El fútbol, a veces, se detiene. Baja el pulso competitivo, guarda silencio y mira más allá del resultado. Así arrancó la comparecencia de Miguel de la Fuente, entrenador del Linares, en la previa del duelo ante el Estepona de este domingo en el Municipal de Linarejos. No hubo táctica ni clasificación en primer término, sino memoria. Y emoción.
El técnico quiso dedicar sus primeras palabras a María Camaño, “la princesa futbolera”, fallecida esta semana tras una larga enfermedad. Su figura, convertida en símbolo de lucha y amor por el deporte, sobrevoló una sala de prensa que entendió desde el primer instante que aquel partido empezaba en otro lugar. “Ha sido un ejemplo, y ojalá ese ejemplo de fuerza y coraje pueda servirnos a todos. Vamos a seguir sonriendo, pase lo que pase”, expresó De la Fuente, en un mensaje que trascendía lo estrictamente deportivo.
Superado ese instante de recogimiento, el análisis regresó al césped. El Linares se mide a un Estepona en pleno crecimiento competitivo, uno de los equipos más sólidos del tramo reciente de la temporada. El entrenador azulillo no escatimó en elogios hacia su rival. “Es un equipo muy en forma, sería segundo en la segunda vuelta y nos va a medir”, advirtió, consciente de la exigencia que plantea el encuentro.
Los números respaldan esa advertencia. El conjunto malagueño se ha convertido en el segundo mejor equipo del Grupo IV en las diez últimas jornadas de Liga, firmando una dinámica que lo sitúa entre los aspirantes más fiables del campeonato. Su rendimiento en la segunda vuelta es aún más revelador: suma 26 puntos en 14 partidos, con un balance de siete victorias, cinco empates y solo dos derrotas, cifras propias de un equipo con ritmo de promoción de ascenso.
En clave clasificatoria, la prudencia sigue marcando el discurso del vestuario linarense. Con 44 puntos en el casillero, el Linares acaricia la permanencia, pero De la Fuente rehúye cualquier atisbo de relajación. “Hasta que no sea matemático no podemos dar nada por hecho”, subrayó. Una línea coherente con su mensaje desde que asumió el cargo: competir cada jornada como si fuera decisiva.
Esa misma lógica se extiende al horizonte del club y su propio futuro. El técnico evitó proyectarse más allá del presente inmediato, aunque dejó entrever una predisposición positiva a continuar. “Hasta que no tengamos el objetivo en la mano no quiero saber nada del año que viene”, afirmó, sin cerrar la puerta a seguir liderando el proyecto.
Sin promesas grandilocuentes ni objetivos añadidos, De la Fuente fijó el rumbo con claridad. El Linares no mira más allá de su siguiente paso. “El reto es sumar los máximos puntos posibles”, concluyó.
En un fútbol tantas veces devorado por la urgencia, Linares encontró en su entrenador una pausa necesaria. Un recordatorio de que, antes que la clasificación, están las personas. Y que hay victorias que no se celebran en el marcador, pero que permanecen para siempre.