La estación de tren de Linares-Baeza amaneció envuelta en un silencio extraño, espeso, casi tangible. No era el mutismo propio de la espera ni una pausa en la cadencia ferroviaria, sino un silencio de duelo.
Durante cinco minutos, trabajadores de Adif y Renfe, viajeros y vecinos de la Entidad Local Autónoma detuvieron la rutina para rendir homenaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz, una tragedia que ha dejado una herida abierta en Andalucía y en el resto del España.
El silencio, sostenido y conmovedor, se convirtió en un lenguaje común. Nadie habló. Nadie se movió. Las miradas se clavaron en el suelo, los gestos se contuvieron con esfuerzo y los rostros reflejaron una tristeza que no necesitaba ser nombrada. En un espacio donde el tiempo suele medirse por llegadas y salidas, la ausencia de ruido subrayó con crudeza la magnitud de la pérdida.

Trabajadores de la estación, maquinistas, personal de tierra y viajeros circunstanciales compartieron un mismo gesto de respeto. Algunos cerraron los ojos. Otros dejaron la mirada suspendida en la Plaza de las Palmeras, como buscando respuestas en el vacío. Hubo lágrimas discretas, inevitables, que afloraron sin estridencias, vencidas por el peso de lo ocurrido. La escena, austera y sobria, adquirió una fuerza simbólica que trascendió el propio acto.
El homenaje concluyó con un aplauso largo, contenido y profundamente emotivo. No fue un estallido, sino una despedida pausada, casi susurrada, que resonó entre los muros de la estación como una forma de acompañar a quienes ya no están y de abrazar, desde la distancia, a sus familias. Un aplauso que rompió el silencio sin disipar el dolor, pero que permitió compartirlo.


Durante unos minutos, Linares-Baeza dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un espacio de memoria. Un recordatorio de que incluso en los escenarios más cotidianos la tragedia irrumpe y obliga a detenerse, a mirar alrededor y a reconocerse en el dolor ajeno. Porque hay silencios que no vacían, sino que lo dicen todo.
El presidente del comité de Adif en la provincia, Gregorio Garzón, explicó que “todo el sector está completamente consternado”, y que, aunque “son momentos muy difíciles”, lo importante ahora es esperar por los resultados de la investigación y saber qué es lo que realmente pasó en localidad cordobesa de Adamuz.
Junto con el comité de empresa han estado presentes otros representantes sindicales, como la secretaria general de Comisiones Obreas en Jaén, Silvia de la Torre García.





Tragedia ferroviaria
La tarde-noche de este pasado 18 de enero de 2026, cerca de las 19:45 horas, dos trenes de alta velocidad colisionaron en las inmediaciones de Adamuz, en la provincia de Córdoba, en uno de los accidentes ferroviarios más graves de las últimas décadas en España.
El choque se produjo cuando un tren de la compañía Iryo, que viajaba desde Málaga con destino a Madrid, descarriló y invadió la vía opuesta, impactando contra otro tren Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario, en dirección a Huelva.
Las autoridades han confirmado al menos 41 personas fallecidas y centenares de heridos, muchos de ellos en estado grave, aunque se mantiene la operación de búsqueda y recuperación entre los restos de los trenes.
Las labores de rescate y recuperación se han visto complicadas por la ubicación remota del lugar del siniestro y por la magnitud del impacto, que lanzó vagones fuera de la vía y requirió el despliegue de maquinaria pesada para acceder a las zonas más inaccesibles. Este martes, aún en plena conmoción, continúan esas labores en Adamuz, epicentro del desastre a donde también en esta jornada han acudido los Reyes.