Álvaro Patón Cuevas aprendió a mirar Linares con una cámara y terminó consiguiendo que miles de personas la miraran con él. Sus vídeos han convertido calles, tradiciones, Semana Santa y escenas cotidianas en pequeñas historias capaces de viajar mucho más lejos que la ciudad que las vio nacer.
Graduado en Educación Primaria por la Universidad de Granada, con especialización en lengua inglesa, comenzó su trayectoria docente en Tenerife y, con el tiempo, ha desarrollado una carrera vinculada a la comunicación digital, las redes sociales y la divulgación, sin abandonar su relación con el ámbito educativo.
Ahora le toca hacerlo sin pantalla de por medio. El próximo 27 de agosto, este joven linarense será la voz que anuncie desde el balcón del Ayuntamiento el comienzo de la Feria de San Agustín 2026.
El niño que un día vivió la feria entre luces, música, familia y amigos será quien, años después, mire hacia abajo y encuentre a toda una ciudad delante. El creador de contenido, con miles de seguidores en redes sociales, asume un momento especial con la ilusión de la infancia.
Antes de ese momento, Álvaro Patón habla de Linares, de sus recuerdos, de sus publicaciones y de lo que significa tener la responsabilidad de poner palabras a una de las noches más esperadas del calendario festivo linarense.
—¿Qué fue lo primero que pensó cuando le comunicaron que iba a ser el pregonero de la Feria de San Agustín?
—Pues lo primero fue un poco de incredulidad. Pensé: “¿Yo, de verdad?”. Porque al final yo soy un chaval normal de Linares, que ha crecido aquí, que ha vivido la feria desde pequeño y que ha pasado cientos de veces por delante de ese Ayuntamiento sin imaginarse que algún día iba a estar en ese balcón dando el pregón.
Y después de la sorpresa, sentí muchísimo orgullo. Porque para mí no es un evento más ni una colaboración más. Es mi ciudad. Es la feria que llevo viendo desde niño y poder ser yo quien este año dé el pistoletazo de salida es algo que todavía me cuesta asimilar.
—¿Qué significa para usted que Linares haya pensado en su figura para anunciar una de sus grandes celebraciones?
—Significa muchísimo. Probablemente sea una de las cosas más bonitas que me han pasado. Yo siempre he intentado llevar el nombre de Linares conmigo. Muchas veces casi sin pensarlo, porque cuando quieres a tu ciudad te sale hablar de ella. Y que ahora sea mi propia ciudad la que me diga: «Queremos que seas tú quien anuncie nuestra feria», pues imagínate.
Además, cuando piensas en la cantidad de personas importantes que ha dado Linares, gente como Raphael, Carmen Linares, Andrés Segovia… para mí compartir de alguna manera el nombre de mi ciudad con figuras así es una barbaridad.
Yo soy simplemente Álvaro, un chaval de Linares que empezó haciendo vídeos y que quiere mucho a su tierra. Por eso tiene todavía más valor.
—Usted está acostumbrado a hablar ante miles de personas a través de las redes sociales. ¿Impone más una cámara o un balcón del Ayuntamiento de Linares con toda una ciudad delante?
—El balcón. Sin ninguna duda. Pero muchísimo más. Una cámara, al final, la enciendes, estás tú solo, te equivocas, paras y vuelves a empezar. El día 27 voy a mirar hacia delante y voy a tener a mi familia, a mis amigos, a gente que me conoce desde pequeño y a muchísimos linarenses mirándome. Y encima estás hablando de su ciudad, que también es la tuya. Ahí sí hay responsabilidad.
Creo que justo antes de salir al balcón voy a estar bastante nervioso. Luego espero mirar a la gente, empezar a hablar y disfrutarlo, porque sé que va a pasar muy rápido.
—¿Qué recuerdos guarda de la Feria de San Agustín de cuando era niño? ¿Hay alguna imagen, sonido o momento que conserve especialmente?
—Tengo muchísimos recuerdos. Para mí, agosto en Linares siempre ha significado que se acercaba la feria. Es una sensación que hemos tenido todos los que hemos crecido aquí.
Recuerdo especialmente la ilusión de esos días, estar con los amigos, con la familia, el ambiente de la ciudad, las luces, el ruido, la música… Esa sensación de saber que Linares estaba de feria.
Y ahora pienso en ese Álvaro pequeño viviendo todo aquello y me parece una locura imaginar que años después va a ser él quien salga al balcón del Ayuntamiento para anunciar que empieza la Feria de San Agustín.

—¿Qué tiene Linares que hace que, pese a vivir fuera, siga teniendo un peso tan importante en sus contenidos y en su manera de comunicar?
—Porque Linares es mi casa. Y eso no cambia porque vivas en Madrid o estés viajando. De hecho, creo que cuando te vas empiezas a valorar cosas que antes veías como normales. Cuando vives aquí tienes ciertas cosas delante todos los días y quizá no eres consciente de lo especiales que son.
Ahora vuelvo y veo Linares de otra manera. Valoro muchísimo nuestras tradiciones, nuestra Semana Santa, nuestra feria, nuestra forma de hablar, nuestra gente y hasta esas pequeñas cosas que solamente entendemos los que somos de aquí.
Y, además, siempre he pensado una cosa: si tengo una ventana desde la que me ven tantas personas, ¿por qué no utilizarla también para enseñar de dónde vengo?
—Sus vídeos han conseguido que muchas personas de fuera conozcan Linares. ¿Qué siente cuando alguien le dice que ha descubierto la ciudad gracias a uno de sus vídeos?
—Eso me hace muchísima ilusión. Porque las visitas están muy bien y los números en redes también, pero que una persona de Barcelona, Madrid, Valencia o de cualquier otro lugar te diga: «He visto tu vídeo y quiero conocer Linares». Para mí tiene muchísimo más valor.
Significa que no solamente has hecho un vídeo que ha funcionado, sino que has conseguido despertar curiosidad por tu tierra.
Y si una pequeña parte de la gente que me sigue conoce Linares, viene, consume aquí, conoce nuestra Semana Santa o vive nuestra feria gracias a algo que yo he publicado, para mí es un orgullo.
El vídeo que realizó sobre la Semana Santa de Linares se convirtió en todo un fenómeno viral. ¿En qué momento se dio cuenta de que había ocurrido algo especial con aquel vídeo?
—Cuando empecé a ver que el vídeo estaba saliendo completamente fuera de mi comunidad habitual. No era solamente gente de Linares compartiéndolo porque reconocía los sitios o porque le hacía ilusión ver su Semana Santa. Empezó a llegar a personas de fuera que me decían que no conocían nuestra Semana Santa, que no imaginaban que se viviera así o que les habían entrado ganas de venir.
Ahí pensé: «Vale, aquí ha pasado algo». Y creo que también nos sirvió para darnos cuenta de que muchas veces tenemos cosas increíbles delante y somos nosotros mismos los primeros que tenemos que aprender a enseñarlas.
—¿Qué cree que tuvo aquel vídeo para conectar de esa manera con personas que ni siquiera conocían la Semana Santa de Linares?
—Creo que fue muy real. No intenté vender una ciudad perfecta ni hacer un anuncio turístico. Simplemente intenté enseñar lo que sentimos los que somos de aquí cuando llega Semana Santa.
Y cuando cuentas algo desde el sentimiento, la persona que está al otro lado no necesita haber nacido en Linares para entenderlo.
Puede que no conozca una calle, una imagen o una tradición concreta, pero entiende perfectamente lo que significa sentir orgullo por el lugar del que vienes. Creo que ahí estuvo gran parte de la conexión.
—Las tradiciones y las costumbres de Linares tienen un protagonismo importante en sus contenidos. ¿Qué cree que podemos enseñar fuera de nuestras fronteras que todavía no hemos sabido contar suficientemente bien?
—Muchísimo. Tenemos una historia increíble, tenemos cultura, gastronomía, música, Semana Santa, feria, patrimonio y, sobre todo, tenemos historias humanas que muchas veces no contamos. Linares ha dado nombres conocidos prácticamente en todo el mundo y tenemos una identidad muy fuerte.
Además, este año se cumplen 150 años desde que Linares recibió el título de ciudad. Son 150 años de historia como ciudad y creo que también es un momento precioso para mirar hacia atrás, valorar todo lo que hemos sido y preguntarnos qué Linares queremos enseñar a partir de ahora.
Creo que nos falta creérnoslo un poquito más y, sobre todo, aprender a contarlo con los formatos con los que hoy la gente descubre lugares.

—¿Cómo se cuenta Linares sin caer en los tópicos y consiguiendo que alguien que nunca ha estado aquí quiera conocerla?
—Contando historias. Creo que hoy no sirve simplemente decir: «Ven a Linares porque tenemos esto, esto y esto». Hay que hacer que la persona que está viendo un vídeo sienta algo.
Enseñarle quién está detrás de un negocio de toda la vida, contarle una tradición, enseñarle cómo se vive un día importante aquí, hablar con nuestros mayores, escuchar las historias de la gente joven…
Yo creo muchísimo en enseñar una ciudad a través de las personas que viven en ella. Porque, al final, los edificios los puedes encontrar en Google, pero la esencia de un sitio solamente te la puede contar su gente.
—Usted vive actualmente en Madrid. ¿Qué ve ahora en Linares desde la distancia que quizá no veía cuando vivía aquí?
—Valoro muchísimo más lo cotidiano. Cuando estás fuera echas de menos cosas que cuando vivías aquí ni siquiera pensabas que ibas a echar de menos.
Volver, ver a tu familia, encontrarte con alguien conocido por la calle, escuchar nuestra forma de hablar, pasar por lugares en los que has vivido cosas desde pequeño…
Y también te das cuenta de que Linares tiene muchísimo potencial. Cuando conoces otras ciudades inevitablemente comparas y piensas: «¿Por qué esto no podemos hacerlo nosotros?». Considero que irte también te permite volver con otras ideas y mirar tu ciudad con otros ojos.
—¿Qué cree que necesita Linares para proyectar mejor todo lo que tiene y conseguir que se hable más de la ciudad fuera de la provincia?
—Creo que necesitamos contar mejor lo que tenemos y confiar más en nosotros mismos. Durante muchos años se ha hablado de Linares por determinadas cosas y creo que tenemos que conseguir que también se hable de nosotros por nuestra cultura, por nuestra gente, por nuestros jóvenes, por nuestros proyectos y por todo lo bueno que ocurre aquí.
Y para eso también tenemos una herramienta enorme, que son las redes sociales. Hoy un vídeo grabado en Linares puede llegar en unas horas a millones de personas. Tenemos que aprovechar eso. Tenemos que conseguir que la gente vea algo de Linares y piense: «Quiero ir allí».
—Ya está preparando el pregón. ¿Qué quiere transmitir a los linarenses cuando se asome al balcón del Ayuntamiento el próximo 27 de agosto?
—Sobre todo quiero que durante ese rato sintamos orgullo de ser de Linares. No quiero salir simplemente a leer un discurso. Quiero mirar a la gente y sentir que estamos compartiendo algo juntos.
Quiero hablar del Linares en el que crecí, de las personas que forman parte de mi vida, de nuestras tradiciones, de nuestra forma de ser y también de todo lo que esta ciudad me ha enseñado.
Y quiero que sea un pregón para todas las edades. Para el niño que está abajo esperando que empiece la feria, para mis padres, para mis amigos, para la gente mayor que lleva toda una vida viviendo San Agustín y para el que quizá lleva años fuera y vuelve cada agosto. Ese momento no quiero que sea mío. Quiero que sea de Linares.
—¿Será un pregón más emocional, más divertido, más reivindicativo o habrá un poco de todo? ¿Qué peso tendrán sus propios recuerdos de Linares?
—Va a haber un poco de todo porque creo que yo también soy un poco así. Habrá momentos para emocionarnos, otros para reírnos y otros para pensar. Pero, sobre todo, quiero que sea muy mío y muy de Linares.
Mis recuerdos van a tener muchísimo peso porque no sabría hacerlo de otra manera. No quiero contar una historia de Linares que haya leído en algún sitio. Quiero contar mi Linares, el que yo he vivido.
Desde el niño que creció aquí hasta la persona que soy hoy. Mi familia, mis amigos, el colegio, las calles, la feria, nuestras tradiciones, las veces que me he ido y las veces que he vuelto. Creo que precisamente ahí está la parte bonita del pregón.
—Y una última, quizá más personal: si pudiera hablar durante un minuto con aquel Álvaro Patón niño que disfrutaba de la Feria de San Agustín, ¿qué le diría al contarle que años después sería él quien la anunciaría desde el balcón del Ayuntamiento?
—Creo que esta es la pregunta que más me cuesta responder sin emocionarme. Le diría que disfrutara muchísimo de todo. Que no tuviera tanta prisa por crecer. Que siguiera siendo ese niño sencillo de Linares, que disfrutara de su familia, de sus amigos y de cada feria porque algún día esos momentos iban a convertirse en recuerdos muy importantes.
Y seguramente no le diría directamente que iba a ser pregonero porque no se lo creería. Le diría simplemente: «Álvaro, sigue haciendo las cosas que te gustan, sigue queriendo a tu gente y nunca te olvides de dónde vienes».
Y después le diría que un 27 de agosto, muchos años después, iba a estar en ese balcón por el que había pasado tantas veces, mirando hacia abajo y viendo su ciudad delante. Pienso que ese niño estaría muy orgulloso. Y yo también lo estoy.
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