Linarejos se fue apagando poco a poco. No por falta de luz, sino de ilusión. La tarde-noche que debía dejar buenas sensaciones en el Trofeo Ciudad de Linares terminó con la afición recogiendo sus cosas antes de tiempo, con ese silencio que aparece cuando el resultado pesa menos que las sensaciones.
El cero a dos de la UD Melilla, equipo del Grupo IX de Tercera Federación, fue la fotografía final de un partido en el que el conjunto visitante se mostró superior durante demasiados minutos y en el que el Linares apenas encontró argumentos para cambiar el rumbo de la historia.
Miguel Rivera, de regreso a un estadio que conoce bien, había preparado un Melilla con varios cambios respecto al equipo que se enfrentó al CD Rincón. Los azulinos, esta vez vestidos de blanco, salieron sin complejos. Y enseguida se adueñaron del balón, de los espacios y del ritmo. Enfrente, un Linares al que le costó entrar en el partido y que pronto descubrió que la diferencia de categoría no iba a pesar sobre el césped.
El primer aviso serio llegó demasiado pronto. En el minuto 7, Elliot encontró el espacio suficiente para armar la pierna y soltó un disparo seco, potente, de esos que no necesitan demasiadas explicaciones. El balón voló hasta la escuadra de la portería linarense. 0-1.
El Melilla no se conformó. Siguió jugando con la tranquilidad de quien sabe lo que quiere hacer y encontró en Robinho una de sus principales amenazas. Hubo ocasiones para haber ampliado la ventaja, aunque el segundo tanto se resistió durante la primera mitad.
Al Linares le tocaba remar contracorriente. Y todavía más después del minuto 20, cuando se quedó con un jugador menos por la expulsión de Argüelles tras una dura entrada sobre Elliot. El escenario se complicaba, pero el equipo local tuvo arrestos para buscar alguna respuesta. También hizo trabajar a Óscar, titular en la portería melillense, en alguna de sus aproximaciones.

No fue suficiente. El descanso llegó con el 0-1 y con la sensación de que el Melilla había tenido el partido bajo control durante demasiados minutos. Rivera refrescó su equipo al comienzo de la segunda parte con tres cambios. Alejandro, De la Osa y Al-Azami saltaron al césped. Y precisamente este último tardó muy poco en dejar su firma en el trofeo.
Corría el minuto 51 cuando Fran Bueno puso un balón al espacio y Al-Azami leyó la jugada a la perfección. El delantero hispano-marroquí ganó la espalda a la defensa y definió con mucha calidad ante la salida del guardameta. Ahí se acabó prácticamente el partido.
El Melilla jugó con la ventaja y con un hombre más. El Linares trató de buscar alguna grieta, pero cada minuto que pasaba hacía más evidente el dominio visitante. Los de Rivera incluso dispusieron de alguna oportunidad para hacer todavía más grande la diferencia. El marcador ya no se movió.
El Trofeo Ciudad de Linares se marchó a Melilla para decepción de una afición minera que esperaba mucho más de su equipo que generó demasiadas dudas a menos de dos semanas para recibir al Ciudad de Lucena en el primer partido oficial del curso. El equipo proyecta los mismos problemas en casa que la temporada pasada. No se ve mejoría alguna e incluso en algunas líneas ha empeorado.


Fotos: Ayuntamiento de Linares