Daniel Campos

Anatomía del impostor

Se me hace difícil escribir sobre esto. He encontrado, hasta ahora, a varios en mi vida y no descarto —para alivio de mis lectores ocultos, que los tengo— que yo mismo lo sea.

Empezaré por el principio: no fui de los primeros lectores de ‘Soldados de Salamina’; me enganché con ‘Anatomía de un instante’ y, desde entonces, he leído todo lo que ha publicado en formato libro Javier Cercas, además de buena parte de sus artículos. Hoy quiero hablaros de ‘El impostor’, de Enric Marco, y de alguno más de sus personajes.

Ya lo sabéis: en mayo de 2005 el historiador Benito Bermejo desenmascaró a Enric, que se había hecho pasar por prisionero en el campo de concentración de Flossenbürg, además de destacado antifranquista, héroe de la libertad y luchador por la democracia, justo antes del acto de conmemoración del sesenta aniversario de la liberación de los campos de exterminio, en representación de la Amical de Mauthausen. No os contaré yo esa historia; para eso está Cercas.

Pero sí os diré que impresiona y deja un regusto extraño. Cuando Zapatero y su equipo se negaron a que el protagonista de aquellas fantasías participase en el acto, podría parecer un gesto de ética política, de justicia poética. No: no se podía blanquear a quien había jugado con la memoria, el legado de millones de víctimas del nazismo, y había hecho de la mentira una extraña forma de contar verdades. Ojo: de la mentira, contar verdades.

Y es ahí donde me duele la cabeza, pero al revés: de la verdad, contar mentiras. Mientras Enric Marco fue tachado de impostor en 2005 y tuvo casi veinte años para ver su figura convertida en un muñeco de trapo —libros, artículos, documental, película—, aparece otro de los personajes del libro, el protagonista oculto, Zapatero, que hizo de la verdad una forma de mentir. No en la gravedad de sus actos, sino en la lógica de la representación.

Quizá no eran tan distintos, quiero decir. Ambos decían defender los más altos valores, ambos llevaban en su maleta honrosas batallas y ambos tenían una lengua ágil y aguda. Los dos decepcionaron. Uno a las víctimas, y con ello a todos. El otro, con presuntos delitos, a quienes creímos y lo defendimos. No me interesa aquí el juicio penal: Enric Marco nunca fue condenado; de Zapatero aún no lo sabemos. Me interesa el juicio ético. Mejor, la antiética y la antiestética, porque lo que hicieron está feo, muy feo.

No soy de dar ideas, Javier, pero aquí hay materia para un gran libro, quizá el mejor: un thriller psicológico. ¿Quién era el impostor?