El público linarense se rinde ante la fidelidad de Ni Contigo Ni Sin Ti

El Teatro Cervantes se llena para disfrutar de un tributo que devuelve al escenario la esencia de dos referentes de la música española, como Serrat y Sabina

Por:Javier Esturillo
Momento del concierto de Ni Contigo Ni Sin Ti en el Teatro Cervantes. Foto: Ayuntamiento de Linares

Las luces se apagaron en el Teatro Cervantes y, durante algo más de dos horas, el tiempo pareció retroceder varias décadas. Sobre el escenario no estaban Joan Manuel Serrat ni Joaquín Sabina, pero por momentos muchos de los asistentes tuvieron la sensación de volver a encontrarse con aquellas canciones que han acompañado sus vidas desde que se pudo ver la mítica gira ‘Dos pájaros de un tiro’.  

Ni Contigo Ni Sin Ti llenó el patio de butacas y dejó una estampa difícil de olvidar: un público entregado desde los primeros acordes y una ovación final que resumió el sentir general de la noche. Los espectadores abandonaron el teatro con una sonrisa y una misma sensación compartida en los corrillos de salida: había sido un concierto maravilloso.

Al frente del proyecto, los ubetenses José Manuel Ortega y José María Ruiz asumieron el reto de encarnar a dos gigantes de la música española en el Festival Internacional de Música y Artes Escénicas de Linares (Fimae).

Ortega se puso en la piel de Serrat y Ruiz hizo lo propio con Sabina, acompañados por una potente banda que recreó con extraordinaria fidelidad el espíritu de aquellas actuaciones conjuntas que marcaron una época.

Lejos de caer en la simple imitación, el concierto encontró su fuerza en el respeto y la admiración hacia los originales. Cada detalle parecía cuidadosamente medido: el repertorio, el vestuario, la escenografía y, por supuesto, el inseparable taburete y el bombín que forman parte del imaginario de Sabina y que se han convertido en símbolos reconocibles para varias generaciones de seguidores.

Química con el público

La conexión con el público fue inmediata. Canciones que forman parte de la memoria sentimental de miles de personas fueron recibidas como auténticos himnos. Temas como ‘Y nos dieron las diez’ o ‘Contigo’ despertaron una cascada de aplausos y voces que acompañaron a los intérpretes prácticamente de principio a fin.

Muchos asistentes destacaron precisamente la energía y la fidelidad con la que fueron interpretadas, manteniendo intacta la esencia de las composiciones originales sin renunciar a una personalidad propia sobre el escenario.

La banda, compuesta por instrumentistas profesionales y en un buen número de Linares, tuvo también buena parte de culpa del éxito de la velada. El sonido compacto, los arreglos ejecutados con precisión y la calidad individual de cada músico elevaron el espectáculo y reforzaron la sensación de estar asistiendo a algo más que un simple tributo. El público supo reconocerlo y respondió con constantes muestras de entusiasmo.

Emoción y recuerdos

Hubo momentos de emoción, de nostalgia y también de celebración colectiva. Porque las canciones de Serrat y Sabina tienen esa rara capacidad de reunir a personas de distintas edades bajo una misma historia, una misma letra o un mismo recuerdo. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el Cervantes.

Cuando llegó el final, nadie parecía tener prisa por abandonar su asiento. Las últimas ovaciones, largas y sinceras, fueron el mejor reconocimiento para un espectáculo que consiguió algo nada sencillo: hacer que el público viajara a través de la música y regresara a casa con la sensación de haber vivido una noche especial.

Ni Contigo Ni Sin Ti volvió a demostrar que las grandes canciones nunca envejecen y que, cuando se interpretan con pasión, respeto y talento, siguen emocionando con la misma fuerza que el primer día.

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