Hubo un tiempo en que Linares respiraba hierro, humo y sirenas de fábrica. Durante décadas, la ciudad jiennense fue uno de los grandes polos industriales del sur de España. La minería primero, y después la automoción con Santana Motor, marcaron el pulso de una economía que parecía destinada a girar eternamente alrededor de la industria. El cierre de la histórica factoría en 2011 dejó un vacío económico y emocional difícil de llenar. Quince años después, la ciudad intenta reconstruir ese relato industrial, esta vez con nuevas piezas sobre el tablero.
Hoy Linares vive una segunda oportunidad. No es el mismo modelo ni el mismo ritmo, pero el sector industrial vuelve a emerger como el eje sobre el que gira su recuperación económica.
Una ciudad que vuelve a mirar a la fábrica
En un contexto provincial donde el empleo industrial ha sufrido retrocesos, Linares ha mostrado una resistencia poco habitual. En el tercer trimestre de 2025 la contratación industrial en la ciudad creció un 3,77% y sumó 220 nuevos contratos, mientras que en el conjunto de la provincia de Jaén la población activa industrial caía más de un 11%.
Ese contraste explica buena parte de la actual transformación del tejido económico local. Mientras el comercio y los servicios muestran señales de estancamiento, la industria vuelve a convertirse en el refugio laboral de la ciudad.
Pero la nueva industria linarense ya no se parece a la del pasado. El viejo monocultivo del automóvil ha dado paso a un ecosistema mucho más diverso, donde conviven la fabricación avanzada, la tecnología, la energía y la defensa.

El renacimiento del complejo Santana
El corazón de esa transformación late en el antiguo complejo de Santana Motor. Lo que fue una fábrica de todoterrenos es hoy un parque empresarial que busca atraer proyectos industriales vinculados a la innovación y la movilidad.
Las administraciones han apostado por convertir este espacio en un polo tecnológico. El plan de reindustrialización incluye nuevas naves, oficinas y un edificio para empresas y emprendedores que servirá de plataforma para la implantación de nuevos proyectos industriales.
En paralelo, se están destinando inversiones públicas para mejorar infraestructuras y facilitar la llegada de empresas, dentro de la estrategia autonómica de revitalización industrial de la provincia.
El objetivo es claro: que el antiguo símbolo de la crisis industrial de Linares se transforme en el motor de su recuperación.
Automoción, defensa y tecnología
La industria que regresa a Linares no es idéntica a la que se marchó. El sector del automóvil vuelve a aparecer en el horizonte, pero con un modelo mucho más flexible y globalizado.
Una nueva planta vinculada a Santana Motors prevé ensamblar vehículos todoterreno y SUV con una producción estimada de 20.000 unidades en tres años y la creación de unos 170 empleos.
A esa reactivación se suma la llegada de nuevas industrias relacionadas con la defensa. La empresa tecnológica Escribano Mechanical & Engineering proyecta instalar en el parque Santana una planta para fabricar vehículos militares, con una previsión inicial de alrededor de 150 puestos de trabajo.
Este tipo de proyectos encaja con el ecosistema industrial que se está configurando en torno al futuro Centro Tecnológico de Desarrollo y Experimentación (Cetedex) en la provincia, que aspira a convertir el territorio en un nodo estratégico de la industria de defensa.

Un tejido industrial más diverso
Más allá del parque Santana, el sector industrial de Linares se sostiene sobre una red de empresas consolidadas que han sobrevivido a la crisis de la última década.
Compañías vinculadas a la fabricación avanzada, la ingeniería o la industria energética conviven con industrias tradicionales de alimentación o metal. Este mosaico empresarial incluye firmas tecnológicas, centros de ingeniería y servicios industriales que operan en mercados internacionales y generan empleo cualificado.
La ciudad también intenta aprovechar su conexión con la Universidad de Jaén y el campus científico-tecnológico para retener talento y alimentar este nuevo tejido productivo.
Entre la memoria y el futuro
La industria sigue siendo, en Linares, algo más que un sector económico. Es parte de su identidad colectiva. Durante años, la ciudad cargó con el estigma de haber perdido su gran fábrica. Hoy, sin embargo, el relato empieza a cambiar. El modelo industrial que emerge es más pequeño, más tecnológico y menos dependiente de una sola empresa, pero también más resiliente.
Linares no volverá a ser la ciudad de los miles de trabajadores entrando a una única factoría. Pero puede convertirse en algo distinto: un ecosistema industrial capaz de reinventarse.
En una provincia donde el empleo depende todavía en gran medida del olivar y del sector público, la ciudad vuelve a recordar una vieja lección: que el futuro, aquí, sigue escribiéndose dentro de una nave industrial.