El paisaje de la nostalgia da paso a la fábrica del futuro

La renovación integral de las antiguas instalaciones de Santana convierte un símbolo del pasado industrial de Linares en un polo de atracción para la nueva economía, basada en el campo de la tecnología

Por:Javier Esturillo
Fotos: Javier Esturillo

El Parque Científico Tecnológico del Transporte Santana camina con paso firme hacia una metamorfosis largamente esperada, un viaje en el tiempo donde el eco fabril de Linares se fusiona de manera milimétrica con la vanguardia empresarial. Adentrarse hoy en sus instalaciones supone presenciar un diálogo constante entre la nostalgia de lo que fue y la certeza de lo que empieza a ser.

El esfuerzo económico conjunto entre el Ayuntamiento de Linares y la Junta de Andalucía ha permitido inyectar 15 millones de euros para revertir el letargo de un espacio histórico y transformarlo en un recinto completamente equipado, resolviendo carencias estructurales históricas como la alarmante falta de potencia eléctrica que lastraba su competitividad.

Ahora, el parque emerge como un escaparate de primer orden donde las viejas cicatrices de cemento conviven con viales recién asfaltados, canalizaciones de agua completamente renovadas e infraestructuras soterradas que garantizan el suministro a los nuevos gigantes tecnológicos.

Experiencia sensorial

El recorrido por este complejo industrial se convierte de inmediato en una experiencia sensorial que agita la memoria colectiva de la ciudad. Al alzar la vista hacia las cubiertas, la silueta de la vieja sirena industrial, aquella que durante décadas pautó la vida de miles de familias linarenses anunciando el cambio de turno, resiste imperturbable al paso de los años con su pátina de óxido sobre las cornisas desgastadas.

Unos pasos más allá, guarecida en el techo de los antiguos espacios administrativos, una imponente vidriera de vivos colores y rotundas formas geométricas custodia con orgullo el nombre clásico de Santana, un nexo artístico y emocional que se niega a desaparecer.

En mitad de este viaje entre épocas, el visitante tropieza con hallazgos que encapsulan la historia viva de la factoría; en una de las naves se localizó un antiguo camión de bomberos abandonado de mediados del siglo pasado, una joya del patrimonio industrial de la planta que ya está siendo restaurada para preservar el legado de aquellos años de máxima actividad.

Sin embargo, este paisaje de nostalgia se rompe de golpe al girar la esquina y contemplar los exteriores de las grandes naves renovadas. Allí, operarios subidos a plataformas elevadoras dan los últimos retoques a las inmensas fachadas de paneles grises y limpios que albergan la planta de la multinacional china Desay SV. En este punto, los andamios y el trasiego de camiones escenifican la ebullición de un entorno que recupera su pulso vital.

Profunda mutación

Esta profunda mutación ha sido el eje central de la visita institucional realizada junto con los medios de comunicación por la alcaldesa de Linares, Auxi del Olmo, el primer teniente de alcalde, Raúl Caro-Accino, y el concejal de Función Pública, Enrique Mendoza, quienes han puesto en valor la trascendencia de unas obras de urbanización y mejora de servicios básicos que van mucho más allá de lo estético.

Las actuaciones relacionadas con el agua, la electricidad y la pavimentación pretenden convertir este enclave en el mejor imán para el tejido empresarial, que, a juicio de la regidora, ya no son «promesas vacías», sino de una realidad palpable que quiebra definitivamente la tendencia de aquel Linares sin expectativas que se arrastraba desde el año 2011.

La realidad sobre el terreno respalda este optimismo con cifras de gran envergadura. Desay SV, dedicada a la fabricación de sistemas de visualización e interacción inteligentes para automóviles, se postula en la joya de la corona del parque, una nave de cerca de 20.000 metros cuadrados donde se prevé alcanzar el centenar de empleados al término de este año.

Plan de reactivación

El plan de reactivación abarca también la remodelación de la emblemática nave de Santana Factory, con una superficie que oscila entre los 8.000 y los 9.000 metros cuadrados, así como la mítica nave Q, el antiguo espacio de montaje de Suzuki, que cuenta con alrededor de 10.000 metros cuadrados listos para nuevos desafíos industriales.

El reacondicionamiento se extiende a las estructuras anexas conocidas como naves O y P, además de los edificios administrativos de tres plantas situados junto a las instalaciones de Cetemet. Muchos de estos espacios ya cuentan con proyectos empresariales asignados que se darán a conocer próximamente, consolidando un horizonte industrial cierto que devuelve a Linares su condición histórica de motor económico.

Fotos: Javier Esturillo

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