La Estación Linares-Baeza vive horas de expectación contenida mirando al Guadalimar. Las lluvias de los últimos días han elevado de forma notable el caudal del río a su paso por la Entidad Local Autónoma (ELA), obligando a activar un seguimiento constante de su evolución, aunque por el momento la situación permanece bajo control.
Los datos del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) del Guadalquivir muestran cómo, tras permanecer casi plano entre finales de enero y los primeros compases de febrero, el nivel del río a su paso por Linares-Baeza comenzó a crecer de forma sostenida a partir del día 3, coincidiendo con la llegada de las lluvias persistentes a causa del carrusel de borrascas.
Durante más de 72 horas, el caudal se movió en valores bajos, apenas perceptibles, con registros por debajo de los 15 centímetros y sin señales de tensión en el cauce. Esa estabilidad se rompe a mitad de semana, cuando el Guadalimar inicia una subida progresiva que se acelera en la tarde del 4 de febrero y desemboca, ya el día 5, en una sucesión de picos y descensos que evidencian una respuesta rápida del río a los aportes de agua.
El nivel supera en varias ocasiones el umbral amarillo de aviso, fijado en 0,4 metros, y se aproxima de manera puntual al umbral naranja, situado en 0,8 metros, sin llegar a consolidarlo. No hay una crecida continua, sino un comportamiento oscilante, casi nervioso, que refleja tanto la intensidad irregular de las precipitaciones como la capacidad del cauce para evacuar el agua acumulada.




«He vivido situaciones peores»
Diego es un vecino que vive pegado al cauce del río. Peina canas y las ha visto de todos los colores. Dice que el Guadalimar baja tranquilo, nada comparable con otros años, en los que el agua iba desbocada. «Lo veo, por ahora, dentro de la normalidad. He vivido situaciones peores», relata a este periódico.
No le falta razón, en marzo de 2010, las lluvias y el desembalse de las tres presas obligó a desalojar a varias familias de Los Chozos, un asentamiento cercano a los márgenes del Guadalimar. Un caudal de agua anegó viviendas y acabó con la vida de animales. Además, hundió un tramo de la carretera y arrasó varios olivares de la zona.
Hace ahora 30 años, la situación fue aún peor. Más de cinco familias tuvieron que pernoctar en el Ayuntamiento de la Estación Linares-Baeza tras derrumbarse gran parte de sus viviendas, la mayoría de ellas chabolas, ubicadas en Los Chozos como consecuencia del fuerte temporal de viento y lluvia registrado en esta barriada.
José ha hecho un parón en su jornada laboral para acercarse al río para captar con su móvil la crecida del Guadalimar. Él se ha criado muy cerca del río. «Me produce nostalgia verlo así. Es una sensación que me recuerda a mi niñez y a la incertidumbre que teníamos los vecinos. Cuando llovía mucho y crecía, nos echábamos una mano los unos a los otros», rememora.




Mensaje de tranquilidad
El alcalde, Melchor Villalba, manda un mensaje de tranquilidad y confía en que la situación se mantenga estable, si bien sigue «muy pendiente» la evolución del caudal. «Seguimos de cerca los datos que nos proporciona en tiempo real el SAIH y estamos tranquilos, pero sin bajar la guardia».
Por el momento no se han alcanzado niveles asociados a riesgo grave, establecidos a partir de 1,2 metros, pero la tendencia obliga a extremar la atención, tal y como advierte el regidor.
De hecho, el Ayuntamiento mantiene activa la vigilancia sobre el Guadalimar, consciente de que cualquier cambio brusco en las condiciones meteorológicas podría alterar el escenario.
Fotos: Javier Esturillo