De Juanfra López (Linares, 1971) se ha dicho casi todo. Para explicar los éxitos del linarense hay quien se apoya en su tremenda fuerza física, herencia directa de sus años en el ‘trialsin’ y los hay que prefieren subrayar su técnica. El campeón está como un toro y va sobrado de fuerza competitiva.
En el filo de la pendiente, cuando el aire corta la respiración y la montaña se convierte en una línea vertical hacia el abismo, Juanfra López volvió a escribir su nombre con letras de polvo y coraje. En Otívar, donde la sierra granadina se afila en 1,6 kilómetros de descenso con un desnivel medio del -18,4%, conquistó su undécimo Campeonato de Andalucía. Once veces campeón. Once veces dueño del vértigo.
El Campeonato de Andalucía BTT de Descenso, organizado por el CD Show Time BMX, no regaló nada. El trazado, explosivo y técnico, con salida en el Carril de La Molineta y meta junto a la Piscina Municipal de la localidad granadina, exigía precisión quirúrgica y alma de funambulista. Las lluvias de las semanas previas habían dejado la tierra pesada, traicionera. El viento, en la zona alta, agitaba la concentración como una bandera indómita. El sábado fue un pulso con la montaña; el domingo, un duelo contra el reloj.

En la categoría Máster 50, Juan Francisco López Nava —Juanfra para todos— impuso su ley desde la primera referencia. En la manga clasificatoria detuvo el crono en 3:21, marcando territorio. En la final, pese a un error en la parte baja que le impidió rebajar su registro, cruzó meta en 3:23.42. Fue suficiente. Más que suficiente. La bajada tuvo la firmeza de quien conoce cada piedra y cada sombra, de quien no negocia con el miedo.
La diferencia habló por sí sola. Arnold Kirchmayer se quedó a 17 segundos; Juan Ramón García López, a más de 45. La montaña eligió a su rey y el cronómetro firmó la sentencia.
Pero Otívar no fue solo un título. Fue un comienzo. Juanfra arranca 2026 como campeón andaluz y líder de la Copa de España tras la primera prueba puntuable. Un inicio que no entiende de medias tintas, que suena a declaración de intenciones.
A sus 50 y tantos, cuando otros coleccionan recuerdos, él colecciona descensos imposibles. Cada carrera es una conversación íntima con la gravedad, una apuesta a todo o nada en la que el cuerpo se inclina y la mente decide. Hay ciclistas que bajan; Juanfra vuela raso.
Marzo asoma en el horizonte con nuevos desafíos: el Campeonato de España en Sant Andreu de la Barca, la Copa Pivot Sudamérica y el Campeonato del Mundo Máster en Chile. Más montañas, más viento, más cronómetros esperando. Y él, fiel a su ritual, volverá a colocarse el casco como quien se ciñe una corona invisible.
Porque en cada curva cerrada y en cada salto medido late algo más que un título. Late Linares. Late la obstinación de quien no se cansa de ganar. Y mientras exista una ladera que desafíe al equilibrio, Juanfra López seguirá descendiendo hacia la historia.