El silencio previo a la cata sabe a vértigo. En el Instituto Heliópolis de Sevilla donde se decidió el destino del servicio de sala andaluz, las copas permanecían alineadas como un ejército transparente bajo aromas suspendidos en el aire.
Ante un jurado que no perdona el más leve titubeo, donde cada gesto cuenta y cada palabra pesa, un nombre con acento jienense rompió la solemnidad para reclamar su sitio en la historia. Antonio José Cristofani Marín, conocido por todos como ‘Che’, criado entre los raíles y los horizontes abiertos de la Estación Linares-Baeza, se coronó como el Mejor Sumiller de Andalucía, elevando a su pueblo y a su provincia hasta la cúspide de la excelencia.
Responsable de sala del restaurante Cantina La Estación, en Úbeda, Che se impuso en una de las competiciones más exigentes del calendario profesional. Su victoria no fue fruto del azar, sino de una solvencia técnica demoledora en pruebas que rozaron lo místico y lo científico.
En la semifinal, la cata a ciegas le obligó a descifrar la complejidad de productos tan dispares como una kombucha de jengibre, el carácter de un blanco de la Sierra de Málaga o la solidaridad embotellada de un tinto cordobés. Incluso en el terreno del análisis sensorial de aceites vírgenes extra y destilados como el Scotch Whisky, su paladar no halló fisuras.

La gran final fue un despliegue de maestría internacional para los dieciséis aspirantes al título procedentes de Jaén, Granada, Málaga, Córdoba y Sevilla. Nombres propios de establecimientos de la talla de Abantal, Coya Marbella o Sr. Cangrejo.
Cristofani se enfrentó a siete productos excepcionales que trazaban un mapa del mundo en la copa: desde la elegancia del Champagne Gran Cru y la delicadeza de un Sake japonés, hasta la estructura de un Dolcetto d’Alba italiano o la exclusividad de un Ron Matusalén de edición limitada. En un alarde de profesionalidad, el sumiller de la Estación Linares-Baeza no solo identificó estas joyas, sino que las defendió en lengua extranjera, demostrando que el dominio del escenario requiere tanto de técnica como de oratoria.
Las pruebas sorpresa terminaron de cribar a los maestros de los aficionados. Identificar defectos como el picado acético en vinos inoculados, reconocer etiquetas borradas en milésimas de segundo o diferenciar en una cata a ciegas de agua la pureza de una fuente italiana frente al agua del grifo, requiere un nervio de acero. Cristofani demostró ese factor invisible: la gestión emocional ante situaciones reales de servicio, superando con elegancia las mesas de decantación, maridaje y venta.

Esta trayectoria de éxito nace de la identidad y la pertenencia. Formado en la Escuela de Hostelería La Laguna de Baeza, comparte vida y proyecto en Cantina La Estación con la chef Montse de la Torre. Juntos han construido un refugio gastronómico que es un homenaje a sus raíces ferroviarias, diseñado como un vagón de tren que viaja por los sabores de la tierra. Este triunfo personal es, para la Asociación de Sumilleres de Jaén, el reflejo de una provincia que ha decidido tomarse en serio el talento, situando el servicio de sala al mismo nivel de prestigio que los fogones.
El éxito en Sevilla es solo una parada antes del gran destino. Como flamante campeón autonómico, Cristofani será el representante de Andalucía en el Campeonato Nacional de Sumilleres, que se celebrará el próximo 15 de abril en el Salón del Gourmet de Madrid. Allí, en el escaparate más importante del sector, la Estación Linares-Baeza volverá a estar presente en cada copa, recordándonos que la excelencia no es un golpe de suerte, sino la suma de disciplina y pasión por el detalle.
Fotos: Vinetur