Eugenio Rodríguez

El colapso definitivo

El escultor Parviz Tanavoli, creador y referente del particular arte pop iraní, produjo en 2005 la escultura «Heech en una jaula», una de las piezas más memorables —y polémicas— de su icónica producción seriada.

En esta obra, Tanavoli muestra, sobre un pedestal de bronce, a una fuerza viva incontenible que se expande desafiando los límites impuestos por una gayola opresiva tan rígida y limitante como incapaz en su labor de contención de lo inevitable.

El decadente régimen de Al-Jamenei, desde su enceguecido pedestal, está tratando igualmente de contener, detener y castigar con la muerte lo inevitable, que es el empuje de las fuerzas vivas que aún quedan en Irán para la creación de un país más libre a través de una heroica reconquista y liberación nacional (patriótica) del secuestro de sus élites.

Es la acción liberadora que deviene de esa esperanza fundante de Byung-Chul Han, que «[t]rabaja para avanzar en plenas tinieblas». Porque, en la decadente oscuridad que ha impuesto Al-Jamenei al mundo persa —que es también informativa—, ha encontrado amparo una represión sin límites que, de tan cruenta, ha horrorizado al mundo libre y resquebrajado ya hasta el silencio de una opinión sincronizada abandonada al islamo-izquierdismo.

«Sin tinieblas no hay luz», recuerda Han.

Desde el amanecer del hombre, el miedo ha sido un instrumento del poder para facilitar a las élites la gestión de sus administrados. Pero sucede que, tarde o temprano, el miedo se pierde.

Los iraníes hace ya tiempo que lo han perdido, pero el coste humano de una revolución es siempre prohibitivo contra un régimen integrista al borde de su colapso definitivo; los mártires se cuentan ya por miles y los heridos por cientos de miles. Ayudar a los iraníes a recuperar su libertad y su futuro es un imperativo moral de Occidente, pero nuestras élites están hoy plagadas de corruptos, traidores y flojos de pantalón.

Todos a una empujando nuestra civilización hacia un punto de no retorno que no queda ya lejos, mientras proclaman obscenamente la necesidad y las falsas bondades de un orden nuevo que es en esencia criminal, para conducirnos a todos a un abismo que en España es de sobra conocido.

El régimen del negacionista Al-Jamenei carga con el lastre de un odio enfermizo hacia Israel y por eso da soporte al terrorismo en la región y aspira a tener un arsenal nuclear propio.

Pero el delirio antisemita y la fabulación de invulnerabilidad no se condicen bien con la realidad militar de Irán, que fue puesta en evidencia el pasado mes de junio, ni con la realidad social y económica de ruina y muerte que tiene al pueblo persa en modo ya de subsistencia, jugándose la vida y muriendo por un incontenible anhelo de libertad.

Le van a faltar mercenarios a Masoud Pezeshkian. El pueblo persa se ha levantado y, en su reconquista nacional y frente a una teocracia rígida, limitante y brutalmente represiva, clama sin miedo por el príncipe heredero Reza Pahlavi, que encarna la unidad de un pueblo, la recuperación de una identidad arrebatada y la esperanza de un futuro en libertad, que vendrá tras la más que probable caída del régimen, por sus propios y sangrientos méritos.

Esa es la disyuntiva iraní: o el amor por lo propio o el odio al enemigo externo, o creación o destrucción, o fuerzas vivas o élites limitantes, o libertad o jaula y carceleros, o reconquista o colapso.

Por su parte, Donald Trump ha impuesto aranceles del 25% a cualquier nación que haga negocios con Irán y está ya listo para intervenir de un modo que, como tenga que darse, no le va a gustar nada a Al-Jamenei, que por sus acciones está haciendo improbable ya incluso que sus propios aliados se impliquen más allá de la mediación y la retórica.

Mientras, la Unión Europea de la parálisis por análisis, las libertades menguantes y las amenazas crecientes que anda haciendo aspavientos por Groenlandia, aún tiene pendiente decidir en qué medidas con impacto real sobre la crisis iraní va a concretarse el politiqués vacío y escurridizo de Roberta Metsola, porque ya no bastan las palabras para ayudar a Irán a ser grande otra vez.