Linares se cuela en el Mundial con una camiseta y toda una vida de recuerdos

Antonio Martos, hijo de linarenses y residente en Los Ángeles desde hace 36 años, convirtió el España-Bélgica en un emotivo homenaje a la tierra que, asegura, "le corre por las venas"

Por:Javier Esturillo
Antonio Martos junto con su hijo y mostrando la camiseta en homenaje a Linares.

La distancia entre Linares y Los Ángeles supera los nueve mil kilómetros. Antonio Martos Sánchez la recorrió hace 36 años. Sin embargo, bastaron unos segundos y una camiseta para demostrar que algunas raíces no entienden de mapas.

El escenario era uno de los grandes templos del fútbol mundial. Miles de aficionados teñían de rojo las gradas antes del encuentro entre España y Bélgica de cuartos de final de la Copa del Mundo. Entre ellos, Antonio sostenía con orgullo la camiseta de la selección. Pero, justo antes del inicio del partido, decidió levantarla. Debajo aparecía otra muy distinta. Negra, sencilla y con una frase que cualquier linarense reconoce al instante: «Linares. Donde 3 güevos (huevos) son 2 pares», una expresión tradicional que ensalza la valentía, el arrojo y la exceso de los linarenses.

No era un gesto preparado para hacerse viral. Era una forma de rendir homenaje a la tierra de sus padres y a una ciudad que, pese a la distancia, nunca ha dejado de sentir como suya.

Linarense y castizo

Antonio nació en Madrid en 1961. Sus padres, Lucas Martos Méndez y Mercedes Sánchez Serrano, eran linarenses y pasaron toda su juventud en la ciudad antes de trasladarse a la capital por motivos laborales. Su padre desarrolló allí la mayor parte de su carrera profesional tras ser destinado por la Seguridad Social, organismo en el que trabajó durante 52 años.

Pero en casa siempre se hablaba de Linares. Las historias familiares, los veranos y las reuniones con primos, tíos y abuelos hicieron que aquella ciudad acabara formando parte de su identidad tanto como Madrid.

Su familia hunde sus raíces en algunos de los rincones más conocidos de la ciudad. Sus abuelos paternos, Lucas Martos Fernández y Manuela Méndez Serra, criaron a seis hijos en la calle Martínez de la Rosa. Él regentó durante años una peluquería de caballeros en la Corredera de San Marcos. Por parte materna, Antonio Sánchez Fernández y Esperanza Serrano Navarro vivieron en la calle Espartero, donde sacaron adelante a cinco hijos mientras el abuelo desarrollaba distintos negocios.

Aquella extensa familia, hoy repartida entre distintos puntos de España y del extranjero, sigue siendo el nexo que mantiene vivo el vínculo con Linares. Antonio conserva intactos los recuerdos de aquellos viajes estivales. Pasear por el Paseo de Linarejos, refrescarse en la piscina Benidorm, disfrutar de la Feria de San Agustín, saborear el tradicional chocolate con churros o irse de tapas por los bares de la ciudad minera forman parte de una memoria que permanece inalterable. «Linares me corre por las venas», resume.

Con los años aprendió también a mirar con otros ojos la Semana Santa linarense, que sigue cada año gracias a las fotografías y vídeos que le envían sus primos. Tampoco olvida el Cosa de Santa Margarita ni una afición que ha ido creciendo hacia el flamenco, especialmente por las tarantas, las saetas y los cantes de las minas. «Me alumbran el corazón y me humedecen los ojos», confiesa.

Aunque siempre ha sido madridista, tampoco pierde de vista la actualidad futbolística del Linares. Guarda con especial cariño una bufanda blanquiazul que le regaló su primo Javier Martos y sigue al equipo desde California.

Una camiseta con mucha historia

Fue precisamente durante una de sus habituales visitas familiares cuando recibió el regalo que acabaría viajando hasta el Mundial. Su tía Trinidad Martos Méndez le entregó hace unos quince años una camiseta con una de esas expresiones populares nacidas del ingenio linarense.

Cuando decidió acudir junto a uno de sus hijos al partido entre España y Bélgica no tuvo ninguna duda. Primero vestiría la camiseta de la selección. Después, en el momento oportuno, enseñaría la otra.

Sabía que esa frase provocaría sonrisas entre sus familiares cuando vieran la fotografía. Y acertó. Lo que probablemente no imaginaba era que aquel pequeño homenaje también serviría para llevar el nombre de Linares a uno de los escaparates deportivos más importantes del planeta.

Hace ya 36 años que Antonio vive en Los Ángeles. Allí estudió Administración de Empresas, desarrolló toda su vida profesional y formó una familia junto a su mujer, estadounidense, a la que conoció en Madrid a finales de 1984.

Pasión por Linares

Hoy, ya jubilado, mantiene intacto el puente entre ambos países. Sus hijos tienen nacionalidad española, hablan español y han crecido viajando casi cada año a España. Conocen las costumbres familiares, disfrutan de la gastronomía y han heredado ese cariño por una tierra que sienten también como propia.

Porque para Antonio la distancia nunca ha sido un obstáculo. Ni los kilómetros, ni el océano, ni el paso del tiempo han conseguido borrar unos recuerdos construidos entre calles, primos, veranos y abrazos.

Quizá por eso aquella fotografía tomada en Los Ángeles va mucho más allá de una anécdota futbolística. Es la imagen de un hombre que, después de más de media vida viviendo al otro lado del Atlántico, sigue encontrando la mejor manera de presentarse al mundo con una sola palabra escrita sobre el pecho.

Fotos: Cedidas

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