Un hombre de la casa para capear la crisis en el Linares

Javier Vallejo asume la presencia del consejo de administración de un club irregular en su desempeño deportivo y financiero debido a una gestión fallida

Por:Javier Esturillo
Luis Vera dialoga con Auxi del Olmo en presencia de Javier Vallejo, Raúl Caro-Accino y Martín de la Torre. Foto: Ayuntamiento de Linares

Hay muchas formas de conducir a un club histórico hacia el abismo. Algunas son rápidas y traumáticas; otras, más silenciosas, se ejecutan despacho a despacho, balance a balance, fichaje a fichaje.

El Linares, uno de los grandes nombres del fútbol andaluz, se encuentra hoy atrapado en crisis institucionaliza, prolongada en el tiempo por un gestión fallida que arrastra desde la presidencia de Jesús Medina, figura clave en la conversión en Sociedad Anónima Deportiva (SAD) para maquillar el destrozo económico que causó al club. De aquellos barros estos lodos.

La dimisión de Luis Vera, por la imposibilidad de plasmar su modelo de club basado en el producto de la tierra, es un episodio más del ‘gran pufo’ en el que se ha convertido el Linares. Su economía sigue en números rojos y depende en buena medida del dinero público que llegue desde el Ayuntamiento, como contraprestación a los graves desequilibrios presupuestarios que está causando el caos de la remodelación de Linarejos.

Y mientras las cuentas tiran a duras penas, en lo deportivo el Linares vive otra realidad decepcionante. Cristian Sanz, responsable del área deportiva, ha construido una plantilla con un nivel competitivo más que cuestionable, debido a una planificación chapucera -caso Peter Chikola- y una política de fichajes propia de un club improvisado e interesado.

Para capear todo este temporal, se ha elegido a un hombre de la casa, Javier Vallejo, ligado al Linares desde hace más de una década, donde ha desempeñado todo tipo de puestos. Encargado del departamento de Relaciones Institucionales y presidente de la Fundación, ahora asciende hasta el máximo cargo del consejo. El problema es saber si tendrá mando en plaza o simplemente será el rostro de la entidad en los palcos.

Hoy, todo hace indicar que el poder absoluto del club seguirá en manos del director general Carlos Hita, con la misión de poner orden, exigir rigor contable y evitar quiebras, siembre bajo las órdenes de una propiedad que no pisa la ciudad, no concede entrevistas y ni siquiera se le pone cara. El Linares parece poco más que una molestia lejana.

Mientras todo esto sucede, queda pendiente la resolución judicial sobre el paquete accionarial. Miguel Hoyo confía en que los tribunales le den la razón y pueda llevar a cabo un proyecto de raíces cien por cien linarenses y con capacidad económica y financiera suficiente para afrontar un futuro con cierto optimismo.

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