Hay futbolistas que pasan por los clubes… y otros que se quedan a vivir en ellos para siempre. Joaquín Jiménez López, más conocido como Peiró, pertenece a esta segunda categoría. De los que sienten el escudo como una extensión de la piel, de los que hablan de su equipo con emoción intacta, como si el tiempo no hubiera pasado. Lo suyo es fútbol de verdad, de café, copa y puro.
Nació en Linares el 7 de agosto de 1954 y creció entre la calle Serrallo y el barrio de Cantarranas, donde empezó a dar sus primeras patadas a un balón. Allí comenzó un idilio que ya nunca se rompería. Pronto ingresó en las categorías inferiores del Linares, donde su talento no tardó en llamar la atención.
Con apenas 16 años debutó con el primer equipo en el antiguo Estadio El Vivero de Badajoz, en una Tercera División muy distinta a la actual, organizada entonces en solo cuatro grupos. Aquel Linares logró salvar la categoría en la promoción de descenso, y el joven Peiró comenzaba a hacerse un hueco entre los mayores mientras alternaba con el juvenil. Pero el momento que marcaría su vida —y la historia del club— llegaría poco después.
El día que Linares tocó el cielo
El 27 de mayo de 1973, en Almendralejo, el Linares se jugaba el ascenso a Segunda División frente al Extremadura. Más de 3.000 aficionados azulillos acompañaron al equipo dirigido por Carlos Galbis en un desplazamiento histórico.
El partido terminó 0-0. Un resultado suficiente para lograr el salto a la categoría de plata del fútbol español por primera vez. Aquella tarde quedó grabada para siempre en la memoria colectiva del linarensismo.
El Linares formó con: Trigueros; Antoñete, Varela, Correte, Taito, Tarriño, Castillo, José Luis, Tolo Plaza, Torres y Emiliano. Y entre aquella expedición iba también el defensa Peiró, testigo privilegiado de una gesta irrepetible.
El encuentro tuvo tintes dramáticos. Se rumoreaba que el Cartagena había incentivado al Extremadura para ganar el partido. Lejos de rendirse, el conjunto local vendió cara su piel, tal y como reflejó la crónica de Eugenio Gragera en el diario HOY: “¡Qué lástima que no hubiera actuado así durante toda la Liga!”.
Los últimos minutos fueron angustiosos. La hinchada visitante contenía la respiración en cada jugada, temiendo que el sueño se escapara en el último suspiro. Pero el pitido final desató la locura: invasión de campo, abrazos, lágrimas y un Linares que, por fin, tocaba el cielo.


Una carrera marcada por la pasión… y la desgracia
Peiró se consolidó en el primer equipo en Segunda División, aunque su carrera le llevaría después a otros destinos. Militó durante dos temporadas en el Motril y posteriormente en el Extremadura.
Fue allí, en el viejo El Arcángel, en un partido frente al Córdoba, donde su trayectoria dio un giro cruel. Una gravísima lesión le obligó a retirarse prematuramente, dejando la sensación de que el fútbol le debía algo más.
Tuvo incluso la oportunidad de fichar por el Valencia y llegó a firmar con el Real Jaén, aunque no debutó al marcharse antes del inicio de la temporada.
Tras colgar las botas, rehízo su vida en la localidad pacense, donde formó se casó con una almendralejense y se incorporó al negocio familiar hasta su jubilación. Colaborado como comentarista en distintos medios de comunicación de la zona, como Onda Cero y la Cope.
Un linarense por los cuatro costados
Aunque lleva prácticamente toda una vida en tierras extremeñas —donde han nacido sus hijos y sus nietos—, Joaquín Peiró lo tiene claro: se siente linarense por los cuatro costados.
Ama Almendralejo, reconoce que forma parte de su existencia, pero no puede evitar echar «muchísimo de menos su Linares». Su vínculo con el club azulillo sigue intacto. La última vez que pisó el césped de Linarejos fue en un homenaje a los héroes del ascenso, y aún se le ilumina la voz al recordarlo: «Es un estadio mágico, que huele a fútbol de verdad, donde la afición empuja de lo lindo. Siempre ha sido un campo muy difícil para los rivales», rememora.
Ese sentimiento se refleja también en su colección de camisetas del Linares. No le falta ni una. Las guarda como auténticos tesoros. Hace apenas unos días regaló una a uno de sus nietos por su cumpleaños, como quien transmite un legado.

Memoria, compañeros y un corazón dividido
El pasado 18 de abril volvió a reencontrarse con antiguos compañeros en la jornada de convivencia de veteranos. Allí compartió recuerdos con nombres como Juan Carlos, Ocaña, Ángel Bautista, Anquela, Natalio Diosdado, Israel Polo, Manolo Guerrero o Pedrito. Historias de vestuario, de viajes interminables y de partidos que aún laten.
Y ahora, el destino le plantea un nuevo guiño. Este domingo, el Extremadura puede ascender a Primera Federación… en Linarejos. Justo al contrario de lo que ocurrió en 1973.
Peiró advierte: «Será un partido complicado». Cree que el equipo de David Rocha sufrirá y necesitará máxima concentración durante los 90 minutos. Porque Linarejos, insiste, es especial. Un estadio que se crece en las grandes citas. Sobre sus preferencias, guarda silencio. No quiere elegir. Porque hay partidos que no se juegan solo en el campo. También se juegan en el corazón.
Fotos: Cedidas
Te puede interesar: