La Feria de San Agustín ha echado el cierre y septiembre abre algo más que el último tramo del año. En el Ayuntamiento de Linares comienza el último curso político completo antes de las elecciones municipales del 23 de mayo de 2027. Quedan meses por delante, sí, pero el calendario empieza a apretar. Lo que hasta ahora podía presentarse como una promesa, un proyecto o una intención tendrá que empezar a parecerse a una realidad.
La fotografía de partida tiene una particularidad: el Partido Popular parece tener mucho más claro dónde quiere llegar que sus adversarios.
Auxi del Olmo no ha confirmado todavía oficialmente que volverá a encabezar la candidatura popular, aunque todo apunta a que será así. Si se cumple el guion, la alcaldesa buscará la reelección después de un mandato en el que ha disfrutado de una posición política especialmente cómoda y con una oposición que no ha conseguido poner en verdadero riesgo el control del Gobierno municipal. La gran incógnita está ahora en el otro lado.
Hasta comienzos del verano, el PSOE parecía tener resuelta su candidatura con Javier Perales. El secretario general de la Agrupación socialista y portavoz municipal había comenzado a construir su propio relato y a presentar una hoja de ruta con la que pretendía convencer a los linarenses de que estaba preparado para recuperar la Alcaldía. La aparición de Ana Cobo ha cambiado el escenario.
Los socialistas tendrán que pasar por unas primarias que nadie parecía necesitar y que llegan en un momento especialmente delicado. El problema no es únicamente decidir quién encabeza la lista. El verdadero riesgo es que la disputa por el liderazgo deje heridas difíciles de cerrar cuando empiece la campaña electoral. Y el PSOE no puede permitirse llegar a mayo de 2027 hablando de sí mismo.
Un Gobierno con mucho que enseñar y mucho que terminar
El Partido Popular afronta este último curso con una baza evidente: puede construir su campaña desde el Gobierno y enseñar una larga lista de actuaciones, proyectos y anuncios. La cuestión será determinar cuántos de ellos llegarán a las urnas convertidos en realidades que los ciudadanos puedan tocar. El Santana Tech Park es probablemente el mejor ejemplo.
La antigua Santana ha experimentado una transformación física importante y el recinto comienza a acoger nuevos proyectos empresariales. Desay SV y Santana Factory tienen prácticamente todo preparado para iniciar su actividad. El reto será que esas instalaciones no se queden en una sucesión de inauguraciones y fotografías, sino que terminen formando parte del tejido productivo de Linares, generando empleo y actividad económica.
También habrá que seguir de cerca a Escribano Mechanical & Engineering. Su implantación en la antigua nave de CAF ha despertado expectativas, aunque por ahora el movimiento visible en las instalaciones está lejos del que se percibe en otros espacios del antiguo complejo industrial.
El tiempo, en este caso, juega a favor y en contra. A favor, porque todavía quedan meses para que los proyectos maduren. En contra, porque mayo de 2027 llegará antes de que muchos de ellos hayan alcanzado su velocidad de crucero.
Algo parecido ocurre con el Estadio Municipal de Linarejos. La reforma del campo fue uno de los grandes argumentos de la candidatura de Auxi del Olmo en 2023. Más de dos años después de la colocación de la primera piedra, las obras avanzan con una lentitud que ha alimentado las críticas y que se ha visto acompañada de cambios y polémicas en torno a la dirección facultativa y la empresa constructora.
En la Plaza del Ayuntamiento confían en que el estadio pueda ofrecer antes de las elecciones una imagen suficientemente reconocible de lo que será el futuro Linarejos. Será una carrera contra el calendario.
Diez millones para llegar a tiempo
El Gobierno municipal también ha puesto sobre la mesa más de diez millones de euros procedentes del remanente para financiar nuevas actuaciones. Parte de ese dinero permitirá intervenir en espacios y equipamientos que llevan tiempo esperando una solución.
Aquí aparece otro de los grandes asuntos del último año de mandato: el estado cotidiano de la ciudad. Limpieza, mantenimiento urbano, parques, calles y barrios periféricos forman parte de esa política menos vistosa que una gran obra pero mucho más perceptible para quien vive en Linares. Y es precisamente ahí donde el equipo de Gobierno tendrá que demostrar que la transformación de la que habla también llega a las zonas más alejadas del centro.
Porque una campaña electoral no se juega únicamente en las instantáneas de las grandes inversiones. También en cómo está una calle, un parque, una acera o un barrio.
La alcaldesa tendrá, además, que responder a dos compromisos de carácter menos fotogénico pero políticamente relevantes: la prometida rebaja fiscal y el refuerzo de determinadas plantillas municipales. Policía Local y Bomberos necesitan nuevas incorporaciones y la capacidad del Ayuntamiento para mejorar sus servicios dependerá también de disponer de personal suficiente. Son asuntos que quizá no llenen un cartel electoral, pero sí forman parte de la conversación diaria de cualquier ciudad.
La oposición tiene que resolver primero sus propios problemas
Mientras el PP prepara el balance de gestión, la oposición llega al último curso obligada a reconstruir liderazgos. El PSOE parte de nueve concejales y afronta este mes de septiembre unas primarias que pueden marcar no solo quién será su candidato, sino el tono de los próximos meses.
Los socialistas han encontrado en los barrios, la limpieza, los servicios públicos, la gestión económica y los retrasos de determinados proyectos algunos de sus principales argumentos contra el Gobierno popular. La dificultad será convertir esa lista de reproches en algo más.
Para ganar una Alcaldía no basta con explicar por qué el rival gobierna mal. Hay que conseguir que el electorado imagine quién puede gobernar mejor y cómo. La vicepresidencia de Javier Perales en la Diputación es una baza que dejará alguna que otra sorpresa de una Administración cada vez más pegada a Linares, tal y como demandaban los propios linarenses.
Vox se encuentra ante un escenario diferente. Alberto Gragera aparece como el candidato mejor situado para continuar al frente de la lista electoral, respaldado por la dirección provincial y por una estrategia de oposición eminentemente local. Su gran decisión será determinar hasta dónde quiere diferenciarse del PP y cuánto espacio pretende disputar al Partido Popular.
Si el PP no alcanza la mayoría absoluta, Vox puede volver a desempeñar un papel determinante. Pero esa posibilidad plantea una pregunta incómoda para ambas formaciones: ¿cuánto puede crecer Vox sin quitarle votos al PP y cuánto puede crecer el PP sin necesitar a Vox?
La izquierda, ante el difícil reto de sumar
En Izquierda Unida también quedan decisiones importantes por tomar. Laura Cerezuela afronta el final de un ciclo político después de dos mandatos en el Ayuntamiento y habrá que comprobar cuál será su papel en 2027.
Pero el debate trasciende a IU. La irrupción de Adelante Andalucía y la posibilidad de nuevos actores añaden piezas a un tablero que puede fragmentarse todavía más. En este bloque, la aritmética será determinante.
La pregunta no será únicamente cuántos votos obtiene cada formación, sino cuántos son capaces de sumar. La izquierda necesitará encontrar una fórmula que permita concentrar el voto suficiente para competir por sillones en el salón de plenos. La división en varias candidaturas puede ofrecer a cada organización mayor visibilidad, pero también puede dificultar enormemente las opciones de un Gobierno de izquierdas. El precedente de 2023 está muy presente.
Lo que está en juego
Más allá de los nombres, 2027 pondrá sobre la mesa cuestiones que durante este mandato han quedado en segundo plano o no han avanzado al ritmo esperado.
La vivienda es una de ellas. También una política de movilidad que vaya más allá de la implantación de la Zona de Bajas Emisiones, cuya capacidad para transformar los desplazamientos por la ciudad ha sido limitada.
Está, además, el reto de hacer de Linares una ciudad más verde y cuidada. Los parques y las zonas verdes siguen presentando problemas de mantenimiento y su mejora tendrá una repercusión mucho más directa en la vida de los ciudadanos que muchas de las grandes operaciones anunciadas.
Y aparece un proyecto cuyo efecto será más a largo plazo: el nuevo Plan General de Ordenación Municipal (PGOM), el documento que deberá definir cómo crecerá Linares durante las próximas décadas. Es demasiado pronto para que pueda convertirse en un argumento electoral tangible, pero sus decisiones condicionarán buena parte del futuro de la ciudad.
Una carrera que acaba de empezar
El curso político que ahora comienza será, en realidad, un examen para todos. Para Auxi del Olmo, porque tendrá que demostrar que cuatro años de Gobierno (siete en total, teniendo en cuenta la coalición con Ciudadanos en el mandato anterior) pueden traducirse en un balance reconocible y no solo en una colección de anuncios, proyectos y fotografías.
Para el PSOE, porque tendrá que cerrar sus primarias sin dejar una herida abierta y construir una candidatura capaz de disputar el Gobierno.
Para Vox, porque deberá decidir si aspira a crecer como alternativa propia o a convertirse de nuevo en una pieza necesaria para la gobernabilidad de la ciudad.
Para IU y el resto de formaciones de la izquierda, porque tendrán que resolver si concurren separadas o encuentran una fórmula capaz de concentrar fuerzas.
Y para quienes están preparando nuevas candidaturas, porque tendrán que convencer a un electorado que no suele regalar oportunidades.
Quedan todavía meses. Pueden ocurrir muchas cosas. Proyectos que se aceleren, obras que se atasquen, candidatos que aparezcan, pactos que hoy parecen imposibles y movimientos que cambien por completo el panorama de la vida municipal.
Pero una cosa ya está clara. Linares ha entrado en el último curso político antes de las elecciones. Y a partir de ahora, cada obra, cada retraso, cada desliz y cada decisión contará.