Cástulo desentierra el origen del aceite de oliva en Jaén

Una investigación de la Universidad de Jaén sitúa las primeras evidencias de producción de aceite en el siglo I d.C. en enclaves como el linarense y Marroquíes Bajos

Por:Javier Esturillo
Visitantes al yacimiento de Cástulo, con el inconfundible mar de olivos que rodea la zona. Foto: Junta de Andalucía

Un equipo de investigadores de la Universidad de Jaén ha logrado arrojar nueva luz sobre los orígenes de la olivicultura en la provincia. Los resultados de un estudio desarrollado durante los últimos años han permitido identificar evidencias directas del cultivo del olivo en el Alto Guadalquivir desde el siglo I antes de Cristo, así como constatar que la producción de aceite ya estaba presente en enclaves como Cástulo, en Linares, durante el siglo I después de Cristo.

El hallazgo forma parte del proyecto de investigación ¿Quién levantó los olivos?, impulsado por el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén y financiado por la Fundación BBVA a través de las becas Leonardo. Sus conclusiones fueron presentadas durante las I Jornadas de Arqueología de la Olivicultura, celebradas recientemente en la UJA.

Pruebas más antiguas

Las pruebas más antiguas del cultivo del olivo han sido localizadas en yacimientos como El Cerro de la Atalaya, en Higuera de Arjona, y el Cerro de los Vientos, en Puente del Obispo. Gracias a dataciones radiocarbónicas realizadas sobre restos arqueobotánicos, los investigadores han podido establecer con precisión el momento en que el olivo comenzó a formar parte del paisaje agrícola de la provincia.

Los datos obtenidos apuntan a que la expansión de este cultivo estuvo estrechamente vinculada al proceso de romanización del territorio. A medida que Roma consolidaba su presencia y organizaba el Alto Guadalquivir, el olivo fue extendiéndose de forma gradual hasta convertirse en uno de los pilares económicos de la región.

Intervención de la investigadora Eva Montes, durante las I Jornadas de Arqueología de la Olivicultura. Foto: Universidad de Jaén

La investigadora de la Universidad de Jaén Eva María Montes Moya, coordinadora científica de las jornadas, destaca que las evidencias directas de producción de aceite aparecen algo más tarde. “Es a partir del siglo I d.C. cuando encontramos pruebas claras de elaboración de aceite en lugares como Cástulo y Marroquíes Bajos”, explica.

Aunque los investigadores todavía no han podido identificar con exactitud cuáles fueron los primeros centros productores, el estudio permite reconstruir una parte fundamental de la historia económica y agrícola de Jaén.

Análisis

Otro de los aspectos más destacados de la investigación ha sido el análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno en restos vegetales. Esta metodología ha permitido obtener el primer registro isotópico de plantas de crecimiento lento en el Mediterráneo occidental y conocer las condiciones ambientales en las que crecieron los olivares durante más de un milenio.

Las conclusiones indican que, en términos generales, los olivos jiennenses fueron cultivados en condiciones de escasa disponibilidad de agua, similares a las actuales explotaciones de secano. Sin embargo, los científicos han detectado algunos periodos concretos en los que existió una mayor presencia de recursos hídricos, especialmente durante las épocas Altoimperial, Emiral y Califal.

Estas variaciones podrían estar relacionadas tanto con cambios climáticos como con distintas formas de gestión agrícola o con un acceso desigual al agua. Precisamente, esos momentos coinciden con etapas de expansión e intensificación del cultivo del olivo documentadas en diferentes asentamientos del Alto Guadalquivir.

Uso de abonado orgánico

Además, los análisis revelan que el uso de abonado orgánico era una práctica habitual desde al menos el siglo I a.C. y se mantuvo durante siglos. Esta continuidad demuestra que los agricultores de la antigüedad desarrollaron estrategias para conservar la productividad de los olivares, conscientes ya entonces de la importancia económica de este cultivo.

La investigación no solo permite conocer mejor cuándo llegaron los primeros olivos a la provincia de Jaén, sino también cómo fueron gestionados y explotados por las distintas sociedades que habitaron el territorio. Un legado agrícola cuya huella sigue definiendo hoy la identidad y el paisaje de la principal provincia olivarera del mundo.

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