La luz cae sobre el escenario y Belén Turnes ya está cantando antes de pronunciar la primera palabra. Lo hace con la voz, pero también con los gestos, con la mirada y con una forma de habitar cada rincón del espacio que convierte sus conciertos en algo más que una sucesión de canciones.
La artista jiennense presenta este viernes 26 de junio su primer LP, ’27 años no es nada’, un trabajo que explora la memoria, las raíces y la extraña sensación de vivir el presente como si ya fuera un recuerdo.
Sus temas, cargados de alegría, nostalgia y también de desgarro, han encontrado un público fiel en todo el país gracias al impulso de las plataformas digitales. Allí, sus canciones han ido ganando espacio hasta situarla entre las propuestas emergentes más escuchadas de su generación.
Belén Turnes canta a los pequeños placeres y a las grandes decepciones de la existencia. Sus letras avanzan siguiendo una secuencia íntima y vital que conecta con experiencias universales: la infancia, la familia, el paso del tiempo, los lugares que nos construyen y las personas que permanecen en la memoria cuando todo lo demás cambia.

Universo propio
Nacida en Jaén en 1999, la artista ha ido construyendo poco a poco un universo propio donde conviven la palabra, la emoción y una marcada raíz andaluza. Su formación también explica parte de esa personalidad artística.
Estudió Arte Dramático con maestros como Cristina Rota, Pablo Messiez y Lluís Pasqual, una influencia que se percibe en la fuerza interpretativa que despliega sobre las tablas. A ello suma estudios de piano y canto jazz, ingredientes que han contribuido a moldear una propuesta difícil de encasillar.
El reconocimiento no tardó en llegar. En 2024 recibió el premio Jaenícolas en la categoría de Música, un galardón que confirmó la creciente atención que despierta su trabajo dentro y fuera de la provincia.
En ’27 años no es nada’, la cantante apuesta por una escritura melódica cercana al pop, aunque abierta a múltiples influencias. El piano y las guitarras sostienen buena parte del relato sonoro, acompañados por palmas, cajón, bajo, coros y una voz principal que ocupa el centro de la escena. Sin embargo, el disco evita las etiquetas rígidas. Entre sus canciones aparecen ecos flamencos, ritmos de cumbia y referencias musicales que amplían el paisaje sonoro sin perder coherencia.
La propia artista ha explicado que sus composiciones nacen de una necesidad de reconectar con aquello que permanece. “Hablan de conectar con los recuerdos, con la calma, con la ternura y con mis raíces”, ha señalado en más de una entrevista. En una época marcada por la sobreestimulación constante, Turnes reivindica precisamente esa ternura como refugio. Cuando busca serenidad, regresa a sus recuerdos, a los lugares y momentos que le permiten reconocerse de nuevo.
La literatura, la historia y la memoria ocupan un lugar esencial en ese proceso creativo. Por eso sus canciones funcionan como pequeñas escenas que mezclan emoción y relato, evocando imágenes que remiten tanto a la experiencia personal como a una memoria compartida.

Estrategia
El lanzamiento del álbum ha estado acompañado por una estrategia poco habitual. Desde el pasado 8 de marzo, Belén Turnes ha ido revelando el proyecto de manera gradual mediante la publicación periódica de sencillos. La primera parada fue ‘Paredes Blancas’. Dos semanas después llegó ‘París’. A partir de ahí, cada nuevo estreno se convirtió en una pieza más de un puzle que ahora encuentra su forma definitiva.
La cantante ha reforzado además la conexión con su comunidad a través de una dinámica constante de pre-save en Spotify y otras plataformas. Cada domingo, una nueva canción quedaba disponible para reserva anticipada, generando expectación y manteniendo un diálogo directo con quienes siguen su trayectoria. Junto a la música, compartía detalles del proceso creativo, historias personales y el trabajo de los profesionales que la acompañan, convirtiendo cada lanzamiento en una ventana abierta al interior del proyecto.
Ese carácter cercano y multidisciplinar ha marcado también su carrera. Interesada por la música de autor y por la búsqueda de nuevas formas de presentarla, Belén Turnes ha desarrollado distintas propuestas artísticas en escenarios de Jaén, explorando lenguajes que van más allá de la interpretación musical.
Ahora, con ’27 años no es nada’, abre definitivamente la puerta a su infancia, a su familia y a los recuerdos que han dado forma a su identidad. Un viaje íntimo convertido en canciones que invita al oyente a mirar hacia atrás para comprender mejor el presente. Porque, al fin y al cabo, la memoria no siempre vive en los álbumes de fotos. A veces también encuentra refugio en una melodía.