El cansancio se nota, pero no empaña la satisfacción. Al otro lado de la mesa hay alguien que lleva meses —en realidad, años— empujando una maquinaria lenta, compleja y muchas veces invisible. Ahora, por fin, llegan los resultados: nuevos títulos, nuevas oportunidades y, sobre todo, una sensación de que algo importante empieza a moverse en la ciudad minera.
Se trata de Manuel Valverde Ibáñez, director de la Escuela Politécnica Superior (EPS) de Linares. Nace en una familia obrera, al calor de un barrio, el de Santa Ana, acostumbrado al esfuerzo y a la incertidumbre, que se construye paso a paso, sin atajos, a base de trabajo y constancia.
Quienes le conocen saben que siempre pueden encontrarlo en ese cruce entre la divulgación científica, la tecnología, la investigación y el análisis.
No vemos con él, en su despacho del Campus Científico-Tecnológico, para intentar abarcar en poco más de una hora todo lo que le interesa, lo que ya es de por sí una ardua tarea. Queremos conocer su visión sobre el presente y el futuro de la Universidad de Jaén en Linares, después de una semana de lo más ajetreada.
Sencillo en las formas y en el fondo, Manuel Valverde irrumpe precisamente ahí donde el discurso dominante no quiere mirar. En momentos como los actuales, en el que los propósitos se deshacen como cenizas en el viento, que una figura con su trayectoria, de lenguajes cálidos y plurales, transite por la EPS linarense es algo que deberíamos celebrar.
—¿Cómo se encuentra?
—Bien, la verdad. Por dentro cansado, porque han sido muchos meses de trabajo muy intenso, pero con una sensación de satisfacción muy grande. Cuando llega una noticia así te das cuenta de que todo el esfuerzo, todo lo que ha costado, merece la pena. Ha habido momentos complicados, de mucha carga de trabajo y de incertidumbre, pero cuando ves el resultado final, compensa absolutamente todo.
—Porque no ha sido precisamente un camino corto…
—No, en absoluto. Nosotros empezamos a trabajar en esto en septiembre de 2023. Desde entonces, el proceso ha sido muy largo y bastante complejo. Primero hay que elaborar informes y enviarlos a la Junta, que tiene que aprobarlos. Una vez aprobados, hay que constituir comisiones internas para desarrollar la memoria de los títulos, y ahí empieza otro recorrido todavía más exigente. Esa memoria tiene que pasar por distintos órganos de la universidad: comisiones de centro, de grado, de máster y doctorado, de ordenación académica, y finalmente por el Consejo de Gobierno. Y en cada uno de esos pasos puede haber alegaciones, modificaciones… Es un procedimiento muy garantista, pero también muy exigente y, sinceramente, bastante tedioso.
—Sin embargo, este año ha ido más rápido que en ocasiones anteriores.
—Sí, y eso es algo que hay que poner en valor. La diferencia fundamental ha estado en la organización de la agencia evaluadora. Este año ha habido una persona dedicada de forma exclusiva a dirigir esos trámites, y eso se ha notado muchísimo en la agilidad. El año pasado, por ejemplo, el informe definitivo de Biomedicina no llegó hasta finales de junio. Sin embargo, este año, los informes de los nuevos títulos han llegado a finales de marzo. Eso supone un cambio muy importante en los tiempos y permite planificar mucho mejor.
—Que se suman precisamente a Ingeniería Biomédica.
—Exacto. Fue un primer paso muy importante y ahora se ve reforzado con estos nuevos títulos. Pero, además, el reto que tenemos por delante es incluso mayor. El próximo paso es implantar un título interuniversitario en Biomedicina, y eso tiene una complejidad añadida muy significativa. Estamos hablando de coordinar universidades distintas, con calendarios académicos diferentes, normativas propias, sistemas de reconocimiento de créditos… Todo eso hay que armonizarlo para que funcione como un único título. Es un desafío importante, pero también una gran oportunidad.
—¿Ha podido descansar después de este logro?
—Algo sí, no te voy a engañar (ríe). He dormido mejor estos últimos días, eso es cierto. Pero la realidad es que no hemos parado. En cuanto se cierra una etapa, ya estás pensando en la siguiente. Tenemos sobre la mesa otro título en el ámbito de los datos y las matemáticas que queremos preparar para enviarlo en septiembre. La idea es que pueda evaluarse el próximo año y, si todo va bien, implantarse en el curso 2027-2028. Es decir, esto es un proceso continuo, no tiene un punto final claro.
—Es decir, que el trabajo no termina aquí.
—Para nada. Además, no solo se trata de crear nuevos títulos, sino también de mejorar los que ya tenemos. Existe la posibilidad de hacer modificaciones para actualizarlos, adaptarlos a nuevas demandas o introducir mejoras. La universidad tiene que estar en constante evolución, y en el ámbito tecnológico eso es todavía más evidente.

—¿Qué supone para Linares esta nueva oferta formativa?
—Representa un salto muy importante. Estamos hablando de ampliar y diversificar la formación que se ofrece en la ciudad, pero también de generar nuevas oportunidades. Por ejemplo, el ámbito biomédico puede parecer a priori menos vinculado al desarrollo local, pero eso es una percepción equivocada. La innovación en salud, la investigación biomédica, tienen un impacto directo en la sociedad y también generan actividad económica, conocimiento y oportunidades. Además, el hecho de tener estudiantes formándose en estas áreas alimenta los grupos de investigación y genera sinergias muy interesantes.
—¿Y en el caso del grado de Industria Digital?
—Ese es otro de los pilares clave. Está orientado a la transformación digital de la industria, que es una necesidad real, no solo de futuro, sino del presente. Las empresas que ya están implantadas en el territorio necesitan perfiles con esa formación. Y lo más importante es que han respondido de forma muy positiva: han firmado convenios para participar en la formación dual, lo que demuestra que creen en el proyecto.
—Eso implica una relación directa entre universidad y empresa.
—Exacto. En el último curso, los estudiantes tendrán la posibilidad de pasar un año completo formándose en una empresa. Es una formación voluntaria, con plazas limitadas, pero muy valiosa. Permite que el alumnado adquiera experiencia real y que las empresas participen activamente en su formación. Es una conexión directa entre el mundo académico y el profesional.
—También llegan nuevos másteres.
—Sí, y uno de ellos es especialmente significativo: el de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Es un máster clásico, de mucho prestigio a nivel nacional. Además, lo desarrollamos en colaboración con otra universidad, lo que refuerza la estrategia de alianzas y nos permite competir con centros más consolidados. También hay otro máster vinculado a la digitalización en el ámbito agrícola, que compartimos con la Politécnica de Jaén.
—¿Se consolida así el carácter científico-tecnológico del campus?
—Yo creo que ese carácter ha estado siempre ahí. Lo que ocurre es que ahora se está reforzando y visibilizando más. Cada vez hay más cultura de innovación, más proyectos de investigación, más conexión con el tejido empresarial. El profesorado está muy implicado en proyectos a nivel autonómico, nacional y europeo, y eso genera un entorno muy dinámico.
—Sin embargo, socialmente todavía cuesta percibir ese cambio.
—Sí, porque durante mucho tiempo ha estado muy presente la idea de la ‘escuela de peritos’. Y es verdad que esa etapa fue muy importante y tuvo un papel fundamental en su momento. Pero la realidad actual es muy distinta. Hoy hablamos de una universidad con todas sus dimensiones: docencia, investigación y transferencia de conocimiento. El profesorado es personal docente e investigador, con una dedicación plena a estas funciones.
—¿Ha cambiado también la posición de Linares dentro de la Universidad de Jaén?
—Sí, y de forma muy clara. Antes podía percibirse cierta distancia, incluso más de la que realmente existe en términos geográficos. Ahora esa distancia prácticamente ha desaparecido. La presencia del campus de Linares en los órganos de decisión es mayor y más activa, y hay una apuesta decidida por parte del equipo rectoral.
—¿Se ha dejado atrás la etiqueta de “patito feo”?
—Sin duda. Ahora mismo hay una apuesta firme por este campus, y eso se refleja en decisiones como la implantación de nuevas titulaciones. Se le está dando el protagonismo que merece dentro del conjunto de la Universidad de Jaén.
—¿Cree que Linares es consciente de lo que tiene?
—Creo que todavía no del todo. Y es algo en lo que hay que seguir trabajando. La universidad es una herramienta fundamental para el desarrollo de la ciudad: permite retener talento, atraer estudiantes de fuera, generar conocimiento y actividad económica. Es un activo estratégico de primer nivel.
—Ha llamado la atención la escasa reacción institucional ante esta noticia.
—Bueno, siempre es positivo que la sociedad en general valore y celebre este tipo de avances. Al final, esto es un beneficio colectivo. Pero más allá de eso, nuestra responsabilidad ahora es dar a conocer bien estas titulaciones, explicarlas y posicionarlas en un contexto cada vez más competitivo.
—Ni siquiera en redes sociales o comunicados oficiales.
—No, al menos yo no lo he percibido. Y es verdad que a veces puede haber contactos más discretos, llamadas o mensajes privados, pero al final lo relevante, cuando hablamos de ciudad, es lo público. Que la gente vea que hay una sintonía, que hay una alegría compartida. Aun así, también quiero decir que sí he visto respuesta por parte de la ciudadanía, de personas a título individual, y eso también es importante. Pero institucionalmente, sí, sorprende.
—¿Le choca especialmente por el tipo de logro del que se trata?
—Claro, porque no estamos hablando de algo menor o puntual. Estamos hablando de conocimiento, de formación universitaria, de oportunidades para los jóvenes, de la posibilidad de que no tengan que marcharse fuera para estudiar. Y también de atraer talento de fuera. Es decir, es un proyecto de ciudad a medio y largo plazo. Y, sin embargo, a veces vemos cómo otras cuestiones con menos impacto generan más visibilidad o más reacción. Eso es lo que, como mínimo, resulta curioso.
—¿Cree que puede influir el contexto político o el debate sobre la financiación universitaria?
—Sinceramente, no debería influir en absoluto. Creo que es un error mezclar planos. Aquí no estamos hablando de política, sino de universidad y de desarrollo. La universidad tiene que estar por encima de esas dinámicas. Y, además, el mensaje que se está lanzando desde la Universidad de Jaén es muy claro: no se está pidiendo nada extraordinario, simplemente que se cumpla lo que está firmado en el modelo de financiación. Ni más ni menos.
—¿Se está politizando en exceso esa reivindicación?
—Puede ser que haya intentos de llevarlo a ese terreno, pero creo que no es el enfoque correcto. El rector lo explicó muy bien: esto no va de ideologías, va de cumplir acuerdos. Y, además, no es una cuestión nueva. Cuando él era vicerrector también tuvo que posicionarse ante gobiernos de distinto signo político. Es decir, aquí lo que se está defendiendo es una cuestión objetiva, basada en datos y en compromisos adquiridos.
—En cualquier caso, ahora el foco está en el futuro inmediato.
—Exacto. Más allá de todo eso, nuestra responsabilidad ahora mismo es otra. Los títulos están aprobados, que era una fase muy compleja, pero ahora empieza un trabajo igual o más importante: darlos a conocer, posicionarlos, hacerlos atractivos. Porque de nada sirve tener una buena oferta si no llega a quien tiene que llegar.
—¿La clave está en la divulgación?
—Sin duda. Y además tiene que ser inmediata. No podemos esperar. La rueda de prensa puede ser el punto de partida, pero ahora hay que ir mucho más allá: institutos, ferias educativas, redes sociales, medios de comunicación… Hay que explicar muy bien qué son estos títulos, qué oportunidades ofrecen y qué salidas tienen. Y hacerlo de forma clara, cercana y constante.
—Porque el escenario ha cambiado con el nuevo mapa de titulaciones. Hay más competencia.
—Totalmente. La Junta de Andalucía ha abierto el mapa de titulaciones y eso significa que todas las universidades, públicas y privadas, están moviendo ficha. Eso genera más oferta, pero también más competencia. Y en ese contexto, destacar no es sencillo. Por eso es fundamental apostar por títulos diferenciadores, como estamos haciendo, pero también por una buena estrategia de comunicación.
—¿Se juega ahí buena parte del éxito?
—Sí, porque al final hay que convencer al estudiante. Tiene que ver claro que ese título le va a aportar valor, que le va a abrir puertas, que le va a permitir desarrollarse profesionalmente. Y eso no se consigue solo con un plan de estudios, se consigue también con una buena narrativa, con cercanía y con presencia.

—También se ha referido al prestigio del centro.
—Sí, y creo que es importante matizarlo. La escuela tiene una base de prestigio muy sólida, construida durante muchos años, tanto en formación como en investigación. Lo que ocurre es que a veces ese concepto se distorsiona. Hay quien asocia el prestigio a otros factores que no tienen tanto que ver con la calidad académica.
—¿Cómo se demuestra ese prestigio?
—Con hechos. Por ejemplo, fuimos el primer centro de ingeniería en Andalucía en obtener una acreditación del sistema de garantía de calidad con el modelo de la Junta. Y ahora estamos en proceso de renovación de ese sello. Eso implica que se están haciendo bien las cosas en todos los ámbitos: docencia, investigación y gestión. Y, además, si preguntas a empresas y empleadores, la valoración de nuestros egresados es muy alta.
—¿Qué dicen los datos de inserción laboral?
—Son bastante positivos. No hablamos de paro cero absoluto, pero sí de cifras muy bajas, en torno a un 5% o un 10% como máximo, dependiendo de la titulación. Y lo más significativo es que el tiempo medio para encontrar el primer empleo no llega al año. Eso demuestra que la formación está alineada con las necesidades del mercado.
—Aunque no siempre ese empleo se queda en Linares.
—Ese es el gran desafío. Ahora mismo no hay suficiente tejido productivo para absorber todo el talento que se genera aquí. Por eso es tan importante que el crecimiento de la oferta formativa vaya acompañado de desarrollo empresarial. Si conseguimos eso, el impacto puede ser enorme.
—Decía antes que lo más duro empieza ahora.
—Sí, sin duda. Si hacemos una analogía con el ciclismo, hemos superado una etapa muy dura, pero ahora vienen las más exigentes. Porque diseñar un título es complicado, pero implantarlo, hacerlo funcionar y llenarlo de estudiantes lo es aún más.
—¿Qué implica esa fase?
—Implica organizarlo todo desde cero: asignaturas, prácticas, coordinación docente, espacios… Cuantas más titulaciones tienes, más compleja es la estructura. Ahora mismo tenemos margen en infraestructuras, pero ojalá lleguemos a tener problemas de espacio, porque eso significará que hay más estudiantes y más actividad.
—¿Cómo se vive todo esto a nivel personal?
—Bueno, algo se nota (sonríe). El ritmo es intenso y la responsabilidad también. Intento cuidarme, hacer deporte cuando puedo, mantener cierta rutina… pero es verdad que hay momentos de mucho estrés. Aun así, compensa cuando ves que el trabajo da resultados.
—Sigue muy ligado a sus raíces de barrio.
—Sí, completamente. Soy del barrio de Santa Ana y eso forma parte de mi identidad. Mantengo la relación con la gente de siempre, seguimos compartiendo momentos, y eso te ayuda a no perder la perspectiva.
—Ese entorno deja huella.
—Muchísima. Es una forma de entender la vida. En casa y en el barrio aprendimos que las cosas se consiguen con esfuerzo, con trabajo y con honestidad. Son valores muy arraigados que te acompañan siempre.
—También ha vivido momentos difíciles vinculados a esa historia.
—Sí. Yo no viví la huelga del 77, pero sí la del 94, y eso te marca profundamente. Ver cómo cambia la situación de un día para otro, cómo una familia pasa de la estabilidad a la incertidumbre… eso te hace ser muy consciente de la realidad. Te enseña a valorar lo que tienes y a no dar nada por hecho.
—¿Eso influye en su forma de afrontar el presente?
—Sin duda. Te da una perspectiva distinta. Te hace entender que todo requiere esfuerzo, que nada es inmediato y que hay que pelear cada paso. Y también refuerza el compromiso con tu entorno, con intentar aportar algo positivo.
—Para cerrar, ¿con qué idea se queda de todo este proceso de transformación que vive la Universidad de Jaén en Linares?
—Con que estamos construyendo algo que puede ser muy importante para Linares. Esto no va solo de implantar títulos, va de generar oportunidades, de crear un modelo basado en el conocimiento y en la innovación. Y eso solo será posible si hay implicación colectiva. Si todos empujamos en la misma dirección, el potencial es enorme.