Pozo de San Vicente, 1967: La noche más oscura

Hace 58 años, uno de los peores accidentes de la historia de la minería linarense cubría de luto el corazón de la cuenca, por la muerte de seis mineros

Por:Javier Esturillo
Velas encendidas en recuerdo de los seis mineros fallecidos. Foto: Antonio Torres Muñoz

«Los mineros se hacen cruces y reniegan de Dios». La noche cae suavemente sobre Linares. Es 21 de marzo de 1967. Martes Santo. Las calles están abarrotadas de gente. El bullicio de la ciudad contrasta con la tranquilidad de la mina de San Miguel, donde seis mineros se disponen a hacer el último viaje en el ascensor del Pozo de San Vicente. Manuel Jiménez Díaz, Blas Muñoz Moreno, José Gago Núñez, Francisco Varela Hedrera, Fernando Rus Rodríguez y Jorge Antuña Roces no volverían a ver un nuevo amanecer.

Han pasado cincuenta y ocho años de una de las tragedias que más ha conmocionado a la ciudad y de las que se han escrito ríos de tinta sin saber realmente qué pudo pasar aquel 21 de marzo de 1967. «Suena una triste elegía/desde el Pozo/San Vicente. Seis mineros de la Tierra/se encontraron con la muerte. Suena una triste elegía/ desde el Pozo San Vicente./ Su trabajo y su sudor/ quedarán en la memoria/ para toda la eternidad./Forman parte de la Historia,/siempre los recordará», dice la taranta escrita por Juan Parrilla.

Pozo de San Vicente. Foto: Turismo Linares.

Crónicas de la época

La noticia corrió como la pólvora. Radio Linares avanzaba el suceso: «Han muerto seis mineros en el pozo San Vicente». De inmediato, varios retenes de Bomberos y Policía, así como ambulancias y mineros de otros pozos acudieron hasta el lugar, situado a poco más de tres kilómetros de la ciudad, para colaborar en las tareas de rescate. Sin embargo, no había nada que hacer. Los cuerpos sin vida de los seis trabajadores yacían en las profundidades del pozo.

Según las crónicas de la época, se intentó todo lo humanamente posible para arrancar los cadáveres de las entrañas de la tierra, pero fue imposible. Los restos de aquellos seis hombres continúan allí, cincuenta años después, como guardianes permanentes de los abismos que ellos mismos contribuyeron a horadar.

Lápida con los nombres de los seis mineros que murieron en el pozo de San Vicente en 1967.

Muerte

Cuentan los testigos de la tragedia que esta se debió a una imprudencia de los propios mineros. Era el último viaje a la superficie para acabar su jornada laboral y el último antes de que se cerrara la explotación definitivamente. Manuel, Blas, José, Francisco, Fernando y Jorge decidieron subir los seis en la jaula, junto con el pesado cable submarino que debía sacarlos de las profundidades del pozo. Con la palanca dieron la señal para que los ascendieran (un golpe y otros tres a continuación) y lentamente empezó el trayecto a través de las paredes hormigonadas.

De manera abrupta, el cable de tracción del ascenso no aguantó el sobrepeso y se partió a escasos sesenta metros de su objetivo. Los seis mineros cayeron al vacío del pozo más profundo del distrito de Linares. Mil metros de descenso y con la guadaña de la muerte sobre sus cabezas. Blas Muñoz era el mayor, tenía 45 años, mientras que Jorge perdió la vida con tan solo 21 años. Dejaron seis viudas jóvenes y 17 huérfanos entre todos.

Mina de San Miguel, en la que se encuentra el pozo de San Vicente en 1950.

Dolor y llanto

La muerte de los seis de San Vicente no solo conmocionó a Linares, sino al resto del país. Los medios de comunicación provinciales y nacionales se hicieron eco del dramático suceso. Más de quince mil personas asistieron a la exequias de los fallecidos y famosos de la talla de Palomo Linares, en esas fechas en plena ebullición de su carrera, se brindaron a colaborar de manera desinteresada con las pobres familias de los mineros, como recoge el diario ABC.

La ciudad se volcó con las viudas y sus hijos. No hubo entierro, pero sí miles de muestras de cariño durante la celebración del sepelio, celebrado en la parroquia de San Francisco.

Un dicho afirma que la vida del minero era como la del huevo, ya que «el que no moría podrido lo hacía estrellado». Linares todavía llora la tragedia. Sin embargo, los seis mineros de San Vicente siguen presentes en la memoria colectiva de los linarenses.

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