De La Fernandina al grifo, así se controla el agua de Linares

Linaqua realiza 15.694 análisis al año para comprobar sus parámetros microbiológicos, químicos y organolépticos desde el agua bruta hasta los hogares de los linarenses

Por:Javier Esturillo
Infografía: El Nuevo Observador

El agua que sale del grifo en Linares no llega ahí por casualidad. Antes de caer en un vaso pasa por 15.694 análisis y controles a lo largo del año, según los datos que ha facilitado Linaqua a El Nuevo Observador. Un número que da una idea de hasta qué punto se vigila algo tan cotidiano como abrir el grifo.

Toda esa agua procede, en la actualidad, del embalse de La Fernandina. Desde allí viaja hasta la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP), donde se potabiliza y empieza la primera tanda de controles. Y ahí no acaba la cosa: la vigilancia sigue después, en la red de distribución y hasta dentro de las propias viviendas.

La base legal de todo este entramado está en la normativa europea, trasladada a España a través del Real Decreto 3/2023. Pero Linaqua no se queda solo en lo que exige la ley: añade por su cuenta comprobaciones adicionales, de carácter voluntario.

Los análisis de control y los completos

El grueso del seguimiento se reparte en dos tipos de análisis. Los de control son los más frecuentes: Linaqua hace 44 al año, repartidos en varios puntos de muestreo, y cada uno mide 12 parámetros. Ahí entran cosas tan básicas como el olor, el color, el sabor, la turbidez, el pH o la conductividad, junto con el aluminio y la posible presencia de bacterias como la E. coli.

Luego están los completos, más escasos pero mucho más exhaustivos. Se hacen ocho al año, en los mismos puntos que los de control, y cada uno revisa 99 parámetros: nitratos, trihalometanos, hierro, cloruros, sodio, alcalinidad, dureza y hasta restos de plaguicidas. Uno vigila lo esencial con frecuencia; el otro, de tarde en tarde, no deja nada fuera.

Una técnico realiza distintas pruebas al agua en el laboratorio. Foto: Linaqua

Inspecciones en instalaciones interiores

La vigilancia no se queda en la red general. Linaqua entra también en las instalaciones interiores de los particulares: 16 muestras al año, repartidas entre Linares y Estación Linares-Baeza, con 11 parámetros cada una.

Aquí el foco está en los metales —níquel, cobre, cromo, plomo— además de la conductividad, el pH y algunos indicadores microbiológicos. Tiene su lógica: es la única forma de saber cómo llega el agua de verdad al consumidor, después de recorrer las tuberías del propio edificio.

Cada semana, sin descanso

Además de esos análisis programados, hay un pulso semanal que no se detiene. A la salida de la ETAP se hace un control cada semana. El agua bruta, la que entra directamente del embalse antes de tratarse, también se revisa semanalmente. Y en las dos redes de distribución, la de Linares y la de Estación Linares-Baeza, se repite el mismo control, semana tras semana.

No es solo cuestión de laboratorio: es tener puesto el ojo, de forma constante, sobre cada tramo del recorrido. A eso se suma, cada seis meses, un análisis de caracterización centrado en la dureza del agua. Y el dato, para quien se lo pregunte al llenar la cafetera, es que en Linares la dureza es media-baja, así que no hay demasiada tendencia a las incrustaciones.

El cloro, vigilado hora a hora

Si hay un parámetro que no se pierde de vista ni un solo día, es el cloro. En la red de distribución se mide a diario. Pero durante el proceso de potabilización, dentro de la ETAP, el control es aún más estrecho: una medición cada dos horas, en las distintas fases del tratamiento.

Todo apunta al mismo objetivo, que los niveles se mantengan siempre dentro de lo establecido, tanto durante el proceso como en el agua que ya está lista para entrar en la red.

Si algo falla, hay un protocolo

Cada resultado se traslada al Sistema de Información Nacional de Agua de Consumo, el SINAC, la base de datos del Ministerio de Sanidad que reúne la calidad del agua de todos los municipios españoles. Así, lo que se analiza en Linares queda integrado en ese sistema de vigilancia sanitaria a nivel nacional.

Y si algún parámetro se sale de lo previsto, no se espera al siguiente ciclo de análisis: se activa un protocolo que avisa primero a las autoridades sanitarias y, cuando hace falta, también a la población.

Más barata que la embotellada

Hay un dato que Linaqua, empresa mixta encargada de gestionar el ciclo integral del agua de la ciudad minera, pone siempre sobre la mesa cuando se compara el grifo con la botella: el precio. En Linares, 1.000 litros de agua del grifo cuestan 1,89 euros, una cifra que ya incluye la recogida posterior y la depuración una vez usada.

Y hay más ventajas que no tienen que ver con el bolsillo. Beber del grifo evita cargar con botellas, ahorra viajes a la tienda y reduce el plástico que se genera con el agua embotellada.

Entre los análisis en la red, las comprobaciones dentro de las casas, el seguimiento del agua bruta y el control constante durante la potabilización, el agua que llega a los grifos de Linares queda vigilada en cada fase del camino, desde que sale del embalse hasta que llega a la cocina.

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