Gregorio Garzón es un ferroviario veterano. Conoce la Estación Linares-Baeza como la palma de su mano y, desde la tarde-noche de este domingo, su pensamiento está atrapado en las imágenes del grave accidente ocurrido en Adamuz (Córdoba). Un tren de alta velocidad de la compañía Iryo, que cubría la ruta Málaga-Madrid, descarriló e impactó contra un Alvia que viajaba entre Madrid y Huelva, una colisión que se ha saldado, hasta el momento, con 39 víctimas mortales y más de 150 heridos de distinta consideración.
Aún le cuesta asumir lo ocurrido. “Es muy difícil digerir una tragedia de este tamaño. Por muchos años que lleves en el oficio, un accidente de tren siempre es una malísima noticia, pero cuando hay tantos fallecidos y heridos el golpe es devastador”, reconoce Garzón a este periódico.
Habla con la voz quebrada y el peso de quien sabe que, detrás de cada cifra, hay historias truncadas, familias rotas y compañeros que no volverán a casa. «El ferrocarril es una gran familia. Cuando pasa algo así, lo sentimos como si nos tocara en primera persona», añade.
Garzón es presidente del comité de empresa de Adif en la provincia y acumula décadas de experiencia en la compañía. No es la primera vez que le toca enfrentarse al dolor que deja un siniestro ferroviario. El último gran accidente que vivió es el del 24 de julio de 2013 en Angrois, en las inmediaciones de Santiago de Compostela, donde fallecieron 80 personas y otras 143 resultaron heridas tras descarrilar un tren de alta velocidad que cubría la ruta Madrid-Ferrol. “Aquello marcó a todo el sector y nos cambió para siempre”, rememora.
Tampoco olvida el accidente del 3 de junio de 2003 en el término municipal de Chinchilla (Albacete), en el que murieron 19 personas y 38 resultaron heridas tras la colisión frontal entre un tren Talgo y uno de mercancías en un tramo de vía única. “Fueron jornadas durísimas, de mucho dolor y mucha tensión, muy parecidas a la que estamos viviendo ahora”, lamenta.
Garzón no se atreve a concretar las causas del siniestro y coincide con el ministro de Transportes, Óscar Puente, en que «tremendamente extraño», máxime en las vías de la alta velocidad. «Existe un comisión que investigará lo sucedido, pero, desde mi punto de vista, son una serie de concatenaciones que han dado como resultado esta tragedia», señala a El Nuevo Observador.
Este lunes, mientras la Estación Linares-Baeza mantiene su actividad y sigue siendo un nudo clave de las comunicaciones ferroviarias, Garzón reconoce que el ambiente entre los trabajadores es de consternación absoluta. “Seguimos haciendo nuestro trabajo porque es nuestra responsabilidad, pero con el corazón encogido. Hoy el ferrocarril llora”, concluye.