Cuando hablamos de series o películas Disney, sabes en dónde nos estamos metiendo. Sabemos en qué baremos se mueven este tipo de productos: amistad, familia y temas con los que nos sentimos cómodos e identificados. Le abrimos la puerta de nuestra casa constantemente a una rata con diversos productos que nos encantan y que nos hacen sentir seguros.
Dentro de todo este conglomerado, una de las cabezas de esta hidra, querido lector, es Disney Channel, un canal que vivió su mejor momento en televisión abierta y que nos ofreció grandes películas que marcaron a mi generación. Si la generación de mis padres tuvo Grease como el musical de sus vidas, nosotros no tuvimos uno: tuvimos cinco. Las tres películas de High School Musical y las dos de Camp Rock.
Creo que no tiene mucho sentido hablar de lo que supusieron estas películas para nosotros. Marcaron un punto en común: lo que había detrás, las canciones y, sobre todo, el lache. Mucho lache.
Camp Rock era especialista en esto. Camp Rock era una película mala. Mala con avaricia. Grabada con poco presupuesto, con unas canciones que, en un musical, deberían hacer avanzar la trama, pero que estaban colocadas como un pegote; unas actuaciones sobreactuadas y una puesta en escena espantosa. Vamos, la película no daba una.
A pesar de eso, fue nuestro fallo. Era mala, pero era nuestra mala. Ni hablar de la segunda película, que, en comparación con la primera, ya perdía mucha identidad para quedarse a medio camino entre la franquicia a la que pertenecía y High School Musical. El fenómeno consolidó a sus estrellas protagonistas, y no voy a hablar de todo lo que han pasado, pero os diré que, en la jerga de los ya no tan jovenzuelos, les pasaron cositas, mi gente…
Dieciséis años después de la segunda entrega nos llega Camp Rock 3, con ganas de resucitar una franquicia de la mano de aquellos que fueron explotados en las dos anteriores. Demi Lovato y los hermanos Jonas producen y vuelven a poner en marcha la máquina de hacer dinero que les sepultó y que les hizo pasar una adolescencia, cuanto menos, curiosa.
Vayamos directos al meollo del asunto. Camp Rock 3 es la mejor película de la franquicia. Así, sin tapujos. A nivel técnico es mejor. A nivel de dirección es mejor. A nivel de actuaciones es mejor —mucho ojo con Liamani Segura, que la vamos a tener hasta en la sopa—. A nivel de canciones no lo es, pero es precisamente ahí donde utiliza la herramienta de la nostalgia y consigue que esta recuela, secuela, reboot o lo que demonios sea funcione.
Cuando empiezas a ver Camp Rock 3, puedes comprobar perfectamente que quienes han hecho esta película han crecido con estas películas y son conscientes de que podrían haber sido mucho mejores. El guion de la película es una cosa curiosa porque, al contrario de lo que mucha gente piensa, está calculado y hecho para cumplir con los «checks» necesarios, pero rápidamente va hacia lo que realmente quiere contar.
Pongo un ejemplo. La película tiene que tener identidad propia, pero también tiene que hacer referencia constantemente a las anteriores. Y esas referencias llegan hasta el punto de convertirse en parte de la trama.
En un momento determinado de la película, «las malas» —que en la anterior ya eran una copia de Hacendado de las Plásticas— vuelven a hacer de las suyas. Aquí son, directamente, una copia de la copia. Que se siente un poco como el siguiente meme:

La película parece saberlo y juega con ello. Una de ellas pública con el móvil un vídeo en el que aparece algo que no debería haber salido a la luz. El problema es que en el campamento los móviles están prohibidos. Todo apunta a que van a expulsar a uno de los protagonistas, hasta que, en la siguiente escena, aplican una lógica bastante más cercana a la realidad y descubren quién ha subido realmente el vídeo.
Es un ejemplo bastante claro de algo que probablemente no habría ocurrido en la primera película. Y yo lo entiendo como una referencia directa a aquella Camp Rock: toma una situación que podría haberse resuelto de la manera más absurda posible y decide que, esta vez, los personajes utilicen un poco el sentido común.
Y ahí está una de las claves de esta tercera entrega. La película está constantemente mirando hacia atrás mientras intenta construir algo propio. Y una de las cosas que consigue hacer, por fin, es convertir el campamento en otro personaje.
Al principio yo no quería entrar. Quería odiar esta nueva entrega porque, básicamente, me estaba diciendo: «Eres viejo. Esto es para los que vienen detrás». Pero, mira, he entendido que los que vienen detrás necesitan esto. Porque dentro de unos años, los que vienen detrás de ellos también les verán como viejos. Y allí estaré yo, más viejo que los viejos nuevos, mirándoles y diciendo: «¿A que jode?».
Así que ahora entiendo esta recuela como Andy entendía que sus juguetes ya no eran necesarios y que debían cedérselos a Bonnie. En conclusión, y para lo que habéis dado click, querido lector: Camp Rock 3 es la mejor película de la saga. Sí. Pero la gracia de Camp Rock era que no era perfecta. Que era mala. Que daba vergüenza ajena. Mucha vergüenza ajena. Así que ahora puedes elegir: ver algo correcto o ver algo que sabes que está mal, pero que no puedes esperar al siguiente momento en el que vuelvas a sentir vergüenza ajena.