Muere Juan Vallejos, alma discreta de Linarejos

Colaborador del Linares durante más de veinte años, recibió la insignia del club en 2015 tras una trayectoria marcada por la lealtad

Por:Javier Esturillo
Juan Vallejos, en el centro, flanqueado por Pedro Sáez y Chico.

Hace menos de una semana falleció, a los 78 años, Juan Vallejos, en el Hospital San Agustín. Con su marcha se va mucho más que un antiguo empleado del Linares. Se va un símbolo discreto, uno de esos nombres que no figuran en los carteles luminosos pero que sostienen la historia cotidiana de un club.

Durante más de veinte años colaboró con la entidad azulilla, desde la etapa de Antonio Pérez Contreras en la presidencia, entregando tiempo, esfuerzo y lealtad a una causa que sentía como propia. En el Estadio Municipal de Linarejos hizo de todo: cuidador, encargado, apoyo silencioso en cada detalle logístico. Abría las puertas cuando la ciudad aún bostezaba y las cerraba cuando el eco del último balón se apagaba.

Pedro Sáez impone la insignia del club a Juan Vallejos en presencia de Chico, antes de un encuentro de Liga de 2015.

Su labor nunca buscó reconocimiento, pero el reconocimiento terminó por encontrarle. En 2015 recibió la insignia del Linares de manos del entonces presidente Pedro José Sáez Collado, en presencia del capitán Francisco Pérez «Chico» y bajo el aplauso emocionado de la afición. Aquel homenaje fue la manera que tuvo el club de decir gracias a quien llevaba años diciendo sí a todo.

Antes de convertirse en el hombre de confianza de Linarejos, Juan fue futbolista. Portero de reflejos felinos, defendió la meta en categoría regional. Empezó en el CD Baños, continuó en el Baeza CF y dejó huella en el CD Beas, donde fue conocido como “el gato de Beas”. El apodo no era casual: volaba de palo a palo con agilidad y carácter, forjando una reputación que todavía perdura en la memoria de quienes lo vieron bajo los tres palos.

Su vida estuvo ligada al fútbol desde el césped hasta el mantenimiento del estadio. Entendía el juego no solo como espectáculo, sino como comunidad. Sabía que un club es también el trabajo anónimo que permite que todo funcione.

La despedida más íntima la escribió su hijo, en unas palabras que resumen el cariño y el amor que sembró Juan en los suyos: “Qué pronto te has ido, papá. Gracias por todas las cosas vividas y por las enseñanzas. Si volviera a nacer sentiría el mismo orgullo que ahora”, describe Juan Carlos Vallejos Díaz, al igual que su hermano José, de sentimiento azulillo desde la cuna.

Ese orgullo es hoy compartido por una ciudad y por una afición que lo recordará en cada partido, en cada tarde de fútbol, en cada rincón de un estadio que cuidó como si fuera su propia casa.

Porque hay personas que no necesitan focos para ser imprescindibles. Juan Vallejos fue una de ellas. Y mientras el balón siga rodando en Linarejos, habrá algo suyo latiendo en el corazón azulillo.

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