Acudir al Estadio de Linarejos a presenciar un partido de fútbol comienza a ser un riesgo para los aficionados. Lo poco que queda de graderío está en pésimas condiciones de mantenimiento. La Policía Nacional desalojó por precaución el lateral de Tribuna Baja que pega al fondo del marcador durante el partido frente al Almería B, lo que provocó el lógico enfado del público y retrasó el inicio de la segunda mitad.
El problema no solo está en esa zona del campo, sino en lo poco que queda en pie debido a las obras de remodelación del campo, que están paralizadas y no se retomarán hasta que se adjudiquen de nuevo.
Manuel es aficionado azulillo desde los años 70. Dice que siente «vergüenza» de pisar Linarejos en estas condiciones. «Hay domingos que me lo pienso dos veces antes de salir de casa. El sentimiento tira más, pero la situación que vivimos en el campo es tercermundista», denuncia.
Su opinión es compartida por la mayoría de seguidores del club minero. «Es una auténtica vergüenza. No solo tenemos que soportar los engaños de las obras, sino que, además, ni siquiera tiene la decencia el Ayuntamiento de mantener la poca grada que queda», censura Javier, un hincha que reside en Córdoba.

La realidad habla por sí sola: asientos deteriorados, escalones con el hormigón resquebrajado, zonas acordonadas con cinta de seguridad y una evidente falta de conservación.
Esta situación no solo afecta a la comodidad del espectador, sino que genera preocupación por la seguridad, obligando a clausurar tramos concretos y reduciendo el aforo disponible.
La afición azulilla, siempre fiel y comprometida, muestra su creciente malestar ante lo que considera un abandono progresivo de una instalación histórica. Linarejos es mucho más que un estadio: es un símbolo de identidad para la ciudad y su equipo, y su estado actual no está a la altura ni del club ni de su hinchada.
Los seguidores reclaman soluciones urgentes y un plan de actuación claro que garantice unas gradas dignas y seguras. Mientras tanto, la imagen que ofrece Linarejos sigue siendo una herida abierta que alimenta la sensación de desatención municipal y el desencanto de una afición que nunca falla.
