Los hosteleros de Linares miran esperanzados a la Semana Santa tras las lluvias del año pasado. El sector espera un repunte de clientes en una de las fechas más señaladas del calendario por el aluvión de visitantes que recibe la ciudad para disfrutar de las procesiones.
Sin embargo, dentro de la variedad de sus establecimientos, se está imponiendo cada vez más la reserva de mesa. Con ello, los locales se garantizan cubrir los gastos mínimos que genera la compra de género, las nóminas de sus empleados, las facturas a proveedores…
Para evitar quedarse sin mesa, aquellas personas previsoras prefieren llamar antes para que les guarden un sitio el día y la hora que quieren. Reservan con semanas de antelación pero luego, a la hora de la verdad, por el motivo que sea, no se presentan. El problema está en que ni siquiera avisan o lo hacen a última hora, cuando ya no hay tiempo de maniobra.

Ismael Gragera, propietario de la Cervecería Doñana, ubicada en la Plaza Colón, sufrió la pasada Semana Santa en sus carnes esta práctica, alcanzando un 60 por ciento de cancelaciones debido a las inclemencias del tiempo. Este hecho le supuso importantes pérdidas y le llevó replantarse la situación con vistas a la de este año.
Así, una de las medidas que ha tomado es cobrar una fianza de 10 euros por persona y un gasto mínimo de 15 euros, también por persona, una vez se confirma la reserva. No es un capricho, sino la única manera de combatir un fenómeno que popularmente se conoce como «no show» y que es más habitual de lo que parece en lugares donde las tapas son gratis y encima se pueden elegir.
«Una mesa no anulada nos hace un roto», advierte Ismael Gragera, quien respeta la libertad de cada establecimiento de reservar o no, ya sea durante todo del año o en épocas especiales como Navidad y Semana Santa. «Cada uno en su casa puede hacer lo que quiera. Nosotros hemos optado por esta alternativa que, además, solo afecta al 50 por ciento del total mesas del local», explica a este periódico.

Hosteleros consultados por El Nuevo Observador respaldan la decisión de reservar y la voluntad del cliente de aceptar las condiciones o no que pone cada restaurante o bar. En esta línea, señalan que las anulaciones suponen una merma para el negocio y, por ello, piden encarecidamente que se avise, a poder ser con la máxima antelación posible, si no va acudir a la cita, e incluso se advierta si hay modificaciones en el número de comensales. «No es lo mismo guardar una mesa para 15 que una para 10, porque cuando alteras las comandas estás perjudicando a otras personas», aseguran a este medio.
La presidenta de la Asociación Hosteleros de Linares, María Teresa Márquez, añade otro matiz a la ecuación, como es la previsión. En su opinión, saber qué demanda vas a tener en Semana Santa es «importantísimo» para poder prestar un servicio de calidad al público con el fin de mantener el «altísimo nivel» de la hostelería linarense.
En este punto, recuerda que no todos los bares de la ciudad reservan mesas. «El cliente puede ir al establecimiento que desee, porque para ello contamos con un sector de lo más diverso, que nos hace, hoy en día, ser uno de los más valorados la provincia», destaca.