Hay trayectorias que no necesitan estridencias para dejar huella. La de Dolores Pérez Acuña (Linares, 1959) es una de ellas: discreta, constante, sostenida en el tiempo por una vocación que ha atravesado décadas de transformación urbana sin perder el pulso de lo esencial. Su nombre no suele ocupar titulares, pero está inscrito, de forma silenciosa, en la propia fisonomía de la ciudad.
Se formó en el colegio de La Presentación y en el Instituto de Bachillerato Huarte de San Juan antes de dar el salto a Sevilla, donde cursó sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Allí obtuvo en 1985 el título de arquitecta, con especialidad en Urbanismo y Edificación, en una época en la que la presencia femenina en las aulas —y, sobre todo, en los despachos de decisión— todavía era minoritaria.
Terminada la carrera, regresó a Linares. Lo hizo con una doble determinación: ejercer la profesión y abrirse camino en la administración pública. Mientras colaboraba en el estudio del arquitecto Pedro Martínez García, preparaba las oposiciones que, años más tarde, marcarían un punto de inflexión no solo en su biografía, sino también en la del propio Ayuntamiento.


Pionera
En febrero de 1991 tomó posesión como arquitecta municipal, convirtiéndose en la primera mujer que accedía a ese puesto por oposición libre en Linares. No fue un gesto simbólico, sino el inicio de una etapa en la que su trabajo quedaría ligado a algunos de los procesos urbanísticos más relevantes de la ciudad contemporánea.
Entre ellos, su participación en el desarrollo del Plan General de Ordenación Urbana de 1996, aún vigente, que trazó las líneas maestras del crecimiento y la ordenación del municipio en las últimas décadas. Desde entonces, su labor en el Departamento de Urbanismo ha estado marcada por una idea persistente: la defensa de la legalidad urbanística como garantía del interés colectivo.
Quienes han compartido responsabilidad con ella destacan una ética de trabajo basada en la constancia y el rigor. Antonio Garrido de Toro, actual concejal de Urbanismo, subraya su capacidad de esfuerzo y su compromiso con la función pública, rasgos que han definido una carrera alejada de protagonismos pero profundamente influyente en la gestión diaria de la ciudad.
Dolores Pérez Acuña ha sido, ante todo, una funcionaria. En el sentido más pleno del término: alguien que entiende la administración como servicio. Su trayectoria se ha construido desde esa convicción, apoyando el trabajo de sus compañeros y ejerciendo como garante de procedimientos que, aunque a menudo invisibles para el ciudadano, sostienen el equilibrio entre desarrollo y orden.
Esta semana, la alcaldesa, Auxi del Olmo, la recibirá con motivo de su jubilación en un acto que se ha convertido en tradición para quienes cierran su etapa profesional al servicio de lo público. Será un reconocimiento institucional, pero también, en cierto modo, una forma de señalar una evidencia: que hay ciudades que se explican mejor a través de quienes las han pensado y cuidado en silencio. La de Linares, en buena medida, también lleva su firma.
querida amiga Lolín, querida compañera Dolores. Aprovecho esta ocasión para mandarte un fortísimo abrazo y felicitarte también por tu brillante trayectoria profesional llevada a cabo precisamente en tu ciudad de origen. Ojalá la vida te regale lo mejor de lo mejor en este nueva etapa que abres.