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Redacción

Editorial | Recuperar la credibilidad tras el 28M

La política, la economía y la propia ciudad sufrirán si los partidos no alcanzan un gran pacto para luchar de manera conjunta por los intereses de los linarenses

El próximo domingo los linarenses están llamados a las urnas para elegir la nueva Corporación Municipal. De sus votos, saldrá el alcalde o alcaldesa que deberá regir los destinos de la ciudad los próximos cuatro años. Atrás queda un mandato para olvidar. Quizá el peor de la democracia, con un nivel político que ha rozado el esperpento en determinados momentos.

Cada vez son más las voces ciudadanas que sitúan a la clase política como la responsable de todos los males que nos suceden. Esas mismas voces piensan que gran parte de nuestros problemas se reduce a una ‘élite’ que es incapaz de asumir su parte de responsabilidad, puesto que ello le alejaría de su principal interés: hacerse con el poder.

¿Es la clase política la única responsable? ¿Nadie más tiene responsabilidades en esta crisis que vive la ciudad? Intentar explicar cualquier fenómeno social, económico o político por un único factor es algo más que una ingenuidad. Existen numerosas razones para pensar que todos tenemos nuestra parte de culpa.

Sin embargo, el ambiente tóxico que envuelve a Linares no ayuda, principalmente porque está jadeado por algunos políticos que, desde sus redes sociales, alientan a las masas para que vea solo una versión de los hechos, muy alejada de la realidad como demuestran los datos y las sentencias judiciales.

Refugiados en ese ‘populismo de barra de bar’ solo se dedican a despreciar lo ajeno y adjudicarse éxitos inexistentes. Pese a todo, Linares necesita recuperar la credibilidad a través de una serie de decisiones políticas encaminadas a resolver los verdaderos problemas de la ciudadanía.

El deterioro de la economía y de la propia sociedad linarense está diagnosticado desde hace años. Los saben todas las administraciones. Si el nuevo Ayuntamiento que surja tras el 28M continúa por la senda del anterior, se va a producir una profunda deslegitimación de la democracia, algo que se añadiría a algunos procesos también preocupantes.

Hay que dejar a un lado el ego desmadrado y las ambiciones pueriles de algunos de los candidatos y candidatas. Las soluciones demandan políticos de altura, que miren por el interés general y no por su ombligo. Esperemos que los ciudadanos sean capaces de discernir entre estos males, toda vez que sus dirigentes parecen renunciar a la responsabilidad de hacerlo por sí mismos.

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