El año pasado, por estas mismas fechas, la Plataforma Ciudadana en Defensa de la UJA luchaba, junto al rector y a toda la comunidad universitaria, por conseguir el grado de Ingeniería Biomédica. Lo hacía en nombre de una sociedad civil que no entendía la reiterada negativa de la Junta de Andalucía a una titulación estratégica para el futuro de la provincia, mientras una universidad privada recibía el visto bueno para impartirla.
Fue una batalla larga, con argumentos que no siempre resultaron convincentes y que obligó a seguir dando pasos hasta que la comisión evaluadora del Ministerio de Universidades dio luz verde a una aspiración legítima. En las próximas semanas, Ingeniería Biomédica podrá cursarse en el Campus Científico Tecnológico de Linares. No es una cuestión menor. Es una muestra de lo que puede conseguir la Universidad de Jaén cuando existe una apuesta decidida por el conocimiento, la investigación y el territorio.
Ahora, con el nuevo Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ya constituido y las responsabilidades distribuidas, todas las miradas están puestas en Jorge Paradela, responsable de Universidades. Su compromiso tendrá que traducirse en hechos. Y entre ellos hay uno que resulta inaplazable: avanzar de manera decidida en el cumplimiento del Modelo de Financiación del sistema universitario público andaluz.
Llevamos demasiado tiempo esperando. La financiación de las universidades públicas se ha convertido en una de las grandes preocupaciones del sistema universitario andaluz y, particularmente, de la Universidad de Jaén, que ha denunciado reiteradamente una situación de financiación de subsistencia. Resolver este problema debería ser una prioridad para el nuevo curso. También para recuperar una relación de normalidad entre la Junta y las universidades, deteriorada durante los últimos años.
En medio de esta espera se ha conocido la nueva edición del prestigioso ranking de Shanghái. Por primera vez en los últimos años, ocho universidades españolas han desaparecido del Top 1000 mundial. Entre ellas, tres andaluzas: Córdoba, Cádiz y la Universidad de Jaén. El dato merece atención, pero no alarma.
La salida de la UJA del ranking, por sí sola, no significa que nuestra Universidad haya dejado de ser una institución de calidad. Las clasificaciones internacionales cambian, los criterios evolucionan y algunas universidades, especialmente las asiáticas, están realizando inversiones enormes que les permiten ganar posiciones con rapidez. El ranking es un indicador. No puede convertirse en la medida absoluta de lo que vale una universidad.
Durante años hemos presumido, y con razón, de que la UJA formaba parte de ese selecto grupo. Ahora que ha dejado de estarlo, tampoco debemos caer en el dramatismo. La historia de éxito de la Universidad de Jaén no se ha acabado. Ni mucho menos.
La UJA mantiene una hoja de ruta, conserva unos niveles de reconocimiento y calidad extraordinarios y continúa siendo la opción elegida por miles de estudiantes. Los datos de matriculación para el próximo curso son suficientemente elocuentes. Seguimos sintiéndonos orgullosos de nuestra Universidad y confiamos en que pueda regresar cuanto antes a esa clasificación.
Pero precisamente por eso hay que hacer preguntas. Quienes conocen todos los elementos que intervienen en la elaboración del ranking son quienes deben analizar ahora qué ha ocurrido y extraer las conclusiones oportunas. Lo que resulta difícil de discutir es que la competitividad universitaria también tiene una relación directa con los recursos disponibles.
No se puede pedir a todas las universidades que corran la misma carrera cuando algunas parten con mucha más inversión, más recursos y mayores capacidades. Los sistemas universitarios que destinan más dinero a investigación, innovación, captación de talento e infraestructuras tienen más posibilidades de situar a sus instituciones entre las mejores.
No se trata de justificarlo todo con dinero. Se trata de reconocer una evidencia. La Universidad necesita recursos para investigar, para atraer y retener talento, para desarrollar proyectos, para competir internacionalmente y para seguir ofreciendo oportunidades a los jóvenes. Y una Universidad como la de Jaén necesita, además, que se reconozca su papel estratégico en un territorio que no puede permitirse perder capacidad de conocimiento.
En Andalucía existe un problema de infrafinanciación del sistema universitario público. Lo han señalado las propias universidades y ha sido reconocido desde diferentes ámbitos institucionales. Lo que falta es resolverlo.
La financiación adecuada no lo garantiza todo, pero sin ella es muy difícil sostener una apuesta pública de calidad. No hay otro camino. Y esta preocupación no corresponde únicamente a la Universidad ni a quienes tienen responsabilidades políticas. También interpela a la sociedad civil.
Porque queremos seguir sintiéndonos orgullosos de nuestra UJA. Queremos que continúe formando a las generaciones que tomarán el relevo. Queremos que el talento que tanto nos gusta reivindicar encuentre aquí oportunidades para crecer, investigar, emprender y construir su futuro.
Por eso también resulta difícil comprender determinadas actitudes. No debería haber siglas por encima de los intereses de la provincia. Defender al Gobierno andaluz no puede significar aceptar sin más cualquier decisión sobre la financiación de nuestras universidades. Del mismo modo, criticar una determinada política universitaria no debería interpretarse automáticamente como un ataque partidista.
También duelen las críticas del llamado ‘fuego amigo’. Cuando hablamos de la Universidad de Jaén deberíamos ser capaces de remar en la misma dirección. No porque todos tengamos que pensar igual, sino porque existen asuntos que trascienden las diferencias políticas. Y este es uno de ellos.
También se nos reprocha, en ocasiones, que exigir al poder político aquello que consideramos justo significa politizar la Universidad.
Hay que respetar todas las opiniones, faltaría más. Pero si defender que la UJA siga siendo el orgullo de Jaén es politizarse, entonces esta Plataforma se siente orgullosamente politizada. Politizada, sí. Pero no sometida a unas siglas.
Porque no hablamos de partidos. Hablamos de territorio. Hablamos de oportunidades. Hablamos de investigación, de conocimiento, de talento y de futuro. Y hablamos, sobre todo, de una provincia que demasiadas veces ha tenido que reclamar aquello que por justicia le correspondía.
La Universidad de Jaén merece competir con todas sus fortalezas, pero también con los recursos necesarios para hacerlo. No podemos exigirle que sea una gran Universidad mientras la obligamos a competir con una mano atada a la espalda.
La UJA no necesita que nadie le regale nada. Necesita que se le permita desarrollar todo su potencial. Y ahí sí tenemos que estar todos.