Álvaro Patón abre San Agustín 2026 mirando a la infancia y al futuro de Linares

El pregonero recupera sus recuerdos de aquellos días y reivindica el orgullo de una ciudad que, asegura, está recobrando la ilusión

Por:Javier Esturillo
Álvaro Patón pronuncia el pregón de la Feria de San Agustín desde el balcón del Ayuntamiento. Foto: Ayuntamiento de Linares

La Plaza del Ayuntamiento se llenó anoche de ambiente de feria para escuchar a Álvaro Patón, pregonero de la Feria de San Agustín 2026. Desde el atril, ante la Corporación Municipal y numerosos vecinos, repasó sus recuerdos de infancia, habló de la ciudad que lleva por bandera allá donde va y lanzó un mensaje de confianza en el futuro de Linares.

La única ausencia en el acto fue la de la portavoz de Izquierda Unida, Laura Cerezuela, que no acudió después de mostrar su desacuerdo con unas declaraciones y vídeos previos del pregonero sobre inmigración y otros asuntos. Tampoco asistió la concejal no adscrita, Josefa Pérez Jiménez, por razones que se desconocen.

Patón comenzó su pregón mirando hacia atrás. A aquellos años de infancia en los que esperaba con ilusión la llegada de la Feria para ir con sus primas, montarse en los cacharritos y disfrutar de unas fiestas que también marcaban el final del verano y la vuelta al colegio.

Recordó las discusiones familiares, siempre con cariño, para decidir qué vestido de gitana le quedaba mejor a su madre. «Mamá, todos te quedaban bien, no te preocupes», contó entre las risas del público.

También recuperó otros recuerdos ligados a aquellos días: los churros con chocolate, las tardes de feria y ese ritual previo que todavía conserva para muchos linarenses, salir de tapas por los bares de la ciudad con los amigos antes de poner rumbo al recinto ferial.

El pregonero durante su discurso.

«Las tapas, cómo se echan de menos cuando uno sale de aquí», señaló. La feria, explicó, ha cambiado de significado con los años. De niño era ilusión y también cierta nostalgia por el final del verano. Ahora representa, sobre todo, el reencuentro con los amigos y con las raíces.

El pregonero habló también de los conocidos «tardeos», de cambiarse después para volver a salir por la noche y de cómo el paso de los años hace que cada vez cueste un poco más mantener aquel ritmo.

Pero el discurso fue mucho más allá de los recuerdos personales. Patón aprovechó el pregón para agradecer a los linarenses que le siguen en redes sociales y que, según explicó, le hacen llegar mensajes de cariño cada vez que comparte algo relacionado con la ciudad.

«Intento llevar Linares por bandera allá donde vaya», afirmó. Una forma de mantener el vínculo con su tierra pese a vivir lejos y de mostrar sus costumbres, hablar de la ciudad y acercarla a quienes todavía no la conocen.

A partir de ahí, el pregonero quiso mirar hacia el presente y el futuro. Reconoció que Linares sigue teniendo problemas y que «quedan muchas cosas por hacer», pero defendió que también están ocurriendo cosas que permiten recuperar la ilusión.

El pregonero con la Corporación Municipal.

Mencionó el regreso del debate sobre la industria y Santana, la aparición de nuevos proyectos, la apertura de negocios y el esfuerzo de jóvenes que intentan emprender en la ciudad. También puso en valor a quienes decidieron quedarse y a quienes, como él, tuvieron que marcharse y ahora encuentran cada vez más motivos para regresar.

Patón reivindicó además algunos de los elementos que considera parte de la identidad de Linares: su Semana Santa, su historia, sus tierras, sus fiestas, su gastronomía y, especialmente, la cultura de la tapa.

Pero situó a las personas por encima de todo lo demás. Contó que este verano ha llevado a amigos a Linares para comer, cenar o conocer la ciudad y que muchos terminan destacando lo mismo: «Qué bien se come aquí». Después, añadió, llega otro comentario que para él tiene todavía más valor: «Qué buena gente hay en Linares».

Esa cercanía, esa costumbre de sentarse alrededor de una mesa y de recomendar lugares a quien viene de fuera son, a su juicio, parte de lo que hace especial a la ciudad.

«Quizá llevamos demasiados años escuchando lo malo de Linares», sostuvo. Frente a esa imagen, reclamó contar también todo lo bueno que tiene la ciudad y recuperar el orgullo por lo propio.

El futuro de los jóvenes ocupó otra parte importante de su discurso. Patón habló de quienes estudian y todavía no saben dónde estarán mañana y de aquellos que pueden llegar a pensar que para cumplir sus sueños tienen que marcharse de Linares.

Él mismo lo hizo. Irse, explicó, le permitió estudiar, trabajar, conocer lugares y personas y vivir experiencias que no habría imaginado. Pero también le enseñó que marcharse no significa dejar de pertenecer al lugar de origen.

Su deseo es que Linares sea una ciudad de la que los jóvenes puedan marcharse para conocer mundo, estudiar o trabajar, pero no porque sientan que aquí no tienen una oportunidad. Una ciudad a la que siempre puedan regresar y a la que también puedan llegar otras personas.

Y con esa idea encaró el final del pregón. Se puede viajar, estudiar, trabajar, conocer otros lugares y vivir a cientos de kilómetros, dijo. Pero hay algo que permanece: el lugar al que cada uno llama casa.

Para muchos, ese lugar seguirá siendo Linares. Patón quiso cerrar con un gesto para el recuerdo. Propuso a los asistentes grabar un vídeo desde la plaza para mostrar «cómo somos» y pidió que, cuando él gritara «Linares, bienvenido», el público respondiera «a nuestra feria».

La respuesta fue inmediata. «Linares, bienvenido». «¡A nuestra feria!». Después llegaron los aplausos y el cierre definitivo del pregón: «¡Viva Linares! ¡Y viva la feria!».

Fotos: Ayuntamiento de Linares
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