Las cajas se apilan unas sobre otras mientras un grupo de voluntarios revisa, clasifica y etiqueta cada envío con precisión. Entre medicamentos, material sanitario y productos de primera necesidad también viajan mensajes de aliento y el convencimiento de que, a miles de kilómetros de distancia, hay un pueblo que no está solo. Esa ha sido la respuesta de Linares tras los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio.
La campaña impulsada por la Asociación Venezolana de Solidaridad e Integración Social (Avensis) ha encontrado una respuesta que ha desbordado las previsiones de la entidad. Ciudadanos anónimos, hermandades, asociaciones, empresas, instituciones y decenas de voluntarios han ido sumándose a una cadena de ayuda que ha convertido la solidaridad en un esfuerzo compartido.
Las jornadas han sido largas. Clasificar las donaciones, comprobar el estado del material sanitario, organizar los envíos y preparar la logística exige muchas horas de trabajo silencioso. Un trabajo que apenas se ve cuando los paquetes abandonan el almacén, pero que resulta imprescindible para que la ayuda llegue en condiciones a quienes más la necesitan.


Desde Avensis reconocen que cada caja cerrada encierra mucho más que su contenido. En ella también viajan el tiempo de quienes han renunciado a parte de sus vacaciones o de su descanso para colaborar, el compromiso de quienes han realizado una aportación económica y el afecto de una ciudad que ha decidido responder cuando la tragedia golpeaba a miles de familias venezolanas.
La movilización ha contado además con el respaldo de instituciones públicas. Entre las aportaciones más relevantes figura la realizada por la dirección del Hospital Universitario San Agustín y su Departamento de Farmacia, que han entregado recursos sanitarios destinados a reforzar la atención en las zonas afectadas. Para la asociación, este gesto representa mucho más que una donación material: simboliza la capacidad de las instituciones para tender puentes cuando una emergencia humanitaria desborda cualquier frontera.
También la comunidad venezolana residente en la provincia ha querido implicarse. La visita de la asociación Chamos Anónimos, integrada por venezolanos afincados en Jaén, ha servido para entregar nuevas donaciones y recordar que la distancia no ha debilitado el vínculo con quienes permanecen en su país de origen. Al contrario, lo ha reforzado.

La tragedia ha encontrado así una respuesta construida a partir de pequeños gestos. Una caja, una llamada, una transferencia, una tarde de voluntariado o unas horas clasificando material pueden parecer acciones modestas por separado. Unidas, forman un convoy de ayuda que empieza en Linares y termina en comunidades donde los hospitales trabajan al límite y muchas familias intentan reconstruir su vida entre los escombros.
En Avensis insisten en que la campaña no concluye con los primeros envíos. La emergencia continúa y la asociación seguirá coordinando nuevas recogidas para mantener el flujo de ayuda hacia Venezuela. Porque la reconstrucción será larga y las necesidades no desaparecerán cuando deje de hablarse de la catástrofe.
Quizá por eso la imagen que mejor resume estos días no sea la de un camión cargado de cajas dispuesto a emprender el viaje, sino la de las manos que lo hicieron posible. Las de una ciudad que, lejos de los focos, ha demostrado que la solidaridad también puede medirse en kilómetros recorridos y en la capacidad de sentirse cerca de quienes están muy lejos.
Fotos: Avensis