El Linares atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente, marcada por una bicefalia de poder que separa la propiedad real de la gestión operativa. Tras la convulsa salida de la presidencia de Luis Vera el pasado mes de febrero, la entidad azulilla ha quedado bajo el control administrativo de un bloque empresarial foráneo, mientras los tribunales terminan de definir quién ostenta legítimamente la mayoría del capital social.
El núcleo de poder que hoy dirige los destinos de la Sociedad Anónima Deportiva (SAD) reside en el consejo de administración, donde predominan perfiles vinculados a dos grupos empresariales con sede en Córdoba: Rasher y Siroco Group. Estos consejeros desembarcaron en el Estadio Municipal de Linarejos en 2024 avalados por el expresidente Jesús Medina, consolidando una estructura directiva que encabeza, en la actualidad, Javier Vallejo Mena en la presidencia y Carlos Hita en la dirección general.
El esquema institucional que ilustra la composición del órgano de gobierno, la firma Rasher —una consultoría global con intereses en mercados tan diversos como los seguros— cuenta con tres figuras de peso en la toma de decisiones: su CEO, Gabriel Raya Seco de Herrera; el socio director, Ignacio Sánchez-Moreno Álvarez; y el director de cuentas, David Martínez Almansa.
A este bloque se suma David Valle Fernández, consejero delegado de Siroco Group, cuya compañía gestiona una vasta explotación olivarera entre Sevilla y Portugal. Valle Fernández no solo aporta gestión, sino también músculo accionarial a través de la sociedad Ops Spain Consumer Goods, que posee el 13,3 por ciento de los títulos de la entidad.
Sin embargo, esta hegemonía en el palco de autoridades contrasta con la realidad registral y judicial que emana de las últimas sentencias. La sociedad Pop Hellanes SL, propiedad del empresario linarense Miguel Hoyo Nájera, ha sido ratificada por la justicia como la máxima accionista de la SAD. Con un paquete que supera el 18 por ciento de los títulos, Hoyo Nájera se mantiene, paradójicamente, fuera de un consejo de administración que está en manos de los directivos cordobeses.
Esta situación de interinidad, donde quienes poseen la mayoría del capital no ejercen el mando directo y quienes gestionan carecen de la propiedad mayoritaria, define el presente de un Linares que busca estabilidad en los despachos mientras la afición y la propia ciudad aguarda el desenlace definitivo de una pugna accionarial que marcará el futuro a largo plazo del club.
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