Sergio Silva, arquitecto de un doblete para la historia

El entrenador linarense del Campillo del Río CF compagina su trabajo de repartidor con la dirección de un equipo humilde al que ha llevado a la gloria en un curso de ensueño

Por:Javier Esturillo
Sergio Silva es manteado por sus jugadores tras conquistar la Copa Subdelegado. Foto: Francisco Mero

El domingo por la noche, mientras buena parte del pueblo celebraba un título que ya forma parte de la historia del Campillo del Río CF, Sergio Silva Jiménez apenas tuvo tiempo para detenerse.

La Copa Subdelegado recién conquistada en Arjona descansaba en algún rincón entre abrazos, fotografías y llamadas de felicitación, pero su cabeza ya estaba en otro lugar, planificando la plantilla de la próxima temporada, los fichajes necesarios y el desafío inminente de competir en Primera Andaluza.

La escena retrata a la perfección el carácter de este linarense nacido en 1995, que llevaba años recorriendo los campos de la provincia con las botas puestas cuando empezó a plantearse que quizá había llegado el momento de cerrar una etapa como futbolista.

Sergio Silva, con su cuerpo técnico y directiva del Campillo del Río CF. Foto: Francisco Mero

Había construido una trayectoria reconocida dentro del balompié jiennense tras dar sus primeros pasos en la antigua Agrupación Deportiva Santa Ana —hoy Linares CF—, debutar con el primer equipo azulillo y defender también los colores del CD Navas y del Úbeda Viva, donde dejó algunas de sus mejores actuaciones.

Parecía el final natural de una carrera larga en el fútbol modesto, pero entonces apareció una llamada inesperada. El Campillo del Río CF, un club de una pedanía de Torreblascopedro que apenas supera los seiscientos habitantes, le ofreció incorporarse a su plantilla.

La propuesta tenía todo el sentido, ya que allí jugaban numerosos futbolistas de Linares y la idea le permitía seguir vinculado al deporte que siempre había marcado su vida. Aceptó inicialmente para mantenerse en forma, pero lo que no imaginaba era que acabaría cambiando el césped por el banquillo, ni que su primera experiencia como entrenador concluiría con un doblete histórico.

Una temporada para enmarcar

El Campillo del Río ha firmado una temporada difícil de olvidar al lograr el ascenso a la Primera Andaluza de Jaén y, apenas unas semanas después, levantar la Copa Subdelegado tras imponerse al Canena Atlético en una agónica tanda de penaltis. Son dos éxitos inéditos para una entidad humilde que ha conseguido abrirse paso frente a clubes con más recursos, más estructura y una tradición mucho más consolidada.

Para Silva, la explicación no se encuentra en ninguna fórmula mágica, sino en la cohesión del grupo. El técnico señala al vestuario. A su juicio, ha sido la clave absoluta, gracias al buen ambiente, el trabajo, la capacidad de sacrificio y el hambre de superarse en cada partido que les han llevado a estructurar un bloque muy sólido. La frase resume una temporada construida desde la unión de un colectivo que ha competido sin grandes nombres, presupuestos llamativos, focos ni ruido. Solo fútbol.

Jugadores y afición celebran el título de la Copa de Subdelegado. Foto: Ayuntamiento de Torreblascopedro y Campillo del Río

Humilde, sencillo y currante

Fuera de los entrenamientos, la vida de Sergio Silva transcurre lejos de cualquier imagen profesionalizada del deporte. Trabaja diariamente como repartidor en Jonasa, una empresa linarense dedicada a la distribución mayorista de alimentación, bebidas y golosinas.

Cuando termina su jornada laboral al volante, cambia la furgoneta por el campo de entrenamiento, y al acabar de dirigir al Campillo del Río todavía le espera otra responsabilidad, ya que también entrena al benjamín A del Linares CF.

Es una vinculación que va más allá de un simple cargo deportivo porque la entidad azulilla forma parte de su propia biografía. Allí empezó todo, allí aprendió a competir y allí soñó con abrirse camino en el fútbol. Por eso le cuesta ocultar cierta tristeza cuando habla de la delicada situación que atraviesa la institución, inmersa en una crisis accionarial que mantiene en vilo a la afición.

Sergio Silva durante su etapa en el filial del Linares. Foto: Manu Ruiz

Dolor por la situación del Linares

Silva admite que duele ver al Linares en esta situación después de lo que costó salir de las categorías más bajas, y añade que el dolor se acrecienta al ver cómo el eterno rival, el Real Jaén, logra progresar haciendo las cosas mínimamente bien.

Habla desde el sentimiento de quien sigue considerándose azulillo pese a que su trayectoria no alcanzó en el club de su ciudad el recorrido que muchos le auguraban. No hay resentimiento en sus palabras, sino la decepción de quien observa cómo una entidad a la que sigue unido emocionalmente atraviesa uno de los momentos más inciertos de su historia reciente.

Ilusión por la nueva temporada

El Campillo del Río, en cambio, vive exactamente la situación contraria y la ilusión se ha instalado en una localidad acostumbrada a mirar el fútbol desde la modestia. El ascenso abre la puerta a enfrentarse a históricos de la provincia, equipos respaldados por municipios más poblados y con mayor capacidad económica.

El reto será enorme y Silva lo sabe perfectamente, por lo que apenas ha habido espacio para celebraciones prolongadas. La permanencia aparece ya marcada en rojo como el gran objetivo del próximo curso en una batalla exigente que será, probablemente, la más complicada desde que asumió el mando.

Pese a ello, si algo ha demostrado esta temporada es que los límites en el fútbol provincial no siempre los marcan los presupuestos ni el tamaño de los municipios, sino los grupos humanos. En Campillo del Río, uno de esos colectivos acaba de escribir la página más brillante de su historia deportiva de la mano de un entrenador que llegó para seguir jugando y terminó convirtiéndose en el arquitecto de un sueño.

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