El fútbol tiene esa capacidad de cambiar el relato en apenas unos segundos. El Linares acarició una victoria que parecía ya escrita en Linarejos, pero un tanto del Real Jaén en el último suspiro transformó la celebración en silencio y dejó un empate que supo a poco en el bando azulillo.
Miguel de la Fuente no ocultó la sensación agridulce tras el encuentro. El técnico del Linares reconoció que el partido fue equilibrado y que el empate podría entenderse como un resultado justo, pero lamentó profundamente la forma en la que se escaparon los tres puntos. “Es un punto que nos deja un sabor de boca amargo por la forma”, resumió el entrenador tras el pitido final.
El planteamiento del Linares, sin embargo, había funcionado durante prácticamente todo el encuentro. El equipo supo incomodar al Real Jaén, cerró espacios y sostuvo el pulso competitivo del derbi con orden y carácter. De la Fuente consideró que el guion estaba claro desde el principio: quien golpeara primero tendría buena parte del trabajo hecho.
El Linares lo había logrado. Y durante muchos minutos dio la sensación de tener el partido controlado. Pero el fútbol castiga los descuidos y, en apenas una acción, todo cambió.
El entrenador azulillo explicó que el problema no estuvo únicamente en la jugada final, sino en lo ocurrido instantes antes. El equipo tuvo opciones para sentenciar al contragolpe o, al menos, para alejar el balón del área y jugar los últimos segundos en campo contrario. Esa falta de gestión en los compases finales fue, a su juicio, la clave del desenlace.
“Nos ha faltado experiencia en ese momento. Teníamos que haber sido más inteligentes”, admitió. El tanto encajado llegó en un balón frontal que parecía controlable, pero que terminó convirtiéndose en el golpe definitivo para un Linares que ya se veía celebrando el triunfo.
Más allá de la frustración, el técnico quiso poner el foco en el camino del equipo. El empate mantiene la dinámica positiva y permite seguir sumando en el objetivo marcado por el vestuario: alcanzar cuanto antes los 45 puntos que aseguren la permanencia con tranquilidad.
El golpe emocional, no obstante, fue evidente. De la Fuente reconoció que el vestuario terminó el partido con la sensación de haber dejado escapar algo importante. No tanto por los puntos, sino por el valor simbólico de un derbi y por la posibilidad de regalarle la victoria a la afición.
Y es que el ambiente en Linarejos fue uno de los grandes protagonistas de la jornada. El recibimiento al equipo azulillo antes del encuentro marcó el tono de una tarde en la que la ciudad volvió a mostrar su vínculo con el club.
El entrenador no escondió su emoción por vivir su primer derbi en casa. “El sentimiento de pertenencia que hay en esta ciudad es envidiable”, afirmó, agradecido por el apoyo constante de la grada.
Con el derbi ya en el pasado, el Linares apenas tendrá tiempo para lamerse las heridas. El equipo volverá a competir en Linarejos este mismo miércoles frente a La Unión Atlético, un nuevo reto en el que intentará transformar la frustración del último minuto en energía para seguir creciendo.
Además, los resultados del fin de semana han dejado al cuadro linarense en una posición inmejorable para meter pie y medio en la permanencia si este miércoles (16.30 horas) saca adelante el partido aplazado. Su rival perdió en el campo del Estepona (3-2) que parece aferrarse a la salvación. Por el contrario, el Puente Genil cayó derrotado en Águilas (3-1), al igual que el Xerez DCF en el Artes Carrasco de Lorca, mientras que el Melilla no pasó del empate en casa frente al Antoniano. Así las cosas, una victoria este miércoles dejaría al Linares a un paso de la permanencia.