La escena no era habitual. Entre el verde del campo de golf de La Garza, una oca permanecía inmóvil, herida, ajena al trasiego deportivo que la rodeaba. Nadie sabe cómo llegó el ave a la instalación deportiva.
El aviso llegó el pasado sábado a la Jefatura de la Policía Local de Linares: había un animal en apuros. A partir de ese momento se activó el protocolo de intervención para este tipo de situaciones, una cadena discreta pero eficaz de colaboración institucional.
Los agentes se desplazaron hasta el lugar y comprobaron que se trataba de una oca que había recibido un fuerte impacto en uno de sus ojos.
El golpe, provocado por una bola de golf lanzada a escasos metros, había dejado al animal dañado. Ante la gravedad de la lesión, fue trasladado de inmediato al Centro Canino y de Adiestramiento Veralcant, donde recibió los primeros cuidados y una valoración veterinaria especializada, según relata a este periódico su director, Pedro Jiménez.



El caso fue puesto en conocimiento del Centro de Recuperación de Especies Amenazadas (CREA), aunque la intervención de este organismo no fue posible al no tratarse de una especie catalogada como protegida. Aun así, lejos de quedar desatendida, la oca permaneció bajo el cuidado del centro, que asumió su recuperación durante los días siguientes.
La evolución fue favorable. Tras comprobar que la lesión había remitido, que el animal se encontraba fuera de peligro y en condiciones óptimas para valerse por sí mismo, este martes se procedió a su puesta en libertad.
La oca ha sido trasladada a un humedal en el que habitan ejemplares de su misma especie, un entorno natural seguro que garantiza su adaptación y reduce el riesgo de que vuelva a sufrir un accidente similar.
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