvieron a exhibir su músculo creativo con letras afiladas y lecturas certeras de la actualidad local. Entre la ironía y la crítica, las coplillas retrataron una ciudad que no renuncia a reírse de sí misma. El carnaval linarense mostró así una salud envidiable, sostenida por esa base vecinal que cada año engrandece la fiesta.

El broche final lo puso el tradicional entierro de la sardina, que recorrió las principales arterias en medio de un luto tan riguroso como festivo en un día más primaveral que invernal. Viudas desconsoladas, marineros de agua dulce y cortejos cargados de humor acompañaron a la protagonista hasta su simbólico final. Entre llantos fingidos y carcajadas reales, el fuego consumió la sardina en una escena que fue más celebración que despedida.

Con ese ritual se cerró una edición que muchos ya califican de histórica por su participación y cercanía. Linares guardó la máscara, pero no la energía. El eco de las coplas y el color desplegado por los barrios permanecerán en la memoria colectiva hasta que el calendario vuelva a anunciar la llegada del dios Momo y la ciudad, una vez más, decida echarse a la calle.

Fotos: Los Sauces, Las Américas, La Andaluza, Estación de Almería, Santa Ana y Ayuntamiento de Linares
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