La rehabilitación del antiguo mercado de abastos de Linares empieza a tomar forma casi siete años después del derrumbe que lo dejó en ruinas. Aquel 11 de marzo de 2018, el fuerte temporal de viento y lluvia provocó el colapso parcial de uno de los edificios más emblemáticos del casco urbano, obligando a su cierre y abriendo un largo debate sobre su futuro.
El proyecto de recuperación plantea devolverle al mercado su volumen original y su presencia urbana, combinando respeto patrimonial y un lenguaje arquitectónico contemporáneo. La intervención se centra, en esta primera fase, en consolidar lo que aún permanece en pie, reconstruir las partes perdidas y cerrar la “cáscara exterior” del edificio, dejando preparado el espacio para usos futuros. El plazo de ejecución de las obras es de 26 meses.
Uno de los ejes de la intervención es la llamada anastilosis, una técnica de restauración que permite recomponer volúmenes desaparecidos a partir de la documentación original, diferenciando claramente lo histórico de lo nuevo. Así, los muros y cubiertas derrumbados se recuperarán con materiales neutros, como termoarcilla y ladrillo macizo, unidos a los restos originales mediante mortero de cal y una fina lámina de plomo que marcará, de forma visible, la frontera entre pasado y presente.
Esta distinción será clave en el resultado final. El edificio mostrará dos lecturas a la vez: la parte histórica, conservada y consolidada como una suerte de ruina idealizada, y la intervención contemporánea, sobria y sin ornamentos, que permitirá comprender la evolución del inmueble a lo largo del tiempo.

Fases
El proyecto, consultado por este periódico, prevé la reconstrucción fiel de las fachadas perdidas, especialmente la de la calle Velázquez, desaparecida por completo tras el derrumbe. Gracias a que se conserva la planimetría original y gran parte de la fachada de la calle Castelar, los huecos, arcos y proporciones podrán recuperarse con exactitud. Incluso se recolocarán en su emplazamiento original las claves de los arcos que fueron rescatadas tras el colapso y que permanecen custodiadas en un almacén municipal.
La cubierta volverá a ser a dos aguas, como la original, aunque ejecutada con hormigón blanco aligerado, impermeabilizado y con una imagen contemporánea. El objetivo es recuperar la silueta histórica del mercado sin caer en imitaciones falsas, estableciendo un diálogo honesto entre lo antiguo y lo nuevo.
Desde el punto de vista estructural, el edificio contará con una nueva estructura de hormigón armado, con pórticos, pilares y vigas que garantizarán su estabilidad. La cimentación se reforzará mediante micropilotes anclados en el estrato resistente del terreno, una actuación clave para asegurar la durabilidad de la rehabilitación.
El interior del mercado se concibe como un gran espacio diáfano, cubierto y abierto, a modo de plaza pública. Una idea que conecta directamente con su uso original, cuando el mercado funcionaba como un lugar de encuentro y actividad constante. No habrá cerramientos tradicionales en los huecos de fachada ni en los accesos, recuperando la idea inicial de un edificio ventilado, permeable y abierto a la ciudad, y evitando recreaciones históricas que no se corresponden con el diseño original.
Los andamios que actualmente envuelven a la antiguo plaza, visibles en las fachadas que aún se conservan en pie, tienen los días contados. Su retirada está prevista antes de que finalice el año, una vez concluyan los trabajos de consolidación estructural, lo que permitirá empezar a percibir la nueva imagen del edificio y marcará un punto de inflexión en el largo proceso de rehabilitación.



Usos
En cuanto a los usos, el proyecto apuesta por un espacio cultural y expositivo. En el interior se instalará un pabellón ligero para exposiciones y conferencias, mientras que la planta sótano, ya excavada, se reutilizará como sala de exposiciones permanentes accesible. Además, se creará un paseo elevado que permitirá al visitante recorrer el edificio desde otra cota y establecer una relación visual inédita entre el interior del mercado y su entorno urbano.
Con un presupuesto de tres millones de euros, está enmarcada en la Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (EDIL), el antiguo mercado de abastos aspira a convertirse en un elemento dinamizador del centro de Linares, recuperando su valor patrimonial y adaptándolo a las necesidades culturales y sociales del presente, sin borrar las huellas de su historia ni del derrumbe que marcó un antes y un después en su trayectoria. La idea es que este inmueble de estilo historicista con influencia mudéjar, diseñado y construido por el arquitecto municipal Francisco de Paula Casado y Gómez, entre 1903 y 1906, recupere su esplendor para la ciudad.
