El Ayuntamiento de Linares sabe, con datos en la mano, cuáles son algunos de los principales focos de palomas de la ciudad. Uno de ellos tiene nombre y dirección: el antiguo edificio de los Billares París, en la calle Corredera de San Marcos.
Dentro de este inmueble, la empresa contratada por el Consistorio ha instalado varias jaulas de captura. No es una elección al azar. El propio Ayuntamiento reconoce que la ubicación de estos dispositivos responde a un estudio técnico que cruza la presencia de palomas con las quejas vecinales acumuladas durante años. La Corredera de San Marcos entra de lleno en esa ecuación.
No es el único punto de la zona en el que se han colocado jaulas. También hay dispositivos de captura en la Casa de la Cultura, donde se encuentra la Biblioteca Municipal Juan Sánchez Caballero, en la parte alta de la Corredera de San Marcos. La presencia de estos dispositivos dibuja así una zona especialmente vigilada dentro del programa municipal de control de la población de palomas.
Los números ayudan a entender la dimensión del problema. Solo en 2025 se capturaron más de 1.000 ejemplares en el conjunto de la ciudad y el año anterior la cifra superó los 1.500. La empresa encargada, Adda Ops, mantiene un contrato con el Ayuntamiento desde 2024 para desarrollar un programa integral de control poblacional, el primero de estas características puesto en marcha en Linares. El dispositivo contempla doce jaulas repartidas por el municipio, visitas periódicas y un informe mensual al área de Salud y Consumo, que dirige el concejal Antonio Luis Hervás.
Un foco identificado, un problema pendiente
El Ayuntamiento ya ha explicado cuál es el objetivo de este programa: reducir los problemas que provocan las palomas, desde el deterioro de edificios y la obstrucción de desagües hasta los riesgos sanitarios asociados a su presencia. En un informe técnico, el propio Consistorio reconoce la necesidad de prevenir la proliferación de estas aves y señala los daños que pueden ocasionar tanto en el mobiliario urbano como en inmuebles.
Pero una cosa es controlar la población y otra actuar sobre el lugar en el que las palomas encuentran refugio. Ahí aparece el antiguo edificio de los Billares París, que ha sido cerrado en su totalidad con el fin de solucionar el problema dentro del inmueble. Lo que ha hecho el Consistorio es evitar que se convierta en un coladero con el sellado de las ventanas y las puertas.
La versión de la calle
Concha Hernández vive junto al edificio y lleva tiempo reclamando una solución. Ha presentado varios escritos en la Oficina de Atención a la Ciudadanía y asegura que las respuestas recibidas no han terminado de resolver el problema.
“El Ayuntamiento, después de varias quejas, nos manda escritos de soluciones, como poner jaulas, pero no vemos que se haga nada al respecto”, cuenta.
Su relato pone el foco en el estado del inmueble. Los pisos están cerrados, pero los huecos de ventanas y los cristales rotos permiten que las aves entren y salgan con facilidad. Dentro, según le han contado personas que han llegado a acceder al edificio, los excrementos se acumulan en grandes cantidades.
En la calle, mientras tanto, la limpieza apenas consigue contener la situación. Fregar las aceras y las puertas sirve durante unas horas. Después, el problema reaparece.
Salud y seguridad, dos problemas añadidos
Hernández insiste en que no se trata únicamente de una cuestión de suciedad o de imagen. En la zona viven niños y personas mayores y, según explica, existe preocupación por las condiciones del entorno.
A eso se añade el estado del propio inmueble. Los vecinos señalan toldos deteriorados, ventanas con cristales astillados y una cornisa cuyo estado genera inquietud por el riesgo de posibles desprendimientos.
El Ayuntamiento, por su parte, sostiene que actuar directamente sobre el edificio escapa a sus competencias al tratarse de un inmueble privado. Desde el Consistorio defienden el funcionamiento del programa de control de palomas y apuntan a una mejora de la situación general de la ciudad, aunque reconocen que la presencia de estas aves continúa siendo importante en determinados puntos.
La pieza que falta
El problema queda así reducido a una cuestión que va más allá de las jaulas. El Ayuntamiento ha colocado dispositivos de captura en distintos puntos de la zona, incluido el interior del antiguo edificio de los Billares París, pero los vecinos siguen señalando los huecos del inmueble como una de las principales vías de entrada de las aves.
Mientras esas entradas permanezcan abiertas, las capturas pueden reducir temporalmente la presencia de palomas, pero difícilmente acabarán con el foco.
Las jaulas están. Los datos también. Las quejas vecinales, además, llevan tiempo sobre la mesa. Lo que sigue pendiente es cerrar el círculo y actuar sobre el lugar que sirve de refugio y reproducción a las aves.