Existen noches que una ciudad conserva para siempre. La de este domingo ya forma parte de esa memoria compartida. España conquistó el segundo Mundial de su historia al derrotar a Argentina (1-0) y Linares respondió como solo lo hacen las grandes ocasiones: con miles de personas en la calle, abrazos entre desconocidos, lágrimas de felicidad y una celebración que fue creciendo desde el Paseo de Linarejos hasta la fuente de El Minero, pasando por el barrio de Las Américas para terminar con la multitudinaria cita organizada en la Estación Linares-Baeza.
Bastó el pitido final en el MetLife Stadium de East Rutherford (Nueva Jersey) para que miles de gargantas estallaran al unísono. El tanto de Ferrán Torres desató la locura de una ciudad que se transformó en una inmensa celebración de banderas, abrazos, lágrimas y alegría compartida.
La noche comenzó mucho antes del inicio del encuentro. Desde primeras horas, decenas de familias, grupos de amigos y aficionados fueron ocupando los distintos puntos habilitados para seguir una final que había conseguido paralizar al país. El ambiente crecía con el paso de los minutos. Las camisetas de la selección se mezclaban con las del Linares, los niños corrían con pequeñas banderas entre las manos y los más veteranos recordaban aquella primera estrella conquistada años atrás, convencidos de que estaban a punto de vivir otra página histórica.



Uno de los principales focos de la celebración volvió a ser el Paseo de Linarejos, donde se instaló una pantalla gigante para que cientos de personas pudieran seguir el partido en directo. Cada ocasión de peligro se recibía con un grito contenido; cada parada, con un aplauso cerrado; cada recuperación de balón, con la sensación de que el sueño estaba un poco más cerca. Durante noventa minutos, el recinto se convirtió en un estadio improvisado donde apenas hubo un segundo de silencio.
La pasión por la final también se vivió con enorme intensidad en la Estación Linares-Baeza. La Entidad Local Autónoma organizó una multitudinaria retransmisión en la pista polideportiva, convertida por una noche en el gran punto de encuentro de los vecinos. La pantalla gigante instalada para la ocasión reunió a familias enteras, peñas, jóvenes y mayores que compartieron una velada cargada de emoción.
Muchos acudieron varias horas antes para asegurarse un buen sitio. Se desplegaron banderas, sonaron cánticos y el ambiente fue creciendo conforme se acercaba el comienzo del partido. Durante el encuentro apenas se apartó la vista de la pantalla. Los nervios se palpaban en cada ataque de Argentina y las ocasiones de España se celebraban como si el gol fuera inminente. Cuando llegó el pitido final, la pista polideportiva estalló en una explosión de felicidad. Los abrazos, las fotografías para inmortalizar el momento y los cánticos de «¡Yo soy español!» pusieron la banda sonora a una noche que los vecinos de la Estación difícilmente olvidarán.
En el Paseo de Linarejos tampoco faltaron las autoridades municipales. Entre los aficionados se encontraba la alcaldesa de Linares, Auxi del Olmo, acompañada por varios miembros del equipo de Gobierno y de la Corporación. La regidora vivió el partido como una aficionada más, sufriendo cada acercamiento del conjunto argentino y celebrando con la misma intensidad que el resto de asistentes el histórico triunfo de la selección española.



El instante que todos esperaban llegó con el pitido final. Apenas unos segundos después, la celebración comenzó a desplazarse hacia la fuente de El Minero, en la Avenida de Andalucía, convertida desde hace años en el lugar de referencia para festejar los grandes éxitos deportivos del Linares. Allí confluyeron cientos y cientos de personas envueltas en rojigualdas que coreaban el nombre de España mientras las bocinas de los coches se sumaban a una fiesta completamente espontánea.
La imagen recordaba inevitablemente a las grandes noches vividas por el Linares. La fuente volvió a convertirse en el epicentro de la felicidad colectiva, con jóvenes subidos al monumento, familias enteras inmortalizando el momento y generaciones distintas celebrando juntas una victoria que quedará grabada en la memoria de todos.
La celebración se extendió rápidamente por toda la ciudad. Improvisadas caravanas de vehículos recorrieron las principales avenidas haciendo sonar sin descanso los cláxones. Desde las ventanillas ondeaban banderas nacionales mientras los gritos de «¡España, campeona del mundo!» se repetían una y otra vez. En barrios como Las Américas también hubo concentraciones de vecinos que siguieron el encuentro juntos y salieron después a compartir la alegría de un triunfo que sintieron como propio.
España vuelve así a tocar el cielo del fútbol mundial y añade una segunda estrella a su escudo, el símbolo de una generación capaz de escribir otra página imborrable en la historia del deporte. Y Linares respondió como lo hace en las grandes ocasiones: llenando sus calles de emoción, demostrando que el fútbol sigue siendo mucho más que un deporte y confirmando que, cuando la selección gana, el corazón de la ciudad minera también late con más fuerza.