Galería | El legado minero de Linares convertido en vertedero clandestino

La Mina-Fundición La Tortilla, incluida en la Lista Roja de Hispania Nostra, sucumbe entre ruina y basura ante la pasividad de las autoridades y el incivismo ciudadano

Por:Javier Esturillo
Resto de basura y escombros a las puertas de la Mina-Fundición La Tortilla. Foto: Javier Esturillo

La desidia institucional y la falta de civismo han terminado por cercar a la Mina-Fundición La Tortilla, uno de los símbolos más poderosos del pasado industrial de Linares. Lo que un día fue orgullo tecnológico y motor económico yace hoy convertido en un vertedero a cielo abierto que hiere la memoria colectiva.

Allí donde debería levantarse un espacio de interpretación histórica, capaz de explicar cómo esta factoría fue la primera de España en completar todo el proceso productivo del plomo, se amontonan ahora los residuos de un presente que parece no reconocerse en su propio pasado.

Basta caminar por los senderos del paraje del Cortijo de la Vega para entender la magnitud del abandono. La inclusión del complejo en la Lista Roja de Hispania Nostra no es una advertencia simbólica, sino el reflejo de una degradación palpable.

Mientras la entidad alerta del riesgo estructural de sus chimeneas y de las grietas que amenazan con derrumbar décadas de historia, a ras de suelo la escena es todavía más descarnada. El paisaje se fragmenta en islas de basura: montañas de escombros, sacos de cemento reventados, muebles destripados, cajoneras blancas abiertas como esqueletos domésticos bajo el sol.

En los márgenes de los caminos, el negro de los tubos y el cableado calcinado dibuja cicatrices recientes. Son restos de hogueras furtivas, piras improvisadas que dejan un olor acre y una huella tóxica sobre la tierra para extraer el cobre.

A pocos metros, la basura orgánica se descompone sin control. Decenas de naranjas y frutas abandonadas se pudren junto a cajas de cartón húmedas, atrayendo insectos y contaminando el sustrato. Más adentro, entre la maleza que resiste, aparecen latas de aluminio, botellas de vidrio, sanitarios fracturados, lavabos que emergen como fósiles de cerámica en mitad del matorral. No es un vertido aislado: es una acumulación constante, sistemática, que convierte el patrimonio en escombrera.

El contraste resulta devastador. Desde 2012, el complejo está inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, una protección que en la práctica no ha evitado su deterioro. Solo la perseverancia del Colectivo Arrayanes mantiene viva la reivindicación de un Centro Andaluz de Arqueología Industrial que dignifique el enclave y lo conecte con el futuro. Pero el empuje ciudadano tropieza una y otra vez con la lentitud administrativa y la falta de una estrategia decidida.

La Tortilla fue referente tecnológico en la era de Thomas Sopwith, símbolo de una Linares que miraba a Europa y lideraba la innovación minera. Hoy, sin embargo, sobrevive asfixiada bajo capas de suciedad y silencio. Donde antes hubo progreso y ambición industrial, quedan los restos de la indiferencia. Y la sensación amarga de que, durante demasiado tiempo, se dejó a su suerte el legado que hizo grande a toda una ciudad.

Fotos: Javier Esturillo
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