Hugo Díaz cuelga las botas y deja huérfano al Linares de uno de sus últimos símbolos

El delantero de Almodóvar del Río se retira obligado por una lesión después de seis temporadas de goles, ascensos y partidos inolvidables

Por:Javier Esturillo
Hugo Díaz celebra el tanto anotado ante la Deportiva Minera. Foto: Manu Ruiz

Hugo Díaz ha dicho adiós al fútbol. El delantero de Almodóvar del Río ha anunciado este miércoles su retirada a los 37 años en una emotiva rueda de prensa celebrada en la sede del club, acompañado por el presidente, Javier Vallejo, y del todavía director general, Carlos Hita.

El tobillo derecho, castigado durante los últimos meses y ya incapaz de soportar las exigencias de la competición, ha terminado por poner fecha de caducidad a la carrera de uno de los futbolistas más queridos y determinantes de la historia reciente del Linares.

No era el final que había imaginado. Tampoco el que quería. Pero sí el que la realidad le ha obligado a aceptar. «Ha tocado este final, no es el que quería porque estoy convencido de que con mi forma de ser y de cuidarme me quedaba mucho más tiempo», explicó el delantero después de leer una carta de despedida al fútbol.

Los problemas comenzaron a agravarse entre enero y febrero y, después de meses conviviendo con el dolor, Hugo Díaz entendió que había llegado el momento de parar. «La salud está por encima de todo. Cuando ya no puedes dar todo, creo que era el momento de dar un paso al lado», señaló.

Su despedida llega después de seis temporadas en las que el cordobés ha dejado una huella difícil de borrar. Llegó al Linares en la campaña 2020-2021, con 33 años cumplidos y una trayectoria más que consolidada, y terminó convirtiéndose en mucho más que un delantero. Fue capitán, referente del vestuario, símbolo para la grada y uno de los últimos supervivientes de aquella etapa que devolvió al club a los grandes escenarios del fútbol español.

Hugo Díaz golpea la pelota en un entrenamiento del Linares. Foto: Manu Ruiz

Referente del vestuario

Hugo Díaz se marcha con 193 partidos y 45 goles con la camiseta azulilla. Es, además, el máximo goleador del Linares en Primera Federación. Sus tantos fueron decisivos en el campeonato de Segunda B y en el posterior ascenso a Primera Federación, pero también en los dos play off de ascenso a Segunda División que disputó el equipo.

Y si hay una imagen que resume su relación con el gol es la de aquel tanto al Barcelona. El presidente, Javier Vallejo, recordó precisamente ese momento durante su intervención, aunque quiso poner el foco en algo que considera todavía más importante.

«Lo fácil es quedarse con el gol que le mete al Barcelona, pero yo me voy a quedar con la cantidad de veces que te he visto llorando en el túnel de vestuarios cuando el Linares había perdido», afirmó Vallejo. «Ahí entendí que este hombre vivía el escudo».

El presidente reconoció que el club había intentado incorporar al delantero durante varias temporadas hasta conseguirlo y calificó su llegada como «una de las grandes suertes de esta última etapa». Más allá de los goles, destacó su compromiso diario, su manera de competir y una identificación con la camiseta que trascendió el terreno de juego.

El gol como forma de entender el fútbol

Hugo Díaz siempre tuvo la portería rival en la cabeza. Su carrera está construida alrededor de esa intuición que distingue a los delanteros capaces de aparecer donde otros no ven el espacio. Pero reducirle a sus cifras goleadoras sería quedarse corto.

El atacante de Almodóvar del Río entendió siempre el fútbol desde la movilidad, la inteligencia y la capacidad para mejorar cada jugada. Podía partir de la banda, aparecer entre centrales o alejarse del área para volver a encontrar el camino hacia el remate. Esa facilidad para generar ocasiones, incluso en partidos en los que no estaba especialmente inspirado, fue una de sus grandes virtudes.

En su última etapa, además, volvió a demostrar que el instinto goleador no entiende de edades. La temporada había comenzado con Hugo Díaz como uno de los principales argumentos ofensivos del equipo y llegó a encadenar tres jornadas consecutivas marcando, seis puntos que ayudaron a cortar una mala dinámica y devolvieron al Linares a la pelea por los puestos de promoción.

Su rendimiento no fue una excepción. Durante las últimas seis campañas se convirtió en uno de esos jugadores que la grada reconoce antes incluso de que toque el balón. Un futbolista capaz de hacer del gol una celebración y, al mismo tiempo, del esfuerzo una seña de identidad.

Hugo Díaz anuncia su retirada, flanqueado por Javier Vallejo y Carlos Hita. Foto: Antonio del Arco

Una carrera construida a base de fútbol

Antes de vestir de azulillo, Hugo Díaz recorrió buena parte del fútbol español. Comenzó en Almodóvar del Río y pasó por Montilla, Écija, Pozoblanco, Lucena, Zaragoza B, Puertollano, Balompédica Linense, UCAM Murcia, Real Jaén, Tudelano, Mérida, Atlético Baleares y Salamanca.

En el Real Jaén vivió uno de sus mejores registros goleadores antes de llegar a Linares. En la temporada 2015-2016 alcanzó la docena de tantos, aunque terminó abandonando el conjunto jiennense en la recta final del campeonato debido a los problemas económicos de la entidad.

Después llegaron nuevos destinos hasta que, en 2020, apareció Linares. Lo que comenzó como un nuevo capítulo terminó convirtiéndose en el más importante de su carrera.

El delantero ha sido uno de los pilares de un equipo que vivió ascensos, play off, decepciones y noches que quedarán en la memoria de la afición. Y siempre estuvo ahí. Hasta convertirse en el único superviviente de aquella plantilla de la etapa de Alberto González que devolvió al club a una dimensión competitiva que parecía perdida. Especialmente recordado es su gol en Linarejos en la eliminatoria de Copa del Rey ante el FC Barcelona. Ese tanto deja una de sus imágenes más icónicas con la camiseta azulilla.

Hugo Díaz celebra el tanto anotado ante el FC Barcelona. Foto: Linares Deportivo SAD

«Puedo mirar de tú a tú a cualquier aficionado»

En su despedida, Hugo Díaz quiso mirar hacia atrás sin arrepentimientos. Dio las gracias a todos los clubes que formaron parte de su carrera y, de manera especial, a las personas que estuvieron a su lado durante un camino repleto de viajes, sacrificios y renuncias.

Su familia ocupó un lugar especial en la carta. Sus abuelos, su padre fallecido, su madre, su hermano, su mujer y su hijo recibieron el reconocimiento de un futbolista consciente de todo lo que hay detrás de una carrera profesional.

También tuvo palabras para Cristian Sanz, Carlos Hita y Javier Vallejo, además de para los trabajadores del club, cuyo esfuerzo diario quiso poner en valor.

«Creo que puedo mirar de tú a tú a cualquier aficionado de Linares porque siempre lo di todo por este club y por todos los que he tenido la suerte de defender», afirmó.

Ahora quiere recuperar precisamente parte de ese tiempo que el fútbol le ha quitado. Estar con su mujer y su hijo y comenzar la recuperación de un tobillo que, según reconoció, se encuentra muy deteriorado.

Hugo Díaz se va del fútbol obligado por una lesión, pero no por falta de ganas. Se marcha con 37 años, después de haber apurado hasta el último minuto y con la certeza de haberlo dado todo. Su último rival, como escribió en la carta que leyó ante los medios, llevaba su mismo nombre y vivía en su tobillo.

El fútbol le enseñó a caer, a levantarse y a volver a caer. En Linares también le enseñó a convertirse en leyenda. Y ahora, cuando cuelga las botas, deja un vacío difícil de llenar en un vestuario y en una grada que durante seis temporadas encontró en Hugo Díaz mucho más que un delantero.

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