Linares está en casi todo lo que Valentín Martínez cuenta de sí mismo. Allí vive buena parte de su familia y allí quedaron los recuerdos de la infancia, los amigos y «alguna historia perdida de amor». Se trasladó a Pamplona, pero sigue visitando la ciudad con mucha frecuencia.
En la capital navarra, donde su madre, Sabrina, linarense por los cuatro costados, trabaja en el Hospital San Juan de Dios, descubrió el teatro. Fue en bachillerato, en el instituto Navarro Villoslada, de la mano de sus profesores Ana Artajo e Ion Martinkorena. A los 18 años recién cumplidos se mudó a Madrid tras aprobar las pruebas de la Resad (Real Escuela Superior de Arte Dramático). Sabe que ese paso ha supuesto un gran esfuerzo para su familia, y quiere pensar que su llegada a esta película es fruto de él.
A Valentín Martínez lo citaron a las doce para su primer casting de ‘La bola negra’. A esa hora se fue la luz en todo el país. Era el día del apagón, y los aspirantes acabaron en un parque cercano, tomando algo con el dinero en metálico que cada uno llevaba encima. Hoy lo recuerda «con mucho cariño».
Una semana después, Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis, les dijeron que estaban dentro. Valentín es uno de los actores más jóvenes del reparto.
Su personaje, Arnal, también es de Linares, aunque la película no lo diga. Con Natalia de Molina, la otra linarense del reparto, no coincidió en el rodaje. La conoció después, en un acto de la productora.
Del éxito de la película habla con humildad. Lo atribuye al equipo y recuerda que, en este oficio, la suerte pesa mucho. Cuando llegue a Linares, quiere llevar a su familia y a sus amigos al cine y, a la mañana siguiente, desayunar una rosca de churros con chocolate. «Y si es con ellos, mejor».

—¿La bola negra está teniendo una repercusión enorme y acaba de representar a España en la carrera hacia los Oscar. ¿Está viviendo estos días un poco en una nube?
—Con toda la entrega de premios que está recibiendo esta película, la verdad es que siento que estoy flotando en una nube. Todo comenzó con el premio a mejor dirección en el Festival de Cannes.
Desde ese momento, la película comenzó a tener mayor renombre y ahí fue cuando empecé a ser consciente del alcance que podía llegar a tener esta producción. Aunque la película hubiese generado expectativas previamente, la entrega de los diversos premios ha hecho de este un proyecto enorme, un hito para el cine español e, inevitablemente, el orgullo de haber podido participar en algo así, junto con recibir tantas felicitaciones de conocidos y desconocidos, genera en mí un sentimiento difícil de explicar, pues es la primera vez que participo en algo así dentro del sector cinematográfico.
Por otro lado, cuando recibí la invitación para ir a la alfombra roja del Festival de San Sebastián, me quedé atónito. En mi vida había acudido a este tipo de eventos y, para qué mentirnos, estaba, perdón por la expresión, cagado. De hecho, varios días después todavía tenía en el cuerpo algo raro que me hacía estar volando, sin creerme que fuese real todo lo que había vivido.
—Cuando entró en el proyecto, ¿pensaba que la película iba a llegar tan lejos y que tendría toda esta repercusión?
—Ni de lejos me esperaba el alcance que tendría esta película. Sabía que sería un peliculón con tan solo leer el guion, pero jamás me habría imaginado que mi primera película fuera a llegar tan lejos. Y hablo en lo personal: desde luego, el alcance mencionado no se debe a mi presencia, ni mucho menos, sino al gran trabajo realizado por el pedazo de equipo que había detrás de todo esto y a la inmensa cantidad de actrices y actores que lo dieron todo por esta película.
Pero verme ahí y formar parte de esto me enorgullece muchísimo, también por lo que cuenta la trama y por lo que hace sentir a los espectadores. Siento que es la película que necesita España ahora mismo.
—Es su debut en el cine y lo hace nada menos que con Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis. ¿Qué supone para un actor que está empezando encontrarse de repente en un proyecto así?
—Desde que entré en este proyecto, todo ha sido un camino lleno de flores. Conocí a Los Javis en las oficinas de las maravillosas directoras de casting Eva Leira y Yolanda Serrano y todo su equipo. Cuando los vi ahí sentados, mirándome y escuchándome con suma atención, solo me quedaba desmayarme.
Yo creo que he vivido una experiencia que, por desgracia, no todo el mundo puede vivir, pues se junta, según dicen, el talento con la suerte, siendo esto último el factor más presente en este mundillo y uno de los que más rabia dan, porque la gente curra y curra sin parar y muchas veces no se consigue lo que queremos. Y, si sirve de algo, os pido que nunca os canséis de currar y de intentarlo.
Pero, volviendo al tema, mi experiencia ha sido de diez. He recibido un trato difícil de superar; nos han cuidado como a sus hijos, nos han respetado y querido a reventar. Es tan fácil trabajar con dos directores que se entienden tan bien y que se comunican con tanta facilidad que es muy complicado no hacer una buena película. Y repito que he sido muy, pero que muy afortunado de haber participado en algo así.
—¿Cómo fue aquel momento en el que supo que había conseguido el papel y que iba a formar parte de ‘La bola negra’?
—El proceso de selección fue bastante curioso y lo recordaré con mucho cariño. El primer casting lo realizamos en grupo el día del apagón. A las 12 nos citaron y a las 12 se fue la luz en todo el país. Después nos fuimos todos los compañeros a tomar algo a un parque que había al lado, juntando todo el efectivo que teníamos.
La semana siguiente conocimos a los directores, quienes nos dijeron que estábamos dentro. Las reacciones eran muy distintas: llanto, risas, shock… Durante los siguientes días me costaba dormir. Estaba tan adrenalínico que me apetecía comerme el mundo de un bocado. La felicidad que yo pude llegar a sentir no la había sentido en mi vida.

—Comparte película con intérpretes como Penélope Cruz, Glenn Close, Lola Dueñas, Antonio de la Torre o Miguel Bernardeau. ¿Cómo se vive un rodaje así cuando está dando sus primeros pasos en la interpretación?
—Recuerdo perfectamente el día que conocí a cada uno de los protagonistas y, aunque no pude coincidir con actores como Antonio de la Torre, Lola Dueñas o Glenn Close, pude conocer a otra gente maravillosa que me cuidó una barbaridad.
Debo destacar el cariño recibido por mi increíble pelotón, por Nuria Mencía, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Guitarricadelafuente, los directores y el maravilloso equipo de producción y dirección que me acompañó durante todo el proceso, y con los que sigo manteniendo una relación brutal después de acabar el rodaje.
Conocer a grandes estrellas da bastante respeto, pero rápidamente se va (aunque la admiración nunca se pierde) cuando llegas a la conclusión de que son personas igual que yo, con sus problemas, sus trabajos, sus dramas, sus rutinas, etc. Me sentiré eternamente agradecido de haber conocido a estas personas y de haber podido compartir tanto tiempo con ellas.
—¿Cómo son Javier Ambrossi y Javier Calvo trabajando con los actores? ¿Qué fue lo que más le sorprendió de su manera de dirigir?
—Es verdad que no puedo comparar el trabajo de estos directores con el de otros, pues no tengo más experiencias con las que poder comparar. Lo que sí puedo decir es que su acercamiento a los actores no entendía de importancia: trataban por igual a todo el mundo, desde la figuración hasta las grandes estrellas y el resto del reparto.
Era sorprendente cómo explicaban y dirigían de manera tan empática. Se aseguraban de que tuvieras claro todo antes de comenzar a rodar. Cualquier propuesta era bienvenida y, en casi todas las ocasiones, acababa formando parte de la secuencia final. Escuchaba a veces cómo la gente agradecía el comportamiento de los directores y de todo el equipo.
Fue un trabajo muy cuidado y mimado. Ellos se aseguraban de que estuviéramos tranquilos, sin nervios y, sobre todo, con ganas de jugar.
—¿Qué recuerdo guarda del rodaje? ¿Hay alguna escena, conversación o momento que se le haya quedado especialmente grabado?
—Hay muchos momentos que guardo del rodaje, pero si tuviera que quedarme con alguno de ellos sería, por supuesto, el día que pisé por primera vez ese set tan realista y vi las grúas con cámaras, todo ambientado de época, a todo el equipo currando, a Los Javis en combo y todo lo que es un rodaje. Creo que ver eso por primera vez impacta mucho.
Es cierto que previamente grabé una pequeña escena para la serie Pura Sangre, pero hasta compañeros míos con más experiencia decían que no habían visto algo igual.
Durante el rodaje había muchos momentos de risa. De hecho, rodando una de las últimas escenas de la película, una de las más importantes, solté un comentario antes de rodar sin intención de provocar nada, pero de repente todo el mundo empezó a reírse. Y he de decir que estaba cayendo una tromba de agua considerable y estábamos calados, con mucho frío, pero hasta en esas situaciones la risa puede ayudar.
Y, por supuesto, hay otros mil momentos, como cuando fuimos todos en grupo al concierto de Guitarricadelafuente, la fiesta de fin de rodaje, las quedadas fuera de las jornadas con todo el equipo… Pero si tuviera que quedarme con algo, sería con el cariño que recibí durante todo el proceso.

—¿Qué significa para usted que Linares esté también presente, de alguna manera, en este proyecto?
—Siempre he tenido muy presente mi ciudad natal: Linares. Al fin y al cabo, gran parte de mi familia vive allí, todos los recuerdos de mi infancia los tengo allí, mis amistades y alguna historia perdida de amor también se queda en el recuerdo de Linares.
Y aunque luego me trasladé a Pamplona, seguía y sigo visitando con mucha frecuencia mi ciudad. De hecho, mi personaje en la película, Arnal, viene desde Linares. Pude dejar mi acento andaluz y, aunque no se hable de ello en las secuencias, yo lo tenía muy presente. En resumen, me acordaba bastante de Linares.
—En la película comparte reparto con otra actriz natural de Linares, Natalia de Molina. ¿Llegó a coincidir con ella durante el rodaje? ¿Cómo fue ese encuentro entre dos intérpretes con raíces en la misma ciudad?
—No coincidí con ella durante el rodaje. La conocí posteriormente en un evento organizado por la productora y ahí pude hablar con ella. Le dije que yo también era de Linares. He seguido viéndola de vez en cuando, aunque no con mucha frecuencia, ya que ella rodaba en otra trama distinta, y siempre ha habido un compañerismo y un respeto magnífico. Supongo que es algo que llevamos los linarenses en la sangre.
—Sus primeros pasos estuvieron vinculados a Pamplona y después llegó Madrid. ¿Cuándo decidió que tenía que marcharte para intentar construir una carrera como actor?
—Fue en bachillerato cuando me decanté por estudiar interpretación, y eso es gracias a Ana Artajo y a Ion Martinkorena, que me hicieron amar el teatro y la interpretación como nunca antes. Los conocí mientras estudiaba en el Navarro Villoslada, un instituto de Pamplona que apostaba por la cultura, el teatro, la literatura y, sobre todo, por la importancia del aprendizaje con el teatro como medio.
La pena es que tras las medidas tomadas contra Ana y Ion, su trabajo ha sido tristemente infravalorado. Actualmente, el taller de teatro que se realizaba en el centro se ha reducido a su mínima expresión y se ha relegado la cultura y las artes escénicas a un segundísimo plano, poniendo el taller en manos de gente que no entiende lo que la inmersión total en el taller suponía para sus participantes.
Volviendo al tema, también tengo que agradecerle a mi tío Óscar Martínez cómo, desde pequeño, me ha ido acercando a este mundillo tan íntimo y bonito.
A Madrid me trasladé con 18 años recién cumplidos, tras aprobar las pruebas de acceso de la RESAD. Supuso y sigue suponiendo un gran esfuerzo para mi familia que yo viva en Madrid, y quiero pensar que entrar en esta película es el resultado de ese esfuerzo tan grande. Como he dicho, fue en ese primer curso cuando hice las pruebas para La bola negra, convirtiéndome en uno de los actores más jóvenes del reparto.
—¿Qué le ha dicho su familia al verle en una película como esta y, además, en un proyecto que ha tenido tanta repercusión?
—Mi familia está súper orgullosa de que haya conseguido todo esto, pero lo que más desean en este mundo es que esto sea tan solo el comienzo. Desde el primer día, cuando recibieron mi llamada diciéndoles que estaba dentro, me han tratado de ayudar en todo lo posible, aun sin entender nada de cómo funciona todo esto. Me emociona mucho pensar cómo se tienen que estar sintiendo ellos. Todo esto lo he hecho principalmente por ellos.

—Después de una experiencia como esta, ¿hacia dónde quiere encaminar su carrera? ¿Le gustaría seguir vinculado al cine, explorar la televisión, volver al teatro…?
—El mundo de la interpretación es tan amplio que no podría decantarme por nada en específico. Tanto el cine como el teatro me interesan por igual, aunque es cierto que son interpretaciones muy distintas, pero cada una te provoca unos sentimientos y emociones totalmente diferentes.
Yo soy de los que piensan que hay que experimentar todo lo posible. Tenemos que conocernos como actores y actrices, nos guste más o menos. No hay que cerrarse a nada.
La interpretación es un universo lleno de planetas con agua y sin agua, estrellas activas y apagadas, agujeros negros abiertos o por abrir y otros infinitos elementos que hay que conocer y atravesar para comprender nuestro oficio.
—’La bola negra’ ha supuesto un comienzo difícil de imaginar para cualquier actor que está dando sus primeros pasos. ¿Qué tipo de personajes o proyectos le gustaría encontrar a partir de ahora?
—Como he dicho anteriormente, estoy abierto a todo. Me gustaría hacer comedias, dramas, thrillers, series, películas, obras de teatro, musicales, tal vez. Hacer desde un comisario hasta un personaje del Siglo de Oro.
Probando es como más se aprende. Hay que experimentar, llenarse de vivencias, enriquecer nuestra cabeza, ponernos retos que quizá son imposibles, pero si no nos los ponemos no sabremos hasta qué punto son imposibles.
—Sabemos que pronto estará de nuevo por Linares. ¿Qué significa para usted volver a casa después de todo lo que ha vivido en estos últimos meses y qué le apetece especialmente hacer cuando esté allí?
—Cuando vuelva a Linares, lo primero que haré será juntar a toda mi familia y amigos e ir directamente al cine para ver la película, ya no porque aparezca yo, sino porque quiero que escuchen el mensaje que la película les tiene preparado. Quiero que vean una obra de arte, un espectáculo visual, poesía hecha película.
Y, por supuesto, disfrutar de su compañía, escucharles y, a la mañana siguiente, comerme una buena rosca de churros con chocolate. Y si es con ellos, mejor.
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