María Auxiliadora del Olmo Ruiz (Linares, 1966) es la primera alcaldesa en la historia de Linares. A falta de un año para completar su mandato, la regidora conversa con El Nuevo Observador sobre distintos asuntos de la ciudad, su trayectoria y los retos que aún tiene por delante, en un momento que ella vive con intensidad y sentido de responsabilidad.
Ahora también ha sumado una nueva encomienda a su ajetreada vida, la de presidenta local del Partido Popular. Bien es cierto que este menester es más sencillo en una formación sin ruido de sables, donde el agua baja mansa.
Asegura sentirse cómoda en su papel de servidora pública, aunque reconoce que en ocasiones echa de menos la docencia. De esa vocación parece nacer también su forma de entender la política: basada en la escucha, el diálogo y la búsqueda de acuerdos por encima de la confrontación. Esa manera de trabajar le ha permitido ganarse el respeto y la confianza de vecinos y colectivos de la ciudad.
Sostiene que para ejercer un buen liderazgo no es necesario elevar el tono ni entrar en el ataque permanente, sino que es posible hacerlo desde la empatía, una cualidad que dice practicar a diario. Madre de Fernando e Isabel, nadie discute su capacidad de trabajo ni su espíritu de sacrificio.
Se mueve en un equilibrio constante entre la gestión diaria y la visión de futuro, apoyada en una mezcla de intuición para entender lo global y sencillez para trasladarlo a lo concreto.
En este último tramo del mandato, es consciente de que se juega una parte importante de su legado, con proyectos de gran envergadura aún en marcha, como el renombrado Parque Científico Tecnológico del Transporte Santana o la reforma del Estadio Municipal de Linarejos.
—¿Cómo es un día normal en la vida de la alcaldesa de Linares?
—La verdad es que no tengo días normales. Desde que soy alcaldesa no los conozco. Son jornadas muy intensas en las que puedo dedicar muy poco tiempo a mi familia. No te diría las 24 horas, pero sí unas 18 al día están dedicadas al Ayuntamiento.
Incluso cuando estoy en casa, que son pocos momentos, el teléfono no para. Ya no solo por llamadas, también por WhatsApp. Mi número lo tiene mucha gente, porque ya lo tenía cuando era concejal, e intento atender a todo el mundo.
A veces me da apuro porque por la noche empiezo a bajar mensajes y descubro que alguien me escribió el día anterior y ni siquiera lo había visto. Me gusta responder siempre que puedo, pero hay ocasiones en las que simplemente no llego por falta de tiempo.
Además, no todos los mensajes son para pedir ayuda o plantear problemas. También recibo muchos mensajes positivos, de agradecimiento por alguna actuación o iniciativa. Hay de todo.
El otro día me marche del Ayuntamiento a las tres y media de la tarde, pero después tuve varios actos seguidos y terminé en la procesión de la Virgen de Linares. Ese es un día normal, sin viajes importantes ni acontecimientos extraordinarios. Por eso es complicado, aunque ahora mismo estoy bien adaptada a esta nueva vida y mi familia también lo está llevando bien. Lo que sí echo de menos son mis clases.
—Veo que echa de menos la docencia.
—Sí. Lo noto especialmente cuando participo en actividades con niños o cuando recibimos en el Ayuntamiento a colegios o grupos deportivos. Aunque era profesora de mayores, el contacto con los niños era muy importante para mí. Cuando hablo con ellos me involucro mucho y, al llegar a casa, me doy cuenta de que sigo echando de menos la docencia. Creo que esa vocación de servicio a los demás está muy relacionada con la política.
—¿Eso significa que se ve regresando a la enseñanza en algún momento?
—No tendría ningún problema en volver a la docencia. Estaría encantada. Pero creo que todo tiene su momento. Cuando llegue, si se dan las circunstancias y todavía tengo edad para ello, volveré.

—¿Duerme con el móvil cerca de usted?
—Sí, en la mesita de noche.
—¿El móvil oficial?
—Solo tengo un móvil. Mi número de toda la vida.
—¿Ha abandonado alguno alguna vez un grupo de WhatsApp?
—No. Tengo muchísimos grupos: del partido, de alcaldes, de alcaldes de municipios de más de 50.000 habitantes, de la provincia… También grupos de apoderados de campañas electorales. Cuando hay elecciones se crean muchos grupos nuevos.
También tengo el grupo de mis amigas de toda la vida y otro con amigos comunes de mi marido y míos, así como el grupo familiar de mi marido, mis hijos y yo; el de mi familia, los Del Olmo; y otro de la familia de mi madre. En total, tengo muchísimos grupos.
—Vaya jaleo. ¿Hay alguno que le resulte especialmente aburrido?
—No. Lo que me ocurre es que muchos grupos los tengo silenciados porque, si no, me volvería loca. A veces llego al final del día y tengo que leer todo lo que se ha hablado. Incluso pierdo el hilo de algunas conversaciones. En ocasiones me dicen: «Pero si eso ya lo pusimos en el grupo». Y yo tengo que reconocer que no lo he leído.
—¿Qué tal el del Partido Popular de Linares, ahora que es presidenta?
—No hemos tenido tiempo material para reorganizar todo porque enseguida llegaron las elecciones andaluzas y hemos estado volcados en ellas. Mi intención es reestructurar los grupos para que quien quiera participar pueda hacerlo y quien no quiera estar pueda salir sin problema. Se trata de organizarlos mejor.
—¿Y el grupo de portavoces municipales?
—Funciona bien. Lo utilizamos sobre todo para comunicar cuestiones importantes, aunque no es un grupo de uso diario. Lo usamos bastante, por ejemplo, durante los episodios de borrascas para informar de incidencias y de cómo evolucionaba la situación.
—¿Tiene una relación fluida con los portavoces de la oposición?
—Sí. Pueden contactar conmigo por teléfono, WhatsApp o personalmente cuando lo necesiten. Creo que tanto los portavoces como el resto de concejales de la oposición tienen la confianza suficiente para hablar con nosotros, trasladarnos inquietudes o pedir información.
En las comisiones y órganos de Gobierno, cuando surge alguna duda, intentamos resolverla o trasladarla al concejal correspondiente. Yo diría que existe una buena relación institucional. No es una relación diaria, pero saben que pueden contar conmigo cuando lo necesiten.
—Ya han pasado tres años de mandato.
—Han pasado muy rápido. Si me preguntas si han dado para mucho o para poco, depende de cómo se mire. Desde mi punto de vista han dado para trabajar muchísimo y para gestionar mucho. Cuando llegamos teníamos una serie de prioridades y creo que la mayoría se están cumpliendo razonablemente bien.
Eso sí, siempre quedan muchas cosas por hacer. Cuando uno llega al gobierno piensa que todo se puede hacer más rápido de lo que realmente permiten los procedimientos administrativos. Y eso muchas veces no depende del equipo de Gobierno, sino de trámites internos, de otras administraciones y de procesos burocráticos que pueden resultar desesperantes.
Nosotros hemos intentado reducir toda la burocracia posible desde el Ayuntamiento, pero nunca se consigue eliminar por completo, especialmente cuando intervienen otras administraciones.
Por eso soy muy prudente a la hora de anunciar proyectos con demasiada antelación. Muchas veces los retrasos se producen por causas ajenas a nosotros y, cuando algo se presenta demasiado pronto, luego hay que dar explicaciones constantemente sobre por qué no ha llegado todavía.
—¿Ha ocurrido eso con la remodelación del Estadio de Linarejos?
—En el caso de Linarejos había unos plazos establecidos que debíamos cumplir. Sacamos la licitación y tuvimos muy mala suerte con la empresa adjudicataria. Mantuvimos numerosas reuniones con la empresa, tanto aquí como fuera de Linares, incluso en Madrid. Siempre nos trasladaban que todo iba según lo previsto y que no debíamos preocuparnos.
Intentamos ser pacientes y comprender las dificultades que nos planteaban, pero llegó un momento, después del verano pasado, en que vimos que las explicaciones ya no se sostenían. No diría que nos engañaron, pero sí que no nos contaron toda la realidad o que la obra terminó superándoles.
Esa falta de claridad fue lo que acabó perjudicando el proyecto y provocando más retrasos. Finalmente tomamos la decisión de rescindir el contrato porque nuestro objetivo siempre ha sido que Linarejos salga adelante.
—Los aficionados siguen preocupados por los plazos.
—Es normal. Por eso quiero mantener una reunión con la nueva empresa adjudicataria para que explique públicamente el nuevo cronograma de actuaciones.
La empresa nos ha trasladado que hay elementos estructurales que deben fabricarse fuera y que requieren varios meses de producción. También están realizando nuevas mediciones y comprobaciones técnicas para garantizar que todo se haga correctamente. Yo confío en esta nueva empresa porque ya conocemos otros proyectos que ha ejecutado con éxito en Linares.
Lo importante es que el estadio se haga bien. Después de lo ocurrido, todos queremos que el resultado final sea el adecuado y que no aparezcan problemas en el futuro. El calendario inicial ya no es viable y ahora hablamos de 2028. Lo que queremos es ofrecer información clara y transparente para que los aficionados sepan exactamente cuál es la situación.
—Más allá de Linarejos, ¿qué ocurre con la futura Ciudad Deportiva?
—Es un proyecto muy importante para Linares. Ahora mismo estamos inmersos en todo el proceso de expropiaciones y acuerdos con los propietarios de los terrenos.
Hasta que no tengamos definido el suelo disponible no podremos concretar el proyecto definitivo. Eso no significa que abandonemos las instalaciones deportivas actuales. Al contrario. Estamos invirtiendo en ellas porque muchas presentan un estado de obsolescencia importante.
Por ejemplo, el pabellón Julián Jiménez arrastra problemas desde hace años. También estamos actuando en el complejo Mariano de la Paz, donde se están renovando pistas y mejorando espacios deportivos. Nuestro objetivo es avanzar en paralelo: mantener las instalaciones actuales y preparar la futura Ciudad Deportiva.

—¿Se ha sentido respaldada por la Diputación de Jaén durante estos años?
—Sinceramente, no. No hablo de personas concretas ni de diputados individuales, sino de la institución. Como ciudad, Linares se ha sentido en muchas ocasiones ninguneada. Y eso es lo que más me duele, porque no afecta a la alcaldesa, sino a los linarenses.
La relación técnica ha seguido funcionando y se han desarrollado proyectos conjuntos, pero la relación institucional ha sido escasa. Por ejemplo, cuando llegué a la Alcaldía no recibí una visita institucional del presidente de la Diputación para abordar líneas de trabajo conjuntas, algo que sí ocurrió con otras administraciones. El daño no se lo hace a la alcaldesa, sino a los linarenses. En este sentido, creo que Linares se ha visto menospreciada.
Espero que esa situación cambie en esta nueva etapa y que Linares reciba el trato que merecen sus ciudadanos a los que represento con enorme orgullo.
—¿Espera una relación diferente con Juan Latorre?
—Espero que sí. En cuanto tome posesión el nuevo presidente, me gustaría reunirme con él para hablar de proyectos importantes para Linares, entre ellos, por ejemplo, la Ciudad Deportiva. Creo que es mi obligación como alcaldesa defender los intereses de la ciudad y pedir colaboración institucional cuando sea necesaria.
—¿Confía en que el próximo año se alineen todos los astros para el PP, con la presencia en el Gobierno central, la Diputación y Ayuntamiento, además de la Junta?
—Tengo plena confianza en mi partido y que se dé esa posibilidad. Estamos demostrando que sabemos gobernar y gestionar, porque lo demostramos cada día allí donde estamos, con sus luces y sombras, porque somos humanos y también nos equivocamos.
Lo que me gustaría es que los linarenses sigan confiando en el Partido Popular, porque se lo merece y porque hemos entrado en una etapa de transformación y de cambio muy ilusionante. Hemos recuperado la confianza y la alegría de nuestros vecinos y vecinas.
Lógicamente quiero, del mismo modo, que la provincia esté gobernada por el PP y el futuro presidente de la Diputación sea Erik Domínguez. Todos los que conformamos e integramos la gran familia del Partido Popular vamos a trabajar y a empujar para que se produzca ese cambio tan necesario en la Administración provincial.
—Las pasadas elecciones andaluzas, el PP bajo en porcentaje de voto, aunque sumó un puñado más de votos. Mientras, Vox escaló y el PSOE recuperó confianza de los electores en relación con 2022. ¿Qué análisis hace?
—Estamos muy satisfechos con el resultado global de los comicios. Sin embargo, hay que entender el contexto de la movilización. El incremento de la participación benefició de manera particular a las candidaturas de confluencia de la izquierda, logrando atraer a ciudadanos que en convocatorias previas habían optado por la abstención debido al desencanto.
En este escenario de mayor concurrencia a las urnas, la radiografía electoral demuestra una confianza sólida y renovada de los linarenses en nuestra gestión de progreso al frente de la Junta y del propio Ayuntamiento. No comparto la visión de quienes buscan lecturas negativas; las comparaciones con periodos pasados donde el PSOE lograba marcas muy superiores ya no se sostienen con la realidad de los apoyos actuales.
—Las tensiones con la oposición han sido evidentes durante la tramitación de los presupuestos municipales y el papel de la concejal no adscrita ha terminado resultando decisivo en las votaciones plenarias.
—Nosotros gobernamos con total normalidad y con una clara vocación de diálogo con todas las fuerzas políticas. Los presupuestos han salido adelante porque son han sido cuentas necesarias para el progreso de Linares. Nuestra prioridad sigue siendo el interés general de la ciudad. El PP no tiene la culpa de lo que pasé con la concejal no adscrita. Ese es un problema del PSOE, no nuestro.
Le recuerdo, de la misma forma, que en el primer presupuesto del mandato incluimos, por ejemplo, iniciativas de Izquierda Unida y de Vox. El PSOE, en cambio, opta por una oposición menos constructiva. Prefiere elaborar sus propios presupuestos, sin plantear propuestas en las comisiones. Es un no continuo a todo lo que planteamos, aunque sea bueno para la ciudad.
—¿Habrá presupuestos para 2027?
—Mi deseo es cerrar el mandato con unos nuevos presupuestos. De hecho, ya estamos trabajando en el proyecto de cuentas para el año que viene. Lo veremos con el paso de los meses.
—A nivel orgánico, usted ha asumido la presidencia local del Partido Popular. ¿Qué significa este paso tras los periodos de convulsión interna que vivió el partido en el pasado?
—Ha sido un paso natural dentro de la formación y el desenlace de una transición pacífica y coordinada. Unificar el liderazgo institucional de la alcaldía y el de las siglas locales aporta solidez y claridad al proyecto. De cara al futuro, y con la vista puesta en la renovación de las estructuras locales que vendrá tras los diferentes congresos de ámbito nacional y autonómico, el propósito de dar continuidad a este proyecto político sigue firme. Mi permanencia en el cargo estará siempre vinculada al mantenimiento de la confianza de mis compañeros y a la satisfacción por el trabajo realizado para nuestra ciudad.
—Más allá del desgaste del día a día, ¿qué es lo que más compensa del cargo de alcaldesa?
—Psicológicamente, lo que intento es que todo tenga una solución lo más rápida posible. Ese es el desgaste. Pero el orgullo de ser alcaldesa de tu ciudad compensa mucho más: poder traer bienestar a Linares, progreso, empleo, industria y actividad en todas las áreas.
Creo que todas las concejalías están trabajando muy bien y eso es lo más satisfactorio. Los momentos difíciles, cuando hay problemas que no puedes resolver de forma inmediata, se van compensando con la cercanía de la gente y con lo que los ciudadanos te transmiten.
—¿Se presentará a la reelección?
—Es mi deseo. Creo que estamos realizando un trabajo sensacional. Me remito a los hechos: Linares ha iniciado una etapa de transformación basada en la estabilidad, la recuperación de proyectos estratégicos y la atracción de inversión y empleo.
Mi prioridad desde el primer día ha sido que Linares vuelva a creer en sí misma y recupere el dinamismo que nunca debió perder. Hemos pasado de una etapa de parálisis e incertidumbre a una etapa de gestión, proyectos y oportunidades. Uno de los cambios más importantes ha sido recuperar la actividad y la confianza de la ciudad.
Hoy Linares vuelve a estar presente en grandes proyectos industriales y empresariales de Andalucía. Es un ejemplo en nuestra comunidad autónoma y en el resto del país.
—Siempre dice que tiene un buen equipo, pero los equipos políticos suelen renovarse. ¿Qué perfil busca para el futuro?
—Es muy raro que se repitan exactamente las mismas personas en una lista electoral. A un año vista, todavía no he definido perfiles concretos. Estoy contenta con el equipo que tenemos, aunque es evidente que habrá que ampliarlo.
—¿Prefiere para un segundo mandato perfiles más políticos o más técnicos?
—No lo he decidido todavía. En mi equipo hay personas con perfiles muy variados, algunos más técnicos y otros más políticos. Creo que lo importante no es tanto eso, sino la capacidad de trabajo, la responsabilidad, la eficiencia y la entrega. Lo iremos viendo con calma, porque todavía no sabemos ni el número exacto de concejales ni si yo seré la candidata, aunque espero que sí.
—En cualquier caso, ¿ha empezado ya a hablar con posibles incorporaciones para la próxima lista?
—No. Primero tengo que hablar con mi equipo actual. Ellos tienen prioridad. Tengo que saber quién quiere continuar y después empezar a valorar posibles incorporaciones.
También habrá que diseñar un nuevo programa electoral. Cuando revisé el actual, vimos que más del 60% ya está cumplido o iniciado, lo cual es importante en un mandato.
Insisto mi deseo es rodearme de personas trabajadoras, responsables, eficaces y con capacidad de gestión. Y también con disponibilidad real: quienes tengan que seguir en su trabajo lo harán, y quienes requieran dedicación plena tendrán que estar liberados.

—También dice de que hoy la política es más compleja, con redes sociales y mayor exposición.
—Sí, es mucho más compleja. Antes había menos exposición pública. Ahora todo se amplifica. Por eso es más difícil encontrar personas que quieran implicarse.
La política no es un empleo como tal. Es una responsabilidad temporal. Nosotros estamos aquí cuatro años, y si los ciudadanos quieren, otros cuatro. Luego cada uno vuelve a su trabajo. En mi equipo hay muchas personas que no están liberadas y compatibilizan su labor política con su profesión.
—¿Contempla independientes en la lista electoral?
—Podría haberlos, pero creo que el Partido Popular tiene suficiente gente preparada para completar una lista amplia y solvente.
—Son conscientes de que la política no es un empleo, sino algo temporal.
—Totalmente de acuerdo. La política no debe entenderse como un empleo. Se trata de una etapa de cuatro años, prorrogable si los ciudadanos lo deciden, tras la cual se vuelve a la vida profesional. Le recuerdo que en mi equipo hay muchas personas que no están liberadas y compaginan su trabajo con la gestión municipal.
—¿En qué punto de ejecución está su programa electoral? ¿Ya han empezado a elaborar el de las próximas municipales?
Aún es pronto. Queda aproximadamente un año, pero lo que sí le puede asegurar es que el programa de 2023 está cumplido o iniciado en más de un 60 por ciento. Y es obvio que hay proyectos que no pueden terminarse en una sola legislatura, pero sí iniciarse y dejar encaminados.
—¿La oposición está actuando con lealtad institucional?
—La oposición está adoptando una estrategia de presentar iniciativas sobre proyectos ya anunciados. No veo lealtad institucional en ese comportamiento. Es algo que no entiendo. Se trata de una política cortoplacista y poco sincera. Los vecinos, a través de las diferentes áreas, especialmente Participación Ciudadana y Obras, con Mamen Muñoz y Michel Rentero, están puntualmente informados de lo que tenemos en cartera.
Buscar la foto con las asociaciones sobre proyectos que vienen, por ejemplo, recogidos en el plan de barrios y que van a ser debatidos en el pleno no tiene demasiado sentido. Más allá, como le he dicho, publicar la foto en redes sociales. Es curioso que luego no presenten iniciativas ni propuestas en las comisiones que es el foro de debate en el que pueden aportar todas las ideas que consideren. Ahí, guardan silencio. En fin, es una manera de hacer política que no comparto y que no es nada leal con el equipo de Gobierno.
—Cambiando de tema, la UJA ha anunciado nuevos grados en Linares. Desde mi punto de vista ha faltado una reacción institucional del Ayuntamiento de apoyo, puesto que representa un salto cualitativo y cuantitativo en materia universitaria.
—Mi relación con el rector, Nicolás Ruiz, es maravillosa y también con el director de la Escuela Politécnica Superior, Manuel Valverde. No hay ningún problema con la Universidad de Jaén.
Pensé en llamar directamente a Manuel e incluso verlo aquí. Tuve la ocasión de verlo esta semana en un acto de la Asociación 28 de Febrero, pero, por casualidad de la vida, él llegó un poquito más tarde. Estaba sentado detrás de mí. Hablé algo con él, pero fue de un tema personal. Luego me tuve que marchar porque tenía la procesión de la Virgen de Linarejos y no pude tener esas palabras para decirle que quiero que venga al Ayuntamiento.
Además, estamos cerrando con la universidad la entrega de becas de colaboración, que se realizan conjuntamente cada año. Allí me veré, del mismo modo con el rector. Todo está normal. Quizá el problema ha sido de calendario y de coincidencia con otros actos, puesto que hemos tenido las elecciones andaluzas, pero no hay ningún conflicto.
—¿Qué papel debe tener la universidad en el desarrollo de Linares?
—Fundamental. La universidad, junto con el Cetemet (Centro Tecnológico Metalmecánico y del Transporte) y la Cámara de Comercio, es clave para el desarrollo de la ciudad.
Cuando vienen empresas a instalarse, una de las primeras cosas que preguntan es por la formación, el talento disponible y la conexión con la universidad. Por eso es imprescindible trabajar de la mano.
Nosotros lo hacemos así: la universidad participa en reuniones con empresas, visitas institucionales y proyectos de desarrollo.
—El planeamiento urbanístico de Linares lleva décadas sin actualizarse. ¿Qué importancia tiene el nuevo el Plan General de Ordenación Municipal (PGOM)?
—Es uno de los grandes proyectos de futuro de la ciudad. El planeamiento actual tiene más de 30 años, es totalmente obsoleto.
El nuevo plan va a permitir definir cómo crece Linares: vivienda, zonas verdes, equipamientos deportivos, suelo industrial y desarrollo urbano. Es un proceso largo, estimado en al menos tres años, pero ya está en marcha y no tiene marcha atrás.
También es importante porque permitirá regularizar zonas que han estado décadas en situación irregular y dar seguridad jurídica a muchos vecinos.
Es, junto con el desarrollo de Santana, los presupuestos y las infraestructuras deportivas, una de las grandes palancas de transformación de la ciudad. Y todo ello está pensado no para hoy, sino para las próximas generaciones de linarenses.
—¿Se plantea un pleno sobre el estado de la ciudad?
—No me lo ha planteado. Nuestra gestión es diaria y se puede ver y comprobar, pero que no tendría problema si la oposición lo solicita. Lo que me parece extraño es que el PSOE no haya utilizado este tipo de herramientas cuando ha gobernado, pero sí lo plantee ahora. Aun así, insisto en que si se solicita dentro de los plazos y procedimientos, no tendría inconveniente en celebrarlo.