El Hospital de Día de Salud Mental del Hospital Universitario San Agustín de Linares ha utilizado este verano el cine como herramienta terapéutica para trabajar las emociones con sus pacientes. La experiencia, desarrollada en formato cinefórum, ha reunido a ocho participantes en un nuevo grupo en el que distintas escenas de películas han servido como punto de partida para hablar de sentimientos, experiencias personales y relaciones con los demás.
La iniciativa, coordinada por el psiquiatra de la Unidad de Gestión Clínica (UGC) de Salud Mental Fernando Vílchez, se ha desarrollado durante varias sesiones en las instalaciones del hospital de día. En cada una de ellas, el equipo profesional seleccionaba diferentes fragmentos y, a partir de lo visto, abría un diálogo entre los participantes.
Según explica Vílchez, es la primera vez que el hospital de día incorpora un grupo terapéutico con esta estructura. La propuesta busca utilizar el lenguaje audiovisual como una vía para abordar cuestiones que, en ocasiones, pueden resultar más difíciles de expresar directamente.
Las películas permiten introducir cierta distancia. Los participantes hablan primero de los personajes o de las situaciones que aparecen en pantalla y, desde ahí, pueden reconocer emociones, compartir puntos de vista o relacionar lo que están viendo con sus propias experiencias.
«Hablar primero de un personaje o de una escena facilita que cada participante pueda identificar aquello que le resuena y expresarlo cuando se siente preparado», señala el psiquiatra.
Durante las sesiones se han proyectado fragmentos de películas como ‘Troya’, ‘Pequeña Miss Sunshine’, ‘El solista’ y ‘El show de Truman’, entre otras. A partir de escenas concretas, el grupo ha trabajado la identificación y aceptación de las emociones, la empatía y la expresión de experiencias personales en un entorno compartido.
Entre los asuntos abordados han estado el peso de las etiquetas diagnósticas en la sociedad, la necesidad de sentirse querido, la soledad, el miedo y la autoestima, además de cuestiones relacionadas con las relaciones interpersonales.
Las sesiones se han concebido como un espacio de escucha en el que no existe una única interpretación de lo que aparece en pantalla. Cada participante puede aportar su propia lectura y decidir hasta dónde quiere profundizar en aquello que la película le provoca.
«El valor de la actividad no está únicamente en ver una película, sino en lo que ocurre después: escuchar otras perspectivas, encontrar palabras para determinadas emociones y descubrir que algunas experiencias pueden ser compartidas por otras personas», apunta Vílchez.
Concluido el ciclo, el equipo responsable realizará una valoración mediante entrevistas individuales con los participantes. El objetivo será conocer su experiencia y estudiar la posibilidad de ampliar la iniciativa y darle continuidad durante el próximo año.
La actividad se enmarca en el trabajo asistencial del Área de Gestión Sanitaria Norte de Jaén para incorporar propuestas terapéuticas grupales que favorezcan la expresión emocional, la participación y una atención centrada en las necesidades de cada persona.